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Josefina De la Torre “Archivo de fotografía histórica de Canarias. Cabildo de Gran Canaria. Fedac
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Josefina De la Torre, una nómada dedicada al arte

En los albores del siglo XX. Ser mujer en una sociedad eminentemente liderada por hombres. Convertir la pasión en un oficio. Entender el arte como la ilusión que alimenta tus días; el motor por el que latir. Diluir los prejuicios. Ser nómada, pero sin dejar la raíz isleña, sin olvidar el mar. Ésta es la historia de “la muchacha-isla”, como la apodó cariñosamente Pedro Salinas: Josefina de la Torre, una nómada dedicada al arte.  

Cada 21 de febrero se celebra el Día de las Letras Canarias. Ha sido la poeta canaria Josefina de la Torre, a quien se rindió homenaje en la edición 2020. Un reconocimiento a una mujer que es considerada como uno de los miembros de la Generación del 27, un grupo de escritores y poetas españoles del siglo xx, y también una de Las Sinsombrero, mujeres artistas españolas nacidas entre 1898 y 1914. 

De hecho fue una de las dos mujeres, junto con Ernestina Champourcín, que Gerardo Diego incluyó en la Antología de Poesía Española (1934). 

Josefina de la Torre: La niña y la isla 

Josefina De la Torre - Viaje con Escalas
Josefina De la Torre.
Foto: Archivo de fotografía histórica de Canarias. Cabildo de Gran Canaria. Fedac

El destino quiso que aquel año de 1907, naciera una niña de cabellos dorados de sol y ojos azules de mar. Lo hizo en Las Palmas de Gran Canaria, en el seno de una familia relativamente bien acomodada en donde el arte y la cultura eran casi insignias. 

Sobrina de dos dramaturgos de referencia para Canarias, los hermanos Millares; nieta del historiador Agustín Millares. Por supuesto, hermana del también escritor, Claudio de la Torre, galardonado con el Premio Nacional de Literatura en 1924.

Su infancia y parte de su juventud estuvo ligada a Gran Canaria. Los paisajes y las vivencias que la isla le proveyó se reflejan en sus primeros poemarios: Versos y Estampas (1927) y, posteriormente, Poemas de la isla (1930). 

De sus primeros trabajos poéticos se desprende sensibilidad, luz y el toque preciso de ingenuidad. Tres elementos que se equilibran a través de versos bien hilados y su capacidad para mimetizar su propia esencia en los recursos naturales estereotípicamente asociados al isleño: el mar, el sol, la playa…

Pedro Salinas supo captar esa idea y así lo plasmó en el prólogo que escribió para el primer poemario de la canaria, Versos y estampas:

“(…) Y ahora estaba sola, perdida en la noche entre alto cielo, hondo mar, apoyada en las alas anchas, mientras que en cien lugares del mundo la esperan con la ventana abierta y la pluma preparada, tantos y tantas con el corazón anhelante. Sola en el mar, desconocido (…)”  

Y sin duda, Josefina de la Torre tuvo un aliado que surgió de su núcleo familiar más cercano. 

Hermano y mentor, Claudio de la Torre

Josefina De la Torre  - Viaje con Escalas
Josefina De la Torre.
Foto: Archivo de fotografía histórica de Canarias. Cabildo de Gran Canaria. Fedac

La mano que le guiaría en sus primeros coqueteos con las letras fue la de su hermano Claudio de la Torre. Con él conocería desde muy joven a los escritores canarios modernistas: Tomás Morales, Saulo Torón o Alonso Quesada. También sería quien la introduciría en un Madrid bohemio de poesía, música y esperanza. Lorca, Alberti, Salinas se convirtieron en sus amigos, pero en 1936 la Guerra Civil rompería todo.

Unos años antes de que estallara esa guerra fratricida Francia la acogería. Allí profundizaría en su faceta dramática y estaría, nuevamente, acompañada por su hermano. Trabajan juntos en los estudios Paramount y coincidiría con Luis Buñuel, con el que supuestamente Josefina De la Torre tuvo algo más que una amistad.

Fue la época en la que pondría voz al doblaje al español de Marlene Dietrich.  

Regresó a Madrid y luego a la isla acompañada por él. Allí escribieron para  ganarse el sustento durante el conflicto bélico y surgió la colección La novela ideal (1938-1943). Josefina contribuyó con algunas historias cortas de temática amorosa. Durante esta etapa adoptó un seudónimo para firmar sus trabajos: Laura de Comminges. 

Josefina de la Torre: Entre la interpretación y la literatura

En la década de los 40, Madrid se convertiría en su residencia definitiva. Allí desarrollaría su carrera como actriz. En La blanca paloma (1942) dirigida por su hermano, asumiría el papel principal. El Teatro Nacional María Guerrero contaría con ella como primera actriz y la Orquesta Sinfónica de Madrid también disfrutaría de su talento musical. Además participará en el Teatro Invisible de RNE e incluso funda su propia compañía de comedias.

A pesar de que la interpretación fue quizás su rama más prolífica, nunca se olvidó de la literatura. 

En 1954 escribió dos novelas Memorias de una estrella y En el umbral. Posteriormente, dos  poemarios mucho más rompedores en comparación con los primeros: Marzo incompleto (1968) y Medida del tiempo(1989). Trabajos donde se aprecia su madurez poética, la profundidad de las heridas que dejan el tiempo y el deseo de abordar temas mucho más existenciales. 

Su mirada comenzó a apagarse en los 80’ cuando perdió a su gran amor, el también actor, Ramón Corroto. Esto provocó su aislamiento voluntario y tal vez fue uno de los motivos para que la sociedad la olvidara tan abruptamente. Josefina murió en 2002 en su casa de Madrid, lejos del mar. Sin embargo, el mar estaba atrapado en el azul de sus iris. Nunca dejó de ser aquella muchacha-isla. 

“Josefina tras la ventana”, es el primer libro de Laura Medina Alemán en donde profundiza en la vida de la propia Josefina De la Torre”.

Josefina de la Torre, Laura Medina Alemán
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Libros y reseñasViajeros

Nació en las Islas Canarias, España. Sus estudios se concentran en el periodismo y el turismo en un viaje constante a través de la literatura, la música, la fotografía y las terminales de aeropuertos.

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