Decenas de personas se congregan dentro de un estanque esperando ser sumergidos en una especie de bautizo, desean curarse de sus enfermedades. El ritual incluye una zambullida no en agua, en lodo, en el charquito, como es conocido el depósito que se encuentra a los pies de un árbol milagroso. Es el santuario del Niño Fidencio en el municipio de Espinazo en Nuevo León, al norte de México, un punto en el mapa marcado por la fe.    

Su nombre verdadero fue José Fidencio de Jesús Sintora Costatino y nació en Guanajuato en 1898, fue el número 14 de 25 hermanos, y aunque no se le reconoce como un santo, es venerado y visto como tal por miles, posiblemente millones de creyentes en el norte de México y en el sur de Estados Unidos. El Niño Fidencio fue un curandero popular en la década de los 20 y según cuenta su leyenda, hasta el presidente de México Plutarco Elías Calles lo visitó para que lo ayudara con sus dolencias. Pasó de una infancia en el pueblo con su familia adoptiva, a una adolescencia entre otros estados mexicanos durante la Revolución Mexicana; para regresar a su tierra y dedicarse a curar a la gente, a sus fieles seguidores.

Panorámica del charquito, el santurario de Fidencio. |Fotografía: Rodrigo Ramos

Panorámica del charquito, el santurario de Fidencio. |Fotografía: Rodrigo Ramos

“El Niño Fidencio, personaje que funde la tradición, la historia y la fe de los mexicanos: Juan Farré”

La fama de Fidencio sobre sus curaciones partían desde operaciones sin anestesia pero sin dolor para los pacientes, rituales en lugares sagrados, hasta no cobrar por sus trabajos curativos. El poblado de Espinazo donde vivía Fidencio, apenas y lograba conformarse por 25 viviendas, pero con la fama del curandero milagroso, llegaron a crearse colonias de pacientes, sección de enfermos mentales, sección de enfermos de lepra y hasta sección de maternidad dentro de un gran campamento de fieles creyentes, todos asentados en tiendas de campaña en los alrededores.

La vida de Fidencio fue corta. Las oraciones, las técnicas y la dedicación que dicen tenía por sus seguidores, poco a poco le cobraron factura a su salud. Se dice que durante sus últimos años, los pasó flaco y enfermo, y murió el 19 de octubre de 1938, dos días después de cumplir 40 años por una aguda cirrosis. Fue enterrado en su casa que hoy un templo usado por docenas de médiums o cajitas para hacer curaciones en su nombre.

En 1980 se produjo el documental el “Niño Fidencio,  taumaturgo de Espinazo”, de Juan Farré, quien se vio atraído por la historia y realizó un largo trabajo de investigación. “El Niño Fidencio es un personaje muy arraigado a nuestra cultura que da cuenta de los fenómenos religiosos que se han tejido en nuestra nación desde principios del siglo XX y que hasta la fecha continúan ganando adeptos”.   

¿Cómo entender esta fe? “Estamos hablando de tiempos pos revolucionarios, cuando se estaba librando la guerra cristera y la gente tenía una gran necesidad de creer en milagros. Hoy es muy interesante observar cómo diferentes grupos se autodenominan fidencistas aun cuando sigan otras religiones”.    

Más de veinte años después, en noviembre del 2011 se estrenó una serie mexicana llamada “Niño Santo” basada en la historia de Fidencio. Por otra parte, en el historial del escritor Felipe Montes, se encuentra en su obra al Niño Fidencio, “El Evangelio del Niño Fidencio”, donde se plasma una visión mítico-fantástica de la vida de este personaje. Incluso Quentin Tarantino hace mención de él en la película “Death Proof o A prueba de muerte”. Es más, existe una estación de radio online con su nombre.

Cada año en el mes de octubre miles de fieles visitan este charquito con la esperanza de ser curados. Se cree que Fidencio sigue vivo en alma, por lo que es invocado a entrar en una persona viva para curar a través de ella, a esta persona se le denomina Materia o Cajita, ya que sirve de receptor del espíritu del Niño Fidencio. Ya en trance, la Materia, zambulle a los fieles en el charquito o los sube en un columpio para curarlos, también van al cerrito, una loma a unos kilómetros del pueblo donde también se hacen curaciones a través de tocamientos.

La celebración al Niño Fidencio es una fiesta a la fe y a la esperanza. Para ir, lo que uno debe hacer antes es despojarse de prejuicios y entender la mecánica de las creencias de una parte del norte de México, pero una fe que se vive en todo el territorio mexicano.

 

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Sobre el autor

Fotoperiodista mexicano. Lic. Comunicación en la Universidad Iberoamericana de la Ciudad de México, egresado de la Escuela Activa de Fotografía y con un Máster en la Escuela de Fotografía BlankPaper en Madrid. Fue seleccionado en la IV Bienal de Fotoperiodismo del año 2000. Vive y trabaja en México

1 comentario

  1. Jaime González el

    Además de fe y esperanza, el Niño Fidencio da a los fieles la paz espiritual que hace recuperar las fuerzas para seguir su camino por esta vida. Ávidos de significado existencial o fieles a una tradición, los visitantes no regresan siendo las mismas personas de este lugar a casa. Muy buen relato¡ Saludos…

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