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Tras las huellas de Don Juan Tenorio en Sevilla

“Dice el rumor popular, que en este lugar del barrio, antigua Calle del Chorro, nació un Hidalgo sin nadie que le aventajase en juego, en lid o en amores. Que tocado por la gracia del amor murió y se redimió en Sevilla por Doña Inés y que la pluma de Don José Zorrilla, haciendo eco de la leyenda, dio vida en la universal obra de Don Juan Tenorio”. Placa de cerámica en la Calle Justino de Neve.

Don Juan Tenorio es un drama romántico, cuya historia se desarrolla en la ciudad de Sevilla. Fue escrito por el poeta José Zorrilla en 1844 y, paralelo a El burlador de Sevilla y convidado de piedra, escrito en 1630, por Tirso de Molina, constituyen la base literaria que dio rienda suelta al mito del don Juan.

¿Quién es Don Juan Tenorio? 

Tras las huellas de Don Juan Tenorio en Sevilla |Fotografía: Diego Sánchez

Pese a que es un personaje de ficción, según la creencia popular, don Juan Tenorio está inspirado en un personaje sevillano llamado Miguel de Mañara. Así lo cuenta José Luis Jiménez, quien hoy atiende la Hostería El Laurel, donde se desarrolla la historia: “Miguel de Mañara era un mujeriego, un calavera con mucho dinero y un día entrando aquí, se peleó con la policía (los carabineros), entonces se pegó un porrazo y quedó inconsciente. Cuando se despertó, se hizo bueno, entonces creó el Hospital de la Caridad y donó toda la fortuna que tenía a varios hospitales”. Esta transición, de maldad al arrepentimiento, podría ser entonces la inspiración para la escritura de la obra. Sin embargo, le ha dado a Mañara una fama errónea de seductor, que es propia del Tenorio. En los versos de Antonio Machado, así se observa: “Ni un seductor Mañara ni un Bradomín he sido, ya conocéis mi torpe aliño indumentario” (de la obra Campos de Castilla).

Es por causa de este símil popular que muchas de las rutas diseñadas para los turistas que quieren conocer la Sevilla del Tenorio, inician en el Hospital de la Caridad, en cuyos jardines se observa la estatua de Miguel de Mañara, creada por Antonio Susillo en el año de 1902, en la que se ve su figura de caballero, con su espada colgando, mientras carga a un desvalido. Su vestuario y porte orgulloso, generan esa sensación de haber sido el punto de partida para la invención del personaje de don Juan.

José Zorrilla, el escritor de la obra, se caracterizó por buscar en sus versos un poco de ese cariño que su padre le negó y cuyo talento nunca aceptó. Como él mismo lo expresa: “Mi padre no había estimado en nada mis versos: ni mi conducta, cuya clave él sólo tenía” (Recuerdos del tiempo viejo). Por lo anterior, en muchas de sus obras expresa esa relación fallida entre el protagonista y su padre, en el caso de don Juan Tenorio, la mala relación del protagonista con su padre, quien termina por desheredarlo.

Pese a ser de Valladolid, Zorrilla escribe don Juan Tenorio mientras se encontraba en Sevilla, en el año de 1844.  Para Sevilla había sido un siglo cargado de males, como la epidemia de fiebre amarilla que acabó con un tercio de la población de la época. Además, fue el periodo del reinado de Isabel II, tiempo en el que la clase burguesa inició un proceso de cambio en la ciudad, que trajo consigo nuevas construcciones, se completó el alumbrado y se pavimentaron casi todas las calles. Estas vías, combinadas con el ferrocarril, generaron gran expansión en Sevilla. Razón por la cual la obra se convierte, además, en el recuerdo de esa Sevilla anterior a la expansión.

Inspiración burlesca

Don juan tenorio Diego Sanchez

Antes del siglo XIX las huertas, que hoy forman parte del cementerio San Fernando, fueron usadas intermitentemente como fosas comunes en épocas de epidemias, lo que generó, pese a las condiciones adversas del terreno, que allí se construyera.|Fotografía: Diego Sánchez

Es de destacar que no se puede hablar del mito del don Juan sin antes interesarse por “El burlador de Sevilla” y convidado de piedra, obra que por primera vez recoge este mito. Su autoría se le atribuye a Tirso de Molina en 1630, pese a ello, aún permanece la polémica, pues por cuestiones de forma y estilo, se cree que pudo haber sido escrita por otros autores, como Andrés de Claramonte.

“El burlado” es la historia de un noble español llamado don Juan Tenorio, del que José Zorrilla toma el nombre para su protagonista y el de muchos de sus personajes como don Gonzalo y doña Ana. Sin embargo en “El burlador” se narran muchas más aventuras, más mujeres pasan por su vida y la conclusión ante el arrepentimiento es contraria al final que propone Zorrilla, quizás por las condiciones religiosas que dictaminaban una época y la otra.

La obra fue una  dedicatoria  a los caballeros, que por esos años solían profanar la honra de las mujeres en España, especialmente en Sevilla.

Por la época de su escritura, se cree que puede ser una respuesta a Juan Calvino, quien promulgaba una salvación que ya había sido determinada por Dios, y como muchas de las obras de la época, de constitución moralista, El burlador trae consigo un mensaje de justicia divina: “no hay plazo que no se cumpla, ni deuda que no se pague”, pero confiando en la posibilidad de arrepentimiento y el perdón, “que largo me lo fiáis”.

Libertinaje y escándalo

Tras las huellas de Don Juan Tenorio en Sevilla |Fotografía: Diego Sánchez

La historia escrita por Zorrilla comienza una noche del año 1545, en Sevilla, durante el carnaval. El primero en llegar a la Hostería el Laurel es don Juan Tenorio, que permanece oculto tras su antifaz, y quien es acompañado por Ciutti, que aparece como su criado. Ese mismo día se cumple el año pactado por don Luis Mejía y don Juan Tenorio para ver quién, tras pasar este periodo de tiempo, había hecho más maldad y conquistado más fortuna.

Buttarelli, hombre que atendía la hostería, espera la llegada de los dos apostadores y para ellos reserva una mesa, mientras a su alrededor comienza a atender a los personajes que allí llegan. Entre ellos el comendador de Calatrava, Don Gonzalo de Ulloa, padre de Doña Inés y quien prefería ver muerta a su hija, antes que con don Juan. A su vez, y al lado contrario a la mesa de la apuesta, se sentó también, oculto, el padre de don Juan, don Diego Tenorio, quien esperaba para tener noticias de su hijo.

Tras la llegada de algunos otros apostadores y curiosos, se cumplen las ocho de la noche, aparecen en la mesa don Juan Tenorio y don Luis Mejía para hablar de sus fortunas y maldades. Al tener cifras similares, debieron acudir a los amores y batallas, en las que don Juan aventajaba. Por último, y al verse perdido, don Luis Mejía lanza un último reto, del cual insinúa don Juan, le quitará a doña Ana de Pantoja, con quien don Luis está a punto de casarse.

Tras cerrar la apuesta, don Juan es enfrentado por don Gonzalo, diciéndole que nunca podrá aspirar a su hija, y posteriormente por su padre quien había concretado ya matrimonio de don Juan. Al salir del lugar, Luis Mejía y Juan Tenorio son apresados por la policía, permaneciendo firmes en su apuesta.

La Hostería El Laurel, donde se desarrolla este primer acto, fue el lugar que sirvió de inspiración para que José Zorrilla escribiera la obra completa en el siglo XIX. La hostería, que aún conserva su nombre, se encuentra ubicada en el centro de Sevilla, frente a la Plaza de los Venerables, a 550 metros de la Catedral de la ciudad.

Es un lugar tranquilo, por el que no transitan vehículos y el único ruido que se percibe es el de algunos transeúntes que llegan de paso al lugar para tomar o comer algo y seguir su camino. Al entrar, una pared con figuras de caballeros y un par de espadas colgadas a su lado dan el primer indicio de que se está en un espacio con carácter histórico.

Ya no se encuentra Buttarelli, hoy atiende el lugar José Luis Jiménez, un hombre de edad, que tiene conocimiento de detalles bastante peculiares de la hostería y su historia. Cuenta, por ejemplo, que José Zorrilla tenía un pequeño ratón blanco, al que le daba comida y se la pasaba merodeando de un lado a otro. La prueba de que esta historia es verídica pasa casi desapercibida por los ojos de los clientes, que entran a comer o beber algo, sin percatarse que bajo la ventana, junto a una de las puertas, se encuentra la casa del Ratón Pepe de Zorrilla, que fue engalanada con las letras de su nombre, en cerámica.

Cuenta además que el lugar, desde hace 200 años, ha cambiado mucho, por lo que es difícil saber puntos concretos donde se podría haber desarrollado la escena de la apuesta, sin embargo, asegura que de toda la construcción, la zona de las mesas, junto a la puerta principal, es la más antigua y posiblemente, el lugar donde el autor se imaginó aquella escena inicial.

Adentrándose un poco más en el recinto, se pueden ver los cuadros de José Lemus, que en concordancia con las imágenes de la barra, dan fe de los siete actos en los que se desarrolla la obra. Se cuenta que un mexicano muy adinerado quiso alguna vez comprar una copia de esa obra, pero exigía que fuera la misma, su autor prefirió regresar el dinero, pues aseguraba que podía rehacerla, posiblemente mejor o peor, pero nunca igual, por lo que esta obra, hecha de arcilla y serrín, es única.

Unos pasos más, tras dejar la zona iluminada, se observa una habitación vacía, en cuya entrada hay una telón de color vino tinto, con letras doradas, que dice:”¿La Hostería El Laurel? ¡En ella estáis Caballero!”. Uno de los primeros diálogos de la obra, entre Buttarelli y don Juan. Se enciende la luz y se descubre, a su paso, un lugar decorado con espadas del siglo XIX, calentadores de cama de la misma época y una serie de fotos que muestran las obras de teatro que allí se han desarrollado, y en ellas, los actos que continúan…

La destreza de Don Juan Tenorio 

Don Juan Tenorio, el drama religioso-fantástico-romántico publicado en 1844 por José Zorrilla, junto con El burlador de Sevilla y convidado de piedra, atribuida a Tirso de Molina. |Fotografías: Diego Sánchez

Aparece entonces don Luis, tras librarse de prisión, en las rejas contiguas a la casa de doña Ana, por quien teme, pues sabe de la habilidad de don Juan. Con la ayuda de Pascual, criado de doña Ana, decide quedarse en su habitación para cuidarla, pero debe esperar que sus jefes se vayan a dormir.

Don Luis, que se ve enamorado, no soporta más su situación y llama a la ventana a doña Ana de Pantoja, su futura esposa, advirtiéndole del peligro.  Ella le dice que le tenga confianza, que no hay de qué preocuparse. Acto seguido doña Ana entrega sus llaves y se dispone a su habitación, momento que aprovecha don Juan para interceptarlo y retarlo a un duelo.

Mientras se preparaba para el enfrentamiento, Ciutti lo toma por la espalda con su espada, logrando su rendición y lo lleva para aprisionarlo en la bodega.

Don Juan es encontrado por Brígida, la beata, quien le da noticias de doña Inés. Le dice que su amada lo espera y que ha leído las cartas que anteriormente le ha enviado. Al regresar Ciutti, y con las dos llaves en su poder, se dispone para ir, a las nueve, donde doña Inés y a las diez regresar donde doña Ana.

Todo este acto se desarrolla en inmediaciones de la casa de doña Ana de Pantoja, que se presume, según las rutas de opera que se hacen sobre la obra, está ubicada en la Plaza de la Alianza. Una zona peatonal en la que se destacan la gran movilización turística y con ella, algunas tiendas de objetos típicos de Sevilla, restaurantes y hoteles.

Catorce años antes a la publicación del libro la plaza adoptó el nombre de Plaza de la Alianza, antes había sido llamada Consuelo (siglo XV) y Pozo Seco (siglo XVI).

Hoy tiene una fuente central,  vigilada por la mirada de Cristo, plasmado en un mural que resalta por su tono azulado, y la Giralda, que por su cercanía, se observa imponente, desde la plaza. Es un ambiente que permite imaginar a don Juan Tenorio y Ciutti, dispuestos para dirigirse  hacia donde doña Inés, mientras la obra continúa…

Profanación

Tras las huellas de Don Juan Tenorio en Sevilla |Fotografía: Diego Sánchez

En su celda, doña Inés, quien nunca ha salido del convento, habla con la abadesa, quien describe cuánto la envidia por no haber salido y, por tal motivo, no tener tentaciones. Generalmente esas palabras la animaban, pero en ese momento, extrañamente, no lo hicieron.

Al salir la abadesa, entra Brígida y le entrega un libro en el que se encuentra una carta de don Juan, pero ella, por temor, prefiere no leerla y niega su amor por él. De repente y mientras Brígida insinúa que don Juan puede llegar hasta el lugar, se escuchan pasos en la escalera y él aparece. Doña Inés al verlo se desmaya, cayendo en sus brazos y soltando la carta. Acto seguido don Juan escapa con ella por la ventana.

Fuera de la celda, la abadesa se pregunta por su paradero, pues no la ha visto. Mientras que en la puerta don Gonzalo exige su presencia  para hablarle  del peligro de don Juan; la abadesa envía a buscarla inmediatamente.

En la habitación su padre encuentra la carta, deshonrado y tras la noticia de que un hombre ha saltado por la tapia de la huerta, sale en su búsqueda.

El convento del que se habla  está ubicado en Calatrava, lugar de donde don Gonzalo era comendador y que hoy es una pequeña calle de Sevilla. De un claustro real en el siglo XIX, en el que Zorrilla se haya inspirado, no se tiene referente, pese a que cerca de la calle se encuentran una serie de conventos, que podrían haber servido como punto de partida.

Destaca el nombre de donde era comendador don Gonzalo. Calatrava es una orden militar y religiosa, fundada en el reino de Castilla en el siglo XII para la protección de la villa que lleva su nombre. De esta orden, los comendadores eran de un rango muy elevado en el ámbito social. Además genera interés que en diferentes obras gráficas, en las que se representa a doña Inés, va siempre vestida con una túnica que lleva la Cruz de Calatrava, emblema de la orden, que resalta por su color rojizo.

Al igual que la mayor parte de la obra, la casa de don Gonzalo también está ubicada en el barrio Santa Cruz, en la Plaza Elvira. Para dar constancia de la constitución de este personaje y cómo se conserva desde la teatralidad de la literatura para ser llevada a un lugar real, en la plaza se encuentra una pequeña cerámica en la que se lee: “Dice la tradición que en este lugar, antiguo corral de comedias de doña Elvira, tuvo su sede la casa solariega del comendador de Calatrava, don Gonzalo de Ulloa, padre de doña Inés y que la pluma de don José Zorrilla, haciéndose eco de la leyenda, dio vida a la universal obra de Don Juan Tenorio”, que continúa…

El diablo a las puertas del cielo

Tras las huellas de Don Juan Tenorio en Sevilla |Fotografía: Diego Sánchez

Aparecen Ciutti y Brígida hablando en el balcón, mientras que doña Inés recién se despierta de su desmayo. En ese momento Brígida le cuenta una historia, en la que hubo un incendio y don Juan Tenorio la salva, huyendo por la ventana. Ella se rehúsa a estar en casa de don Juan, a lo que Brígida refuta, diciéndole que el Tenorio ha hablado con su padre y tiene autorización para estarlo.

Llega don Juan a su casa, ubicada cerca al Guadalquivir y se dispone para hablar con doña Inés. Le confiesa su amor y logra que ella confiese el suyo, pero al momento se acerca una barca, es un enmascarado que exige entrevistarse con don Juan Tenorio, él accede. Al entrar resulta ser don Luis Mejía con la intención de batirse a muerte por lo ocurrido con doña Ana.

El duelo estaba por iniciar, cuando llega don Gonzalo para reclamar a su hija, entonces Luis Mejía se le une, ambos batallan, pero son derrotados y asesinados por don Juan. Ciutti, al darse cuenta que el comendador venía con la guardia, le pide al Tenorio que salte por el balcón y huya, de lo contrario sería asesinado. Sin más remedio, don Juan salta al río y se va en una barca, mientras los soldados exigen venganza y su enamorada grita, “pero no contra don Juan”.

Las diferentes casas en las que don Juan Tenorio habitó en la obra son desconocidas, su casa pudo estar inspirada en cualquiera que fuera contigua al río Guadalquivir. La tradición popular habla de una en particular, ubicada en la plaza de San Leandro, más exactamente en su convento, pues allí en el siglo XIV vivió la familia Tenorio, entre la que se encontraba un Juan. Claro que no coincide con el paso del río por el lugar.

Pese a esto, el don Juan tiene su propio espacio en Sevilla, en la Plaza de los Refinadores, un lugar escondido, que pasa casi inadvertido para las personas en época diferente a octubre y noviembre. Son estos meses en los que de don Juan se vuelve a tener noticia, cuando las obras de teatro abundan por la celebración de su mito.

Allí se ve su estatua en la plaza, ante la mirada de uno que otro personaje que por allí transita y algunos lectores que encuentran, en el silencio del lugar, un buen espacio para leer. Con posición erguida y la frente en alto, se encuentra don Juan, alardeando de su fama ante quienes lo ven  y en su base, como si de un reto aún se tratara, se leen las frases: “Aquí está don Juan Tenorio. Y no hay hombre para él” y “Búsquenle los reñidores; Cérquenle los jugadores; quien se precie que le ataje a ver si hay quien le aventaje en juego, en lid o en amores”, y así continúa…

La sombra de doña Inés

Tras las huellas de Don Juan Tenorio en Sevilla |Fotografía: Diego Sánchez

A partir de la década de 1870 los escenógrafos comienzan a eliminar el ambiente palatino de la segunda parte de la obra, para utilizar escenografías del cementerio San Fernando de Sevilla. Razón por la que muchos grupos de teatro, utilizan hoy la esta ambientación para el desarrollo de sus obras.|Fotografía: Diego Sánchez 

El escultor le cuenta que don Diego, tras morir, dijo que no tuvo un buen hijo, por eso dejaba su herencia a quien construyera, en su antiguo castillo, un panteón y allí enterrara a quienes su maldad generaron.

Atónito don Juan pregunta por doña Inés, a lo que el escultor responde que de amor murió, al esperar a don Juan y ver que nunca regresó.

Don Juan exige las llaves del lugar y se queda solo ante la tumba de doña Inés. De repente, tapa su rostro como si llorara, la estatua de su amada desaparece y en su lugar una sombra con su figura comienza a hablarle; él, creyéndose loco, la escucha. Doña Inés le dice que dio su alma a Dios para que él se salvara y que de no arrepentirse esa misma noche, ambos se condenarían. La sombra desaparece, pero su estatua nunca retorna.

Al final del acto, don Juan empieza a retar a duelo a todos los muertos pero solo aparecen, de entre las tumbas el Capitán Centella y Rafael de Avellaneda, participes del encuentro en la Hostería. El Tenorio los invita a su casa a comer, para contarles de su viaje, junto con don Gonzalo, a quien toca su tumba para invitarlo, siendo tildado de loco por los otros.

Los cementerios y panteones son lugares que en la teatralidad atrapan por los diferentes elementos ficticios que en ellos se describen. Al parecer la inspiración para este acto es tomada por Zorrilla de los diferentes panteones que antes las familias adineradas tenían, pues el cementerio San Fernando aparece en 1852, ocho años después de la aparición de la obra.  Hoy, este lugar sirve como escenario para que grupos teatrales, conmemoren allí el aniversario de la obra y realicen visitas guiadas por el lugar. Es el caso de Gestión Cultural, empresa dirigida por Oscar Hernández que ofrece un recorrido a la luz de pequeñas farolas que se encienden, mientra la noche va callendo. A su paso, los espectadores, observan como uno a uno, los diferentes personajes aparecen y desaparecen, aprovechando para ello las tumbas, los arboles y las paredes agrietadas. Otro cementerio que se le relaciona está ubicado al final de la calle Don Juan Tenorio, la ruta turística culmina allí, precisamente tratando de representar el final de la obra y del camino del Tenorio.

Plaza Nueva, antiguamente, era el lugar donde estaba el convento de San Francisco. Allí se encontraba el sepulcro de los Tenorio, la familia en la que se supone se basa la obra El burlador de Sevilla y convidado de piedra, y de donde el Tenorio de Zorrilla toma su nombre. También se habla de tumbas con el apellido Tenorio, encontradas donde hoy es la sede del Instituto Murillo, pero ninguna establece relación directa con el personaje.  Y tras dejar las tumbas…

 La estatua de don Gonzalo

Tras las huellas de Don Juan Tenorio en Sevilla |Fotografía: Diego Sánchez

Aparece entonces don Juan Tenorio comiendo con sus amigos Centella y Avellaneda, en una casa que ha adquirido a buen precio y por la que ha regresado. Mientras comen, se escucha alguien tocando la puerta, sale Ciutti, pero no ve a nadie. Don Juan cree que se trata de una broma de sus dos amigos.

Siguen tocando pero ya desde adentro, habiendo pasado la primera puerta, por lo que don Juan grita exaltado que, si es un fantasma, pase la puerta. Acto seguido, la estatua de don Gonzalo atraviesa la puerta, cayendo dormidos de la impresión el capital Centella y Rafael.

Don Gonzalo le dice que por qué se asusta, si había sido invitado. Posteriormente le dice que Dios le concedió ir sólo para expresarle que la mañana siguiente moriría, que asistiera a una cita con él y se arrepintiera, don Juan se dispone a dispararle pero su sombra desaparece.

Tras el susto, don Juan llama a doña Inés, quien juró estar siempre ahí, cuando la necesitara. Tras su llamado, ella aparece y le dice que asista a la cita. Centella y su compañero se despiertan creyendo que don Juan los había envenenado para dormir, por lo que discuten y terminan retándose a duelo.

Por tradición oral se cree que esto ocurre en la calle Génova,  hoy Avenida de la Constitución y es allí, frente a su casa, donde muere el Tenorio, a manos del capitán Centella.

Misericordia de Dios y apoteosis del amor

En este último acto aparece don Juan en el panteón de los Tenorio y frente a él, sobre la tumba de don Gonzalo, cenizas y llamas. Don Gonzalo toma su mano y le dice que ya su tiempo fue dado y la oportunidad perdida. De sus sepulturas, empiezan a salir todos los muertos, victimas del Tenorio, excepto la de doña Inés.

Le dicen que no aprovechó el perdón y que ya ha sido asesinado en su puerta por el Capitán. Don Juan se tiende arrodillado, pidiendo perdón al cielo, pero ya es demasiado tarde, todos lo toman para llevarlo consigo al infierno.

Finalmente, al escucharlo pedir perdón, su amada tiende la mano y mientras las demás almas caen al infierno, la de él sale y cae junto a doña Inés.

Y es así como su historia concluye y su mito aparece: “Desde la princesa altiva, a la que pesca en ruin barca, no hay hembra a quien no suscriba; y a cualquier empresa abarca. Si en oro o en valor estriba…”.

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Comunicador social, fotógrafo y periodista colombiano especializado en viajes. Para mí la imagen es una herramienta de análisis, que permite el auto descubrimiento, a través del registro del otro.

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