Arte y Cultura

El espacio escultórico de gigantes de la UNAM

Pueden ser tan sencillos los espacios dedicados al arte, a la reflexión, a una pausa durante el camino de la cotidianidad. Los cambios que puede provocar un árbol en una esquina, el viento que este genera, la atmósfera. La magia se puede crear con una escultura en alguna plaza o en medio de la acera. Un parque en donde menos lo esperas pero que siempre cae bien entre el camino. Rincones o espacios tan sencillos en apariencia, que se vuelven majestuosos con un toque creativo.

El arte forma parte de nosotros como reflejo de lo que somos en un momento determinado, manifestado por la sensibilidad de un artista. Marcando una época, una tendencia, un lenguaje único que logra trascender y generar identidad.

En la Ciudad de México, se encuentra un lugar llamado Espacio Escultórico, dentro de la Universidad Nacional Autónoma de México, en plena ciudad universitaria; un espacio dedicado a la expresión de las artes, a la geometría monumental. Piezas gigantes en tierras de un volcán, con un hábitat particular y en un ambiente académico, humanista. Gigantes en tierra de volcán en México.

La UNAM y el Espacio Escultórico, se encuentran en el Pedregal de San Ángel, en la tierra y piedra de la piedra lávica que muestra la huella de un volcán, el Xitle que como parte de sus erupciones, le dan el perfil que hoy conocemos y pisamos, con una flora y una fauna privilegiada.

Espacio Escultórico, Ciudad Universitaria, México

Son 120 metros de diámetro que le dan voz a una época en México. En la primera mitad del siglo XX las artes plásticas en este país, registraron el movimiento de la pintura mural. En la segunda mitad del siglo fue el movimiento escultórico geométrico monumental, iniciado a finales de los años cincuenta. “Si el movimiento fue expresión de la revolución mexicana, este segundo movimiento busca sus apoyos en la tradición y en la vanguardia de nuestro país para apoyar la modernización de México”, así lo dijo el entonces rector, Guillermo Soberón.

Los creadores era jóvenes universitarios que manifestaron como objetivo del Espacio Escultórico el “poner en práctica principios olvidados por cientos de años: buscar hacer del arte un acontecimiento, al menos en esta experiencia, el voluntarismo individual y caduco”.

Una propuesta  colectiva, que cumplirá 34 años en 2013, y que fue encabezada por Federico Silva, escultor mexicano que fue asistente del muralista chihuahuense David Alfaro Siqueiros; participó Hersúa, considerado un escultor que dota un entorno geométrico abstracto; Helen Escobedo que incorpora la preocupación por la integración de la obra con el ambiente; Sebastián con más de 200 obras gigantes por todo el mundo;  Mathçias Goeritz , de origen alemán que después de la segunda guerra mundial se mudó a México y formó parte fundamental de la escultura monumental; y Manuel Felguérez, un miembro trascendental en la primera generación de artistas abstractos nacionales.

Ellos fueron los creadores de lo que hasta hoy es un espacio dedicado a la expresión. Un recorrido entre vegetación, piedra lávica y esculturas monumentales, geométricas. Piezas a las que puedes subir, bajar y andar; en otras puedes sólo llevar la mirada al cielo para tratar de entender su grandeza.

El nivel de importancia no demuestra su cuidado, su estado natural de deterioro y los efectos del grafitti. Una pena verlo tan abandonado, no hay pieza que no esté plagada por el grafitti, chicles pegados en las estructura, marcas de la visita de Juan y Carmen que se aman, o al menos así lo plasmaron en 2009; así, cientos de rayones y mensajes que engloban y ensuciar la expresión que marcó una generación artística y que encontró cómo mostrarla y darle voz

Las piezas van desde Las Serpientes del Pedregal y Ocho conejo de Federico Silva, Ave dos de Hersúa, Coatl de  Helen Escobedo, Colotl de Sebastián, Corona del Pedregal de Mathías Goeritz y Variante de la llave de Kepler de Manuel Felguérez.

El Espacio escultórico forma parte del Centro Cultural Universitario de la UNAM, con una plaza central principal y recintos como la Sala Nezahualcóyotl, el Teatro Juan Ruíz de Alarcón, el Foro Sor Juana Inés de la Cruz, el Centro Universitario de Teatro, el Museo Universitario Arte Contemporánea, la Sala Miguel Covarrubias, la sala de música de cámara Carlos Chávez, las salas de cine José Revueltas, Julio Bracho y Carlos Monsivais, la Biblioteca y Hemeroteca Nacionales, Instituto Bibliográficas  y el Centro de Estudios sobre la Universidad.

Es de esos espacios que te envuelven sin que sepas ser un gran conocedor del arte, no lo necesitas, lo sientes. Recorrer un terreno histórico que te aleja de la atmósfera de la universidad, de la ciudad de México. No hay ruido, poca gente y parece estar aislado pero en realidad no, sólo está un poco abandonado y aún así, es una propuesta para perderte un par de horas e incluso un día completo entre un parque de gigantes.

Dijera Rufino Tamayo, la Universidad, germen de humanismo y sabiduría.

 

 

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¡Ahorita Vengo! Eso dijo en su casa y no ha vuelto. De Tijuana en Barcelona, comunicóloga con un máster en periodismo de viajes.
Un comentario
  • Jaime González
    13 octubre 2016 at 1:33 am
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    Vivo a escasamente cinco minutos de la universidad. De hecho, voy a pedalear seguido por esas vialidades, pero no me he detenido a observar detenidamente cada cosa descrita. Con ese sentimiento de culpabilidad, ya me empieza a obligar a conocer mi centro habitual.

    Saludos¡¡

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