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El Penta Bar de Madrid
Historia

El Penta de Madrid, el bar donde suena la música de ayer

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Suenan las notas contundentes de un bajo, luego un rasgueo de guitarra acústica que evoluciona a un riff eléctrico muy limpio. ¡Preludio inconfundible! Ahí llega una voz suave que recita:

“Un día cualquiera no sabes qué horas es…”

Si se escucha esto y se está en Madrid pero ya no es de día, sino que está bien avanzada la noche, entonces no hace falta que se mire el reloj, porque seguramente pronto darán las 3.30 y echará la persiana el bar donde te encuentras: El Penta de Madrid.

El Penta de Madrid y el ritual de noche tras noche

La puerta del Penta Bar en Madrid |Fotos: El Penta

La última canción que suena en este bar es La Chica de Ayer de Nacha Pop. Ahora antes de las 3.30 a.m. pero los infinitos dj’s del local la han pinchado a horas muy variadas y más intempestivas. Al fin y al cabo estamos hablando de uno de los bares que plasman los avatares, modas, genialidades y problemas de la noche madrileña desde hace más de cuatro décadas.

Los orígenes de este antro nos trasladan ni más ni menos que hasta 1976. O sea que no hacía mucho que el dictador había muerto de viejo y en su cama. Todo en España tenía un tufillo a rancio y una atmósfera bastante gris, sin terminar de abandonar el blanco y negro. Pero se avistaban ciertos cambios.

Uno de ellos fue la descomposición del único sindicato que había legalizado el régimen de Franco, así que a muchos de sus trabajadores se les echó y se les indemnizó tras los servicios prestados. Entre esos despidos hubo tres mujeres que decidieron invertir su dinero en montar un bar.

Pero no un bar cualquiera, un bar de copas, un concepto desconocido hasta entonces en el país. Un tipo de garito en algún punto indeterminado entre una tasca para beber y una discoteca donde bailar.  Y entre cada trago y cada baile, poder escuchar música, charlar, ligar, fumar (sí, fumar y con el tiempo todo tipo de humos).

Para ubicar tal invento, estas mujeres pioneras y emprendedoras de los 70, eligieron una esquina del barrio Malasaña, entre la calle de la Palma y Corredera Baja de San Pablo, un rincón nada noctámbulo por aquel entonces. Sin embargo, la apertura de El Pentagrama, tal y como se llamó al principio, iba a ser el germen para que esta zona se transformara en el epicentro de las míticas noches de los 80 en Madrid. 

Más tarde abrieron sus puertas a escasa distancia locales como La Vía Láctea, el King Creole o Madrid Me Mata. Todo un parque de ocio nocturno cuyas atracciones eran el alcohol, las drogas, la música, el sexo, todo un laberinto de pasiones tal y como lo describió Pedro Almodóvar como gran cronista cinematográfico de la Movida Madrileña, y por lo tanto asiduo de muchos de estos bares.

Tal vez durante una de esas noches el director manchego vería la irreverente cresta de colores de Alaska, otra parroquiana del Penta. Y al verla decidió transformarla temporalmente en actriz para que actuara en su primera peli: Pepi, Luci, Bom y otras chicas del montón, que tan bien retrata el desfase del momento histórico.

Por fortuna para todos, Alaska abandonó la actuación y se dedicó a cantar Bailando, un himno que todavía hoy suena de manera recurrente en el bar.

Por estos bares también irían tomando sus fotos García Alix y Ouka Leele para captar momentos canallas, lisérgicos y hermosos. O Ceseppe buscaría inspiración para sus cuadros y sus sórdidas viñetas. Mientras Fernando Colomo recopilaba material para su primer largo y se topó con los Burning preguntándose ¿Qué hace una chica como tú en un sitio como este?

Por supuesto por allí deambulaba cualquiera que estuviera Enamorado de la moda juvenil. El Penta de Madrid era una auténtica Escuela de calor por la que podían aparecer los Mecano con una cinta TDK suplicando al pinchadiscos que pusiera esa maqueta a ver si gustaba y lograban colarse en la fiesta de la música pop española.

¡Y bien que lo lograron! No en vano por todos estos bares han pinchado los que hoy son los más cotizados críticos musicales de la actualidad.

Con una estética bien distinta, entraban de vez en cuando los Gabinete luciendo sus airosos tupés de rocker y pedían una ronda de bourbon Four Roses. Y algún cliente acodado en la barra pedía un trago igual de fuerte para imitar a esos tipos de duros y también porque esa noche había venido al Penta porque Quiero beber hasta perder el control como cantan Los Secretos, que por cierto también andaban por allí.

Estos y otros muchos nombres ilustres están ineludiblemente unidos a este bar malasañero. Pero hay dos personajes vinculados sin solución al Penta. Por un lado la enigmática protagonista de La chica de ayer, y por otro Antonio Vega que incluyó entre los versos de esta joya musical el nombre del garito que tanto frecuentaba.

Antonio Vega y el Penta de Madrid
Regalo del manuscrito de “chica de ayer” de Antonio Vega al Penta. Foto: El Penta

De hecho, para entonces el dueño era un familiar suyo. Y es que como suele ocurrir con los bares, también El Penta ha ido pasando por varias manos. E incluso, los actuales dueños con los que El Penta ha superado la cuarentena, antes fueron camareros y sirvieron copas durante los tiempos álgidos de la Movida.

Como si no hubieran pasado las décadas, ellos siguen poniendo esa música ochentera y de principios de las noventa. Les gustaría pincharla hasta justo Antes de que salga el sol, y posiblemente no faltaría clientela. Pero los tiempos y las normativas son las que son.

Ya no vivimos en la Movida, una época que siempre despierta la nostalgia, la exageración y los mitos. Este tiempo es otro. Aunque no hay que olvidar que cuando se rondan los veinte años, tal y como cantaban Los Ilegales siempre se viven Tiempos Nuevos, Tiempos Salvajes. ¡Otro asunto es que se imaginen canciones, fotos, pelis, poemas, amores dignos de recordarse, como sí ocurrió en El Penta!

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Periodista, creador de contenidos independiente.

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