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Ramond de Carbonnières |Viaje con Escalas
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Ramond de Carbonnières, el padre del pirineísmo

Louis Ramond de Carbonnières nació muy lejos de los Pirineos. Vino al mundo en 1755 en el otro extremo de Francia, en Alsacia. Más en concreto, en Estrasburgo dentro del seno de una familia acomodada, lo que le permitió recibir estudios universitarios de derecho. 

Sin embargo, su paso a la posteridad nada tiene que ver ni con la convulsa historia alsaciana ni con el desempeño de un abogado.

La fama la encontró al sur, en los Pirineos, y se la ganó como naturalista, botánico y geólogo, sin olvidar su gran hito como montañero: alcanzar en 1802 la cumbre del Monte Perdido, que se tenía como la más alta de la cordillera. Un hecho por el que la literatura montañera, tendente a epopeyas y mitos, lo ha convertido en el padre del pirineísmo.

De hecho, Ramond de Carbonnières engrosa esa lista de amigos de las montañas y las letras que llenan páginas y páginas con encendidas descripciones de paisajes superlativos y gestas dignas de superdotados.

Ramond de Carbonnières y sus publicaciones

Louis Ramond de Carbonnières por Ambroise Tardieu/Wikipedia

A lo largo de su vida no solo publicó sus observaciones naturalistas, también narró sus andanzas por estos montes en libros como “Voyages au Mont Perdu”. 

El caso es que Ramond llegó a la cordillera en 1787, como secretario de un cardenal. Eran tiempos prerrevolucionarios, y tanto cardenal como secretario se retiraron a Barèges, una elegante estación termal del Pirineo francés que en la época disfrutaban las altas alcurnias.

Fue una larga estancia, hasta final de 1788, tiempo que nuestro protagonista aprovechó para recorrer esas montañas. Con lo cual hizo su primera publicación sobre la cordillera, editada en París el mismo año de la Revolución Francesa. Y ese contexto es clave para entender su biografía.

Del naturalismo a la política y a los pirineos

Y es que Ramond, ya de nuevo en la capital y con la guillotina funcionando a destajo, dejo el naturalismo y se transformó en político. Incluso fue elegido diputado.

Sin embargo, esa experiencia duró poco y casi acaba mal. El poder y más en tiempos de conspiraciones puede ser muy peligroso, y él mismo fue acusado de traidor a la Revolución, así  que para salvar el cuello, literalmente, huyó en 1792. Su destino: los perdidos Pirineos. 

Halló refugio en la localidad de Tarbes, y allí alternó la enseñanza con incursiones montañeras. Y soñó con hollar el Monte Perdido en territorio español. De manera que durante varios años preparó diversas expediciones con tal objetivo, pero ninguna alcanzó la cumbre. Tuvo que esperar al mes de agosto de 1802 para finalmente realizar la hazaña y pasar a la historia.

Ramond de Carbonnières, ¿el padre del pirineísmo?

Ramond de Carbonnières, el padre del pirineísmo
Cima del Monte Perdido, en el parque nacional de Ordesa y Monte Perdido. Foto: Pixabay

No obstante, todo es relativo. ¿Hizo cima? Sí. ¿Ha pasado a la historia por ello? También. ¿Fue el primero? Resulta que no. ¿Y subió al pico más alto de la cordillera? Tampoco, ni siquiera al segundo. Y sin embargo, su fama es indiscutible (al menos en el ámbito del montañismo, y especialmente entre los pirineístas, que aquí como en todo cada uno reivindica la identidad distintiva de sus pequeñas parcelas).

El hecho es que en el verano de aquel año preparó su enésima cordada, contando con dos guías franceses, a los que se unió un pastor español del pueblo de Bielsa, en Huesca. Juntos ascendieron al Collado Añisclo, a 2.500 m. de altitud  y con vistas privilegiadas de la cima. 

Sin embargo, aquel día no debía estar muy claro

Además los hielos glaciares eran mucho más amplios que en la actualidad. Así que Ramond de Carbonnières decidió que se adelantaran sus dos guías y el pastor.

Era el 6 de agosto

Se piensa que aquella avanzadilla no solo vio el modo de proseguir, sino que es prácticamente seguro que hicieron cumbre. ¿Quién fue el primero, el pastor español o los guías franceses? Según quién lo cuenta. Lo que parece claro es que regresaron y al ilustre jefe de expedición solo le describieron la forma de llegar.

Algo que consiguieron el día 10. A las once y cuarto de la mañana. Tal precisión horaria se la debemos al relato del propio Louis Ramond de Carbonnières, quien narró todo lo acontecido en esa ascensión. Un relato que de forma detallada también se publicó hace unos años por la editorial montañera PRAMES.

Aunque más allá del tono épico del relato, lo que más destaca de su crónica es lo maravillado que está al descubrir uno de los parajes más bestiales de la cordillera: el valle de Ordesa. Él y otros viajeros franceses que vinieron después contribuyeron enormemente al descubrimiento de ese espacio único que hoy es el Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido.

Desde que Ramond de Carbonnières lo contempló por primera vez, regresó en más ocasiones para asombrarse con sitios como la Brecha de Roland, las Gradas de Soaso o la Cola del Caballo. Sin embargo, una vez lograda su hazaña montañera todavía le quedaban sueños políticos por cumplir. Por ello, en 1806 logró ser nombrado prefecto de Puy-de-Dôme, en otras montañas, ahora en el Macizo Central, por donde se dedicó más a la botánica y que a legislar.

Desde luego que volvió muchas veces a los Pirineos

Por ejemplo para colaborar con una expedición científica de 1826 en la que se establecieron las altitudes definitivas para los picos más elevados de la cordillera, y el resultado fue que el Monte Perdido con 3.355 metros era la tercera cumbre pirenaica. Superada por el Aneto (3.404 m.) y el Posets (3.371 m.), todos ellos en Huesca.

Al año siguiente, Ramond de Carbonnières fallecía en París. No había sido el primero en hacer cima en el Monte Perdido, y tampoco subió la montaña pirenaica más alta. Y sin embargo, paradojas de las crónicas es un auténtico referente del alpinismo (perdón, pirineísmo).

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Periodista, creador de contenidos independiente.

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