Barcelona en Sant Jordi es una ciudad que se convierte en librería una vez al año. El 23 de abril es Sant Jordi: la rosa, el dragón, los libros, las firmas de libros. El 23 de abril murieron Cervantes –sigue muriendo cada año un poco más- y Shakespeare. El 23 de abril es también el Día Internacional del Libro.

Acudo a Librerías de Jorge Carrión, que se ha convertido en referencia bibliográfica imprescindible a la hora de hablar de libros y librerías. Estamos a cinco días de Sant Jordi y en el ambiente se respiran pétalos e imprenta. Los libreros se mueven con el nerviosismo previo a una noche de Reyes, acumulan cajas, montan expositores, coordinan eventos. Los libreros viven en frenesí.

Antes, un poco de historia del Día del libro

Las principales calles de Barcelona se llenan de libros en la Diada de Sant Jordi |Fotografía: Ayuntamiento de Barcelona

Más allá de la leyenda del dragón que devoraba todo lo que se le cruzaba, leo en el ensayo de Jorge Carrión que el impulsor del Día del Libro Español fue Vicente Clavel, un valenciano que vivía en Barcelona y que consiguió convertir su idea en real decreto en 1926. Pero parece ser que Cataluña iba por un lado y el resto del país por otro. Fue en 1930 cuando los editores vieron el negocio y comenzaron a lanzar novedades en catalán para Sant Jordi. Los catalanes comenzaron a vivir con emoción el día, hasta que llegó la Guerra Civil y se lo cargó todo. Luego, el franquismo dejó a Josep Pla un poco fuera de juego con lo de prohibir el catalán; al resto de la población también: solo había lugar para un Instituto Nacional del Libro Español. Del resto ya se encargaba la censura. Lo de la Renaixença fue bonito mientras duró.

Venimos de aquel páramo, transición mediante. Más tarde el día de Sant Jordi comenzó a usarse para reivindicar un uso digno del catalán y recuperar la tradición literaria y cultural que impresionara tanto a Don Quijote cuando llegó a Barcelona. No es una fiesta, es un símbolo. Y mientras, ¿qué le pasó al dragón?

Tiempo era tiempo, que un dragón horrible torturaba a los habitantes de Montblanc. Antes de quedarse sin ganado y sin cosecha, decidieron sacrificar a una persona como señal de buena voluntad. En un giro muy borgiano, dejaron que el destino de cada uno fuera el que decidiera. El sacrificado comenzó a ser escogido por sorteo. Pero, ¿qué sucedió? Pues que un día le tocó ser sacrificada a la hija del rey, pero justo en el momento terrible de ser devorada apareció un apuesto y aguerrido caballero –pues como en la actualidad, no es de buena educación dejar que las infantas sean devoradas–. El caballero clavó con acierto su lanza en el corazón de la bestia. De la sangre, brotaron rosas. Son las rosas que se regalan a las personas amadas durante Sant Jordi.

Y ahora algunos números para volver a la actualidad:

  • 200 paradas venderán libros en Barcelona.
  • El 70 % de las paradas estarán en Eixample, el barrio de la Sagrada Familia.
  • Más de un millón de personas circularán en la hora punta por las calles de la ciudad.
  • El 53 % de libros vendidos son en lengua catalana; el resto en español.
  • Se prevé facturar unos 22 millones de euros en ventas de libros.

Cuenta Jorge Carrión que él no compra los libros en Sant Jordi y que prefiere hacer las compras los días previos. No es el único. Hay mucha más gente que le ocurre lo mismo. Sant Jordi es para pasear, para decir, mirad, la cultura, el idioma, son importantes. Pero ya. Ahí se queda el asunto. Los que de verdad disfrutan comprando libros saben que las multitudes no son buenas. Tal vez los amantes de los libros ya habrán pasado por alguna de sus librerías favoritas de Barcelona.

Diez librerías en Barcelona

Se calculan más de 120 librerías en Barcelona que cada año montan la fiesta por Sant Jordi. |Fotografía: Librería Malpaso

Barcelona fue declarada Ciudad Literaria por la Unesco en el 2015. Este año apareció un plano de librerías. Contabilizaron 122. Se dejaron varias; pero al bulto cualquiera podría decir que vivimos un buen momento librero en la ciudad.

  • La librería blanca de Malpaso ha llegado al Eixample (Diputació, 331) hace poco. En realidad, de librería solo tiene los libros. Ellos se definen como librería vertical y de rescate, y tendrás que entrar para averiguar qué quieren decir con ello. Hace poco, junto a Nollegiu (Pons i Subirà, 3) se inventaron un espectáculo: cuatro duelos, dos escritores escribiendo en directo con máquinas de escribir. Nollegiu es la única librería de Barcelona sin rótulo, se ubica en lo que fue la boutique Juanita y aún tiene los probadores antiguos, junto a la poesía –que todo es desnudarse para vestirse.
  • Llegando al Raval está Sons of Gutenberg. Antes estaba en Gràcia; pero a Adrià le va más el ambiente del Raval. Lo suyo no es ser librero, lo suyo es ser supporter cultural. En el altillo tiene un teatro que no para vacío ni un momento. Si buscas un fanzine, no busques más, lo tiene él. Sin duda, un catálogo auténtico de Barcelona.
  • La Calders (Ptge. Pere Calders, 9) es una librería de barrio; tal vez tener el Mercat de Sant Antoni cerca, con todos sus libreros de segunda mano, hizo que se pensaran eso de abrir los domingos. Es ideal. Vas, compras, sales y te tomas un vermut. No hay domingo glorioso sin este plan. Entre las mesas donde exponen sus destacados hay pequeñas notas a modo de pistas literarias. 
  • Taifa (Carrer de Verdi, 12) es un clásico, y tal vez la única librería en la que entra la calle hasta el interior. Si te fijas, su suelo es el de la acera. José Batlló, que murió el año pasado, es el arquetipo de librero barcelonés: un tipo que no sabe descansar y que saca a relucir su humor con malhumor a la mínima. Sólo así se sobrevive a ser librero. Su decálogo del buen cliente de la librería Taifa es para enmarcar.
  • La Central del Raval (Carrer d’Elisabets, 6) es una librería grande que juega a ser pequeña, y le sale bastante bien, la verdad. Especializada en humanidades, con un catálogo infinito, esta librería está en la antigua Capilla de la Misericordia.
  • Lo contrario de la Central del Raval es Lino (en la entrada del hotel Casa Bonay), la microlibrería de la editorial Blackie Books. Si alguien se pregunta qué significa el nombre de la librería, que le pregunte a la mascota de la editorial, un simpático perrito que sabe de joyas libreras y primeras ediciones.
  • Altaïr (Gran Via, 616) materializa aquello tan antiguo de que leer hace viajar. Bueno, no se sabe muy bien si leer hace viajar, o viajar hace leer; pero lo cierto es que en esta librería clásica de Barcelona, los libros se ordenan por lugares y no tanto por autores o editoriales. Ahora tienen una cafetería para no perderse.
  • +Bernat (Buenos Aires, 6-8) fue antes un sex shop, así que podemos decir que es la librería con más morbo de Barcelona. Si no es por eso, tal vez lo sea porque Enrique Vila-Matas la inmortalizó en Aire de Dylan. ¿Imaginas ir a dar una vuelta y encontrártelo en la cafetería de la librería?

 

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Sobre el autor

Licenciado en Filología y periodista vocacional que se divierte juntando letras para ver cómo reaccionan entre sí las palabras. Es redactor en el blog Ahora Toca Viajar y en otros medios.

3 comentarios

  1. Para salir un poco del del centralismo del centro de Barcelona (los barrios del Besós también existen y son Barcelona y seguramente son los más respetados por la masificación turística) , tenéis la premiada Personal Book (Comerç Cultural de Proximitat 2016) , librería colaborativa y sostenible que basa su oferta en el encargo y la recirculación del libro (primera mano, segunda mano y saldos) frente al insensato, frenético y contaminante movimiento de libros de las grandes superficies, en Emili Roca 50, junto a Fabra i Puig, entre Meridiana y Virrei Amat

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