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Raíles, un castillo y dos pueblos: Arcos de Jalón

Llegar a casa de la abuela, olvidarme del teléfono, pasear por el monte, visitar al tío en el huerto, comer tomates que saben a tomates, echarme la siesta para evitar el calor del mediodía… Como cada verano, estaba en el pueblo y me parecía que no podía estar en ningún sitio mejor. Una tarde, como tantas otras, salí a caminar hasta El Tejar, y por el camino me crucé con un matrimonio que discutía sobre algún asunto personal. Mis oídos indiscretos captaron algunos retazos de la conversación, los suficientes como para hacerme reflexionar.

―¿Pero qué les vamos a enseñar en Arcos? Ya estuvieron la otra vez. Como no les llevemos a Medinaceli…

―Bueno, tampoco son tantos días. Y como vienen en coche, se puede organizar alguna ruta.

¿Mi pueblo es aburrido? ¿Acaso feo? Comencé a hacerme preguntas que nunca me había planteado. Ciertamente, Arcos de Jalón no es un pueblo que salga en las principales guías de viaje o en los listados de los pueblos más bonitos de España. ¿Quién va a pararse aquí teniendo tan cerca la villa histórica de Medinaceli o el monasterio cisterciense de Santa María de Huerta? La presencia de edificios de viviendas anodinos o la antiestética torre de Telefónica tampoco ayudan mucho.

Para los habitantes de otros pueblos más pequeños, Arcos es un lugar funcional, donde hacer la compra de la semana, ir al banco, resolver algún papeleo en el ayuntamiento o acudir a la consulta del médico. Para los viajeros, un lugar de paso, donde poder comer e incluso dormir. Quizá yo lo había idealizado. Ante la ausencia de importantes monumentos, había rellenado el vacío con experiencias, recuerdos y personas queridas. ¿Pero qué mejor viaje que la vida misma? Además, esa tarde también llegué a la conclusión de que mi pueblo tenía sus encantos, que se revelan para quienes valoran los detalles o saben ver más allá de una fachada.

Hagamos las presentaciones. Arcos de Jalón, Arcos para los amigos, es una localidad de unos 1.400 habitantes censados, situada en el sureste de la provincia de Soria y encajada en el valle del río Jalón. Es capital del municipio homónimo y cabecera de la  comarca, por ser el principal centro urbano y de servicios de la zona. Celtíberos, romanos, visigodos, musulmanes y cristianos pasaron por aquí, aunque en el propio pueblo de Arcos no dejaron grandes legados, a diferencia de otros lugares que sorprenden al visitante con importantes vestigios del pasado. Lo más significativo es, sin duda, su ubicación, entre Castilla y Aragón. Un enclave estratégico en las páginas de nuestra historia, que también ha propiciado, en épocas más recientes, tiempos de esplendor como importante nudo de comunicaciones y transportes, siendo su indiscutible protagonista: el tren.

Locomotora Mikado junto a la estación de Arcos de Jalón. Foto: Virginia Martínez Escalona

Locomotora Mikado junto a la estación de Arcos de Jalón. Foto: Virginia Martínez Escalona

Una vida sobre raíles

Calatayud, Terrer, Ateca, Bubierca, Alhama de Aragón… Pasaban las estaciones y cada vez quedaba menos para llegar a Arcos. Antes de bajar, atisbaba por la ventanilla para ver quién había venido a recibirnos. ¡Ahí está la abuela! ¡Y por ahí vienen los primos! Recuerdo esas llegadas alegres y locas, así como las despedidas y las lágrimas en el vagón. Pero más allá de esos momentos, la estación de tren es uno de mis sitios preferidos del pueblo, donde he ido muchas veces a no hacer nada. Compro unas golosinas en el quiosco y me dedico a ver pasar los trenes, aunque ahora ya no pasan tantos como antes. Me fijo en el tren que hay abandonado en una de las vías. Hace unos años llegó y ahí se quedó olvidado, estropeado… tan sólo pasto de los grafiteros. Un esqueleto disfrazado que recuerda lo importante que un día fue esta estación.

Todo comenzó a mediados del siglo XIX, con la construcción de la Línea Madrid-Zaragoza (posterior Línea MadridBarcelona). Arcos no sólo fue una parada más, sino que se convirtió en el principal depósito y taller de locomotoras de vapor. La necesidad de mano de obra provocó un aumento de la población, que continuó en ascenso hasta los años 70 del siglo XX. Al calor de este crecimiento demográfico y económico (en Arcos llegaron a vivir más de 3.000 personas y a haber casi 500 empleados del ferrocarril), se construyeron casas, el casino, se abrieron cines, se pavimentaron las calles más importantes y se repoblaron los montes circundantes, entre otras acciones. La década de los 60 fue el preámbulo de la decadencia, con la sustitución de la tracción de vapor por fuel-oil y, finalmente, la llegada de las modernas locomotoras Diesel en los 70. Un pueblo que se cayó con todo el equipo, porque la mayoría de las familias estaban vinculadas al ferrocarril. Posteriormente se abrieron otras fábricas y empresas, pero la pujanza del tren es y será irrepetible en Arcos de Jalón. Como testigo de su próspero pasado ferroviario, cerca de la estación descansa la solitaria Mikado, una de las 217 locomotoras fabricadas en España entre 1954 y 1955. Le acompañan una pequeña caseta, una grúa hidráulica, unas cubas de bombero o una marmita de cambio de aguja, en esta antigua rotonda del depósito de locomotoras.

Un castillo, dos pueblos

Podríamos decir que el principal atractivo de Arcos de Jalón es su castillo, ubicado en lo alto de una antigua atalaya musulmana, visible desde cualquier punto del pueblo. La actual fortificación data del siglo XIV y jugó un papel importante en la Edad Media para el control de acceso a la meseta por el valle del río Jalón. Llamarle castillo quizá le viene algo grande, porque lo único que se conserva es la torre del homenaje y parte de la muralla, pero si le dices a alguien del pueblo que vas a subir a la torre, no te entendería. El principal acceso al castillo es una empinada calzada situada cerca del centro médico y salpicada con las estaciones del vía crucis. Una vez arriba, te espera la torre de planta cuadrada y de 16 metros de altura, en cuyo interior aparece el escudo heráldico de la familia Albornoz, que fueron los primeros señores de Arcos. Aunque después pasó por varias manos, como los Manrique o los duques de Medinaceli. Destaca también el gran hueco de uno de sus lados, que se corresponde con su antiguo acceso en alto, y su influencia morisca. Junto a la torre se alza una escultura del Sagrado Corazón de Jesús que fue colocada en 1945.

Desde aquí se contempla una panorámica de toda la localidad, y se aprecia el contraste entre la parte vieja y la parte más moderna de Arcos, como si fueran dos pueblos en vez de uno. Hacia el norte se ven los edificios de viviendas, la residencia, el polideportivo, el instituto, la estación… y la montaña conocida como El Picón, con su característico color blanco y sus singulares oquedades, donde antaño se cultivaba el champiñón. En cambio, en la parte sur, la que conserva la muralla, se muestra otra perspectiva muy distinta, donde predomina el color ocre. Las casas son bajas, muchas de ellas conservando el estilo tradicional. Destaca la Plaza Mayor, la iglesia de Nuestra Señora de La Asunción y la Plaza de Toros. Vale la pena bajar por las faldas del castillo, recorrer sus callejuelas de origen árabe y pasar entre casitas abandonadas de adobe, piedra y madera.

Parte vieja de Arcos de Jalón. Foto: Virginia Martínez Escalona

Parte vieja de Arcos de Jalón. Foto: Virginia Martínez Escalona

Fiesta y bullicio

Buena parte del año, Arcos de Jalón es un pueblo tranquilo que no muestra gran movimiento. Pero durante las fiestas, festivos y especialmente en el verano, la población aumenta considerablemente y el ambiente es más bullicioso, con la presencia de familias que viven y trabajan en ciudades como Soria, Zaragoza o Madrid. Esto se nota en los parques llenos de niños, la falta de espacio para aparcar, la aglomeración los lunes en el mercadillo, y sobre todo en las terrazas de los bares, atiborradas de personas que toman el vermú antes de ir a comer a casa. ¡Y no será por falta de bares!

Si hay una cosa que gusta a los arcobrigenses, como ocurre en otros pueblos, es estar en la calle y pasar buenos ratos con la familia y los amigos. Por eso, las fiestas se esperan con anhelo, entre ellas, San Blas, Carnavales, la Matanza, Semana Santa o las Fiestas Mayores de septiembre, en honor al Santísimo Cristo de la Buena Muerte. Estas últimas son las más importantes, donde toman el protagonismo las tres peñas de Arcos: La Araña, La Cabaña y El Desastre, que se encargan de amenizar los días festivos con pasacalles, charangas, vaquillas, verbenas, juegos infantiles y muchas otras actividades. Y si no hay fiestas, pues se crean unas nuevas, como en el caso de la época estival para aprovechar la afluencia de gente. Así, en el mes de agosto tienen lugar diferentes eventos, ya enraizados en el pueblo, como el Torneo de 24 horas de fútbol sala, o La Pijamada, en el que niños, jóvenes y mayores ataviados con pijamas recorren las calles Arcos al ritmo de la charanga.

Otra celebración que no falla son Los Quintos. Cada año se reúnen los que han cumplido 50 años y disfrutan de una jornada festiva dedicada a su generación. No sólo es otra excusa para divertirse, sino para recordar viejos tiempos y reencontrarse con personas que hace tiempo que no veías porque viven lejos. Normalmente hacen una ruta por el pueblo con algunas sorpresas, suben al castillo, visitan la Iglesia, el antiguo cine Numancia, comen en uno de los restaurantes y se pasan la tarde bailando en el casino. Y no puedo olvidarme de un local que acoge muchas actividades y punto de encuentro en las noches de fiesta. Se trata de La Pista el Rosalar, o simplemente La Pista, un club de socios con gran tradición, que es actualmente una gran discoteca de invierno y de verano, porque también cuenta con zona exterior. A pesar de ser un espacio para el divertimento, suscita siempre controversias acerca de la hora de cierre, el volumen de la música y el griterío que no deja dormir a los vecinos.

Entorno natural

Otra de mis ocupaciones en el pueblo es caminar. Me gusta dar paseos por los alrededores y rodearme de naturaleza sin tener que irme muy lejos, como pasar por los huertos, hacer un sendero por el monte o seguir los caminos que comunican con poblaciones cercanas como Somaén o Montuenga. Es una zona en general esteparia, y no voy a descubrir exuberantes parques naturales, porque como escribió el poeta Antonio Machado, “es la tierra de Soria árida y fría”. Pero dentro de esa naturaleza uniforme, se esconden interesantes parajes.

“Voy a dar la vuelta” le digo muchas veces a mi abuela. Esto significa seguir la carretera que pasa por el cementerio, rodear la zona de El Tejar y volver por la carretera que transcurre paralela a las vías. El Tejar es un espacio natural junto al río Jalón, donde se alzan numerosos chopos. Hay una zona con columpios, una fuente y mesas para comer. El rincón más interesante es la cascada, donde sólo se escucha cómo cae el agua y el cuchicheo de los pájaros. Precisamente este pequeño salto de agua me parece uno de esos encantos de Arcos, que sólo descubren quienes van más allá de lo aparente.

Pero sin duda, hay un paisaje que siempre me ha cautivado desde que era pequeña. Un lugar que sólo se ve si llegas a Arcos por la antigua Nacional II, a su paso por Somaén. Lleva el nombre de Gargantas del Jalón, y es un desfiladero de imponentes rocas ocres y rojizas, que parece inspirado en los Cañones del Colorado de Arizona, salvando las distancias. Junto con el río, las vías del tren y algunas aves rapaces, las Gargantas del Jalón constituyen un escenario muy sugerente, que guarda a su vez otros rincones, como la Cueva de la Mora.

Arcos de Jalón, más que un lugar de paso.

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Nació en Logroño pero vive en Tenerife desde los ocho años. Es graduada en Periodismo con un Máster en Periodismo de Viajes. A esta española curiosa e inquieta le gusta viajar con su cámara de fotos y libreta en mano, ya sea al otro lado del mundo o a la vuelta de la esquina.

22 Comentarios sobre esta publicación.
  • Arlene Bayliss
    14 abril 2015 at 12:16 pm
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    Tengo muchas ganas de conocer Soria, no solo por esta historia, sino porque la región me parece, tiene muchos pequeños Arcos de Jalón.

  • Virginia Martínez
    14 abril 2015 at 12:43 pm
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    Soria es una de las grandes desconocidas. Y tiene muchas cosas que ver. Pueblos con encanto y muchos pueblos abandonados. Aunque, por suerte, Arcos de Jalón es un pueblo grande y tiene mucho movimiento en los festivos y vacaciones 🙂

  • Nuria
    20 abril 2015 at 11:01 pm
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    Hola Virginia! Has descrito Arcos y me has transportado a mis 8 años que viví allí. Luego me fui y estuve viviendo entre Logroño y Tenerife para terminar en Logroño, mi lugar de nacimiento. Increíble tus palabras sobre también MI pueblo

  • Virginia Martínez
    21 abril 2015 at 10:11 am
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    ¡Hola, Nuria! Vaya, ¡estuviste viviendo en Arcos! Entonces seguro que te has sentido identificada con el texto :). Pues hay más coincidencias, ¡porque yo nací en Logroño! Y desde los siete-ocho años vivo en Tenerife!!

  • Luis Muñoz Ruperez
    21 abril 2015 at 5:37 pm
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    Virginia, permíteme felicitarte por tu artículo, me trajo muchos recuerdos de mis vacaciones en Arcos hace muchos años. tuve la oportunidad de pasar por Arcos hace un año y conserva todos esos detalles que supiste expresar. A mi hay un, detalle que me falto y que es el olor de las traviesas de los rieles en la Estación. Olores, colores de la infancia. Gracias

  • Silvia
    21 abril 2015 at 8:11 pm
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    Lo has clavado!!! Yo vivo en Arcos y me has dejado encantada.

  • Virginia Martínez
    21 abril 2015 at 8:24 pm
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    ¡Muchas gracias, Luis y Silvia! Luis, tienes razón. Los olores también nos recuerdan a lugares, como Arcos, y el de las traviesas de los rieles es uno de ellos. También sabores, como el de las sabrosas salmueras en Las Grullas :).

  • Mari Cruz
    22 abril 2015 at 8:52 pm
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    Un gran artículo de un gran sitio que como dices no tiene grandes monumentos pero tiene grandes personas. Invito a que todo el que lea este artículo lo visite viniendo por las carretera vieja, es decir, por las Gargantas del Jalón. Es un paisaje que no se olvida.

  • Amparo
    22 abril 2015 at 9:50 pm
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    Hola Virginia. Me gusta tu pueblo. Me gusta su gente. Me gusta cómo lo has descrito. Quién dijo que una imagen vale más que unas buenas palabras?? Gracias por este “canto” a Arcos de Jalón, por esa mirada con el corazón. Te ha quedado de lujo. Un abrazo.

  • ARCOBRIGENSE
    22 abril 2015 at 9:52 pm
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    Estoy en el sofá de mi casa en una ciudad pero al leer tu artículo me has transportado a mi pueblo: ARCOS DE JALÓN

  • Virginia Martínez
    22 abril 2015 at 10:31 pm
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    Mari Cruz: ¡Gracias! Lo mejor de Arcos son las personas que viven en él o lo frecuentan cuando pueden, los amigos y la familia :). Las Gargantas del Jalón hay que verlas sí o sí. Y tomarse el vermú también 😛

    Amparo: Se podrían decir muchas cosas más de Arcos, sobre todo más sentimientos… Ha sido un pequeño homenaje a este pueblo que he conocido desde que era pequeña, y en el que me siento bien cuando lo visito. ¡Gracias por tus palabras!

    Arcobrigense: Me alegro de que mis palabras hayan servido para transportarte a Arcos, a tu pueblo, que tanto conoces. 🙂 Yo al escribirlo me he sentido más cerca de él, y eso que me separan muchooss kilómetros. ¡Besos!

  • Olga
    22 abril 2015 at 10:35 pm
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    Estupendo, Virginia. Poco has dejado en el tintero. Parece mentira q, a pesar d vivir tan lejos, mantengas ese lazo tan estrecho con el pueblo; se nota el cariño q sientes por él.
    Creo q todos los q hemos leído este artículo y conocemos Arcos nos hemos sentido identificados. No t digo más q casi m salpica el agua d la presa y me pongo a bailar con la música d las charangas 🙂
    Enhorabuena!!

  • An-ónimo
    22 abril 2015 at 10:47 pm
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    ¡Qué alegría da leer artículos así! Dan ganas de ir a Arcos seas o no de allí. Espero que vuelvas pronto y sigas descubriendo cosas que te inspiren para escribir con tantas ganas y tan bien. ¡Un saludo!

  • Rosa
    23 abril 2015 at 7:24 am
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    Siempre digo q lo mas bonito de mi pueblo es su ubicación y sus gentes. Has trasmitido en tu articulo todos mis pensamientos
    Gracias Virginia

  • Virginia Martínez
    23 abril 2015 at 9:51 am
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    AN-ÓNIMO: ¡Me alegro de que te haya gustado! Pues seguro que sí, porque siempre se puede decir más cosas de Arcos. ¡Espero ir pronto! ¡Muchos besos!

    ROSA: ¡Muchas gracias! Arcos es un buen lugar de paso y mucho más, la ubicación lo merece. Y por supuesto las personas, que son quienes le dan vida.

  • Rosa mª Sampedrano
    24 abril 2015 at 1:08 am
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    Hola, yo tambien me siento identificada , me fui de Arcos en el 1964 con 14 años y me has hecho recordar esos holores que comentais incluso los sonidos recuerdo cuando llegaba mi padre con el tren de madrid la maquina cogia agua en la manguera justo enfrente de mi ventana y mi padre para que le oyeramos pitaba la maquina piiiiipiiiiiiiiiiiiipiiiiiiiiiiii .Jo que recuerdos. Muchas gracias me ha gustado mucho el articulo

  • Virginia Martínez
    24 abril 2015 at 10:22 am
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    ¡Qué bonitos recuerdos, Rosa! Seguro que fueron buenos tiempos, cuando el auge del ferrocarril en Arcos. Me alegro de que te haya gustado el texto y hayas recordado tus vivencias.

  • ANNA
    25 abril 2015 at 1:52 pm
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    Has descrito Arcos con un cariño especial me a gustado mucho soy y vivo en Barcelona pero siempre que puedo me escapo a Arcos sin más llegue de Arcos el dia 21 y esperando el verano para pasarlo alli como todos los años todo lo que dices es la pura verdad,

  • Virginia Martínez
    25 abril 2015 at 2:33 pm
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    ¡Me alegro de que te haya gustado, Anna! Le tengo mucho cariño a Arcos, y ya era hora de que escribiera algo sobre el pueblo. Yo también espero que llegue el verano para pasar aunque sea unos días allí. ¡Un abrazo!

  • Virginia Martínez
    28 abril 2015 at 1:18 pm
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    OLGA: Pensé que te había contestado. ¡Muchas gracias por tu comentario! Cuando uno siente cariño por un lugar, se hace más fácil escribir sobre él. Y éste es un pequeño homenaje a Arcos y a la gente que vive o tiene algún vínculo con él. Pues ya queda menos para volver por allí, refrescarse con el agua fresca del Tejar y bailar tras la charanga :). ¡Muchos besos!

  • Antonio
    17 enero 2016 at 12:36 am
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    Desde la distancia,los recuerdos se apoderan de mi.gracias por tu relsto

  • Jaime González
    13 octubre 2016 at 1:12 am
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    ¡Que gran relato! Me cautivó desde el principio. De esas poquísimas veces en que “agarras” la primera frase de un texto y simplemente no lo sueltas hasta el final. Ojalá que algún día pueda conocer ese lugar tan ejemplarmente descrito, pero sobre todo, que se siente estar ahí a lo largo de la lectura.

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