Viajando en coche ves pasar tu aventura a través de una ventana, a través de un fotograma, en moto eso no sucede. El conductor y la moto se funden en un conjunto para experimentar una compenetración única. Sobre dos ruedas el fotograma se convierte en un interminable travelling en 3D emitido en un enorme cine al aire libre, en un IMAX. En moto eres capaz de tocar tu viaje, de olerlo y saborearlo…

Si llueve te mojas, si hace mucho calor te empapas de sudor, no hay forma de escapar de las temperaturas, no puedes crear otra atmósfera, vives la real, la de cada latitud. Recuerdo un viaje en Vespa por Sicilia, iba circulando con el casco abierto por el interior de la isla y me cautivó un intenso olor a hortalizas, a especias, a campo. Ya lo dice aquella frase popular “Un viaje en moto no tiene destino, es un destino en sí mismo”.

Pero todas esas sensaciones las vivo desde el inicio de cada viaje. La desesperación-emoción de acercarme a la moto, pararme frente de ella e iniciar el ritual de preparación. Es adictivo lo que generan todas las sensaciones posibles en ese momento, todas como producto de la imaginación-emoción. El primer arranque, colocarme el casco,  cerrar mi chaqueta. Sólo pensarlo me produce un ¡Salgamos ya!

Foto de portada

Con la colaboración de IMTBike, empresa fundada en 1997 que se dedica al alquiler de motocicletas BMW de alta gama y a organizar tours guiados por España, Marruecos, Francia e Italia.

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Sobre el autor

Licenciado en Historia y Máster en Periodismo de viajes, escribe, traduce y le da al guión. Observa y escribe; vive y cuenta, manteniendo entre ceja y ceja el dedicarse a la escritura sin cuestionarse la modalidad. Viajar es lo que le mueve: hacerlo en moto a ser posible.

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