Relatos

¡Ay Carmela¡ el encuentro con su director

  • Encuentro con Carlos Saura
  • Una historia de la Guerra Civil Española

Leía en la cartelera de la Filmoteca de Cataluña en el barrio el Raval de Barcelona, era la siguiente función de un domingo, había tiempo para que la selección del asiento fuera selección, justo en el centro, más arriba de la mitad de la sala, no cerca de la salidas de emergencia, al centro y arriba.

Para la sorpresa de muchos asistentes, la Filmoteca había invitado al director de la película a la exhibición, Carlos Saura, quien se encontraba en la sala y fue presentado, y aplaudido. Se paró para dar las gracias y expresar que él no ve sus películas, tenía años sin recordar a Carmela, esperaba no sentir hacer el ridículo porque no sabía qué iba a ver realmente, pero agradecía estar viviendo ese momento.

Al finalizar la película, el sonido de los aplausos saturó la sala, Carlos Saura, parado en el centro y debajo de la pantalla apagada, blanca; el cineasta, con su cámara colgándole del cuello, portaba unos jeans, una camiseta tipo polo y una chamarra delgada, un poco despeinadas sus canas,  denotaba sin duda una personalidad sencilla, inquieta. Se movía de un lado para otro, y habló sin limitarse, lo hizo con confianza y alargando su participación con detalles.

Carlos Saura y ¡Ay Carmela¡ se conocieron en el teatro, aún cuando a decir del director, va poco a las salas de este género; pero un buen día fue, y resultó salir fascinado y enamorado de la pareja de comediantes y del guión, ese mismo guión que lo llevo a trabajar en la adaptación con Rafael Alcona, con quien ya había colaborado en la película de la Prima Angélica (1973); de quien se refirió con cariño, respeto y admiración.

La obra de teatro fue el inicio de un largometraje clave en la historia de Saura, con un guión bajo un contexto social sensible y en proceso de restablecimiento y de reconstrucción de un país.

Durante la Guerra Civil Española, Carlos tenía cuatro años de edad, hoy tiene ochenta; recuerda detalles, sensaciones, sonidos, imágenes que hoy se muestran en su cine… muchas escenas que él mismo vivió y que le marcó como ser humano y como creador de cine; entre lo que recuerda, están años de penurias, de muertos, de llantos, del dolor de una guerra.

¡Ay Carmela¡ tiene esos recuerdos, transmite ese dolor, muestra momentos inhumanos de maltrato, humillación, elitismo y discriminación, desde una mirada hasta un balazo; de lo que fueron las  dificultades para vivir y lo fácil que era morir, una película personal de quien conoce la sangre ajena de conocidos y desconocidos, escuchó explosiones, atestiguó divisiones familiares, amigos enemistados, venganzas y odios acumulados que fueron más allá que el número de muertos.

A decir del director, esta cinta fue la primera oportunidad de hacer una película dentro de la guerra española, en el tono de tragicomedia que, dice, no hubiera pensado que abordaría ante una temática como la guerra civil, pero fue precisamente el ser un hecho tan delineado y fresco para él, que le pareció la mejor forma de expresar, con otro estilo, una historia de España, de esa guerra a la que acusó de partir a su país y de la cual, no quería que nadie se olvidara para evitar reproducirla

¿La censura? Responde. La censura la sufrió Carmela, incluso en su momento, estuvieron interesados varios estudios cinematográficos de Estados Unidos, pero querían eliminará la última toma, el balazo, pero no se eliminó y no se vendió. “El jardín de las delicias” (1970) durante un año estuvo prohibida, a “Los golfos” (1959), le cortaron quince minutos, “La caza” (1965) se llamaría originalmente “La caza del conejo”.  Sí hay censura, decía.

De pronto, la decisión de haber ido a ver una película, se convirtió en un encuentro de frente con el director, platicándome su historia dentro de la guerra civil, de su juventud, sus sueños universitarios convertidos en una realidad que se muestran como una manifestación; platicando como su cine, son sus marcas,  buenas y malas escenas que no se han ido y que por el contrario, se repiten como escenas, ya no de la realidad, sino del cine, un cine que hoy representa esa realidad.

 

 

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¡Ahorita Vengo! Eso dijo en su casa y no ha vuelto. De Tijuana en Barcelona, comunicóloga con un máster en periodismo de viajes.

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