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Salitre y mestizaje en Las Palmas de Gran Canaria

Influenciada por los pueblos que recalaron en sus costas con la informalidad y el sosiego propio de cualquier ciudad con mar, siempre libre de prejuicios y cálida anfitriona de todo aquél que se interesa por descubrir su verdadera cara, es como se presenta Las Palmas de Gran Canaria. Una de las dos capitales canarias – junto con Santa Cruz de Tenerife-, que se expone como urbe moderna haciendo presente sus raíces con esencias representadas por varias culturas. 

La fecha de su fundación está registrada con el 24 de Junio de 1478. El conquistador Juan Rejón decidió establecer su campamento en lo que se denominó como el Real de Las Palmas, repleta de un frondoso palmeral a la que la ciudad debe su nombre y una de sus más representativas señas de identidad. Una fecha que marcaría también el comienzo del mestizaje, cuando la cultura de los pueblos bereberes que habitaban en ella, se fundió con la castellana y continuó moldeándose gracias a otras etnias, que también la esculpieron con precisión y cuidado.

Dos sortijas heredadas del pasado: Vegueta y Triana

Los acontecimientos que envuelven su destino, marcado por la colonización castellana y por su situación geográfica como punto de convergencia entre Europa, América y África, han forjado su riqueza cultural, arquitectónica, artística y social. Los barrios de Vegueta y Triana son dos de los tesoros mejor conservados que lo evidencian. Un orgullo para los palmenses y un deleite para el visitante al que se le ofrece la oportunidad de perderse por las calles adoquinadas de Vegueta o de fascinarse con la arquitectura modernista de Triana.

Desde el Parque de San Telmo donde se situó la construcción del primer puerto, la urbe se abre en una amplia y alargada calle comercial flanqueada por pequeñas joyas modernistas que componen la calle Mayor de Triana. Una vía con pulso, burguesa pero alejada de pedanterías, sencilla; con niños que corretean con nubes de algodón y donde los músicos les roban algunas notas a la vida, Triana pone punto y final en el barranco Guiniguada – topónimo aborigen que hace alusión al flujo corriente de agua-, divide ambos barrios como si se tratara de una fisura en el corazón capitalino. De un lado, el Mercado de Vegueta y del otro, el Teatro Pérez Galdós, dos edificaciones que no pasan desapercibidas. El primero porque sus locales regalan un sinfín de escenas costumbristas que el propio Galdós podría haber retratado; el segundo por la distinción de su arquitectura de inspiración italiana y que, tras su remodelación se han fundido con elementos arquitectónicos contemporáneos.

La figura de Cristóbal Colón dejó una huella indiscutible en este punto del mapa. La Casa del Gobernador es actualmente un Museo dedicado al almirante, una edificación con clara influencia colonial en la que existen treces salas de exposición permanente con contenidos relacionados con la conquista de Canarias, al paso de Colón por Gran Canaria o a la América precolombina. Muy cerca, en la Ermita de San Antonio Abad, punto donde se instaló la primera capilla del Real de Las Palmas, existe una placa que recuerda que el conquistador oró allí antes de emprender su aventura hacia las Américas.

Adentrase en la Plaza del Pilar Nuevo -justo a un lateral del museo – es soñar con aquella época en la que la urbe comenzaba a esbozar su historia más reciente. Se trata de imaginarse a Cristóbal Colón anhelando abrir nuevas rutas, disfrutar de la herencia andaluza de las casas situadas en la calle de Los Balcones. En ella, el Centro Atlántico de Arte Moderno (CAAM) se remarca la vocación tricontinental del arte canario contemporáneo. 

El pescador, la Puntilla en Las Palmas de Gran Canaria.

El pescador, la Puntilla en Las Palmas de Gran Canaria. |Fotografía: Laura Medina Alemán

Díez días en manos holandesas

La Catedral de Santa Ana –con influencias del gótico tardío y del barroco- parece un centinela que desde hace siglos mira al mar para proteger el casco antiguo. Pero en 1599, el centinela no pudo hacer frente a la destrucción ocasionada por el corsario holandés Peter Van der Does y su tropa. Diez días en el que el rumbo del destino convirtió a la capital grancanaria en holandesa. Los de Van der Does no pudieron hacer frente a la resistencia de los canarios y tuvieron que replegarse, no sin antes incendiarlo todo y realizar saqueos, como el de una de las campanas y el reloj de la Catedral. Hace algunos años, las autoridades holandesas devolvieron una réplica de la campana en un acto de fraternidad con la ciudad atlántica que les perteneció durante algunos días.

Su gente, la explosión del Carnaval

El carácter canario es conocido por su remarcada hospitalidad, por el calor y la alegría de su gente, así como por la dulzura del acento. Si se habla en concreto de los habitantes de Las Palmas de Gran Canaria, habría que añadir además el fuerte sentido del humor y la buena predisposición que se palpa a la hora de organizar cualquier fiesta. Desde las celebraciones fundacionales de San Juan hasta las procesiones de Semana Santa o las tradicionales romerías del Rosario y de la Naval.

Es la fiesta por antonomasia en el que pintan el Parque de Santa Catalina –epicentro carnavalero por excelencia- y las calles aledañas de los colores más vivos, de lentejuelas, máscaras de Carnaval, de pelucas y narices de payasos, de comparsas y murgas, de reinas del carnaval y Drag Queens. Un carnaval que simboliza el espíritu de su gente, el humor socarrón, pero sobre todo la necesidad de vivir sin prejuicios de ningún tipo y actuar sin tapujos, al menos en la fiesta.

Tradición de gran arraigo en el barrio de la Isleta, en la zona del Puerto, y que ha ido evolucionando a lo largo de los años. Sufrió la censura del régimen franquista y aunque estaban prohibidos, los gran canarios continuaban celebrándolo clandestinamente para evitar así su desaparición. Luego vendría el destape, la música y las letras murgueras cada vez más críticas contra y especialmente los políticos. 

Las Canteras |Laura Medina Aleman

El pulmón de Las Palmas, Las Canteras. |Fotografía: Laura Medina Alemán

Las Canteras, una playa pulmón

Si hay algo que caracteriza a Las Palmas de Gran Canaria es su condición de capital costera. De sus tres playas, la de Las Canteras, las Alcaravaneras y La Laja, sin duda, la primera es la que marca su personalidad relajada y diversa. Con sus tres kilómetros de extensión, Las Canteras de arena dorada y con un oleaje aplacado por una barra natural, se ha convertido en el pulmón de la ciudad.

La avenida que recorre la playa desde la Puntilla hasta el Lloret, es una pasarela de gente que la transitan día y noche. Personas de camino al trabajo, para hacer deporte, tomarse unas papas arrugadas y un ron miel en alguno de sus múltiples restaurantes y bares, o simplemente, para pasear cuando el sol deja de apretar.  La zona de la Cícer –la parte sur de la playa- no cuenta con la protección de “la Barra” por lo que es el territorio preferido de los fanáticos del surf. Múltiples campeonatos del mundo se celebran aquí y cada vez más la tradición por este deporte se acentúa, como muestra la gran afluencia de escuelas de existentes.

La cultura también tiene cabida dentro de este pulmón que oxigena y dinamiza el ritmo de la capital. Junto a la Cícer –principio y comienzo de la playa- se sitúa el Auditorio Alfredo Kraus que se inauguró en 1997 como muestra de todos los canarios hacia el tenor oriundo de esta ciudad. 

Una ciudad abierta al Atlántico. Una ciudad en la que el mestizaje es una insignia y una razón de ser convertida en punto de conexión de tres continentes. Una ciudad tolerante, a medio camino entre la modernidad y la tradición. Un lugar desde donde aún se puede contemplar una puesta de sol de diez, con el Atlántico y el Teide – que se divisa a veces, en la vecina Tenerife- como telón principal entre salitre y mestizaje.

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Nació en las Islas Canarias, España. Sus estudios se concentran en el periodismo y el turismo en un viaje constante a través de la literatura, la música, la fotografía y las terminales de aeropuertos.

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