Relatos

Tlalpujahua, esferas y monarcas

¿Tienes salidas a Taxco? Pregunté a la joven del mostrador de una de las empresas de autobuses en la Terminal Central del Poniente de la Ciudad de México. Su rostro me decía que tenía varias horas sentada vendiendo boletos; tuve el presentimiento de que me mandaría a freír espárragos, es decir, que no me tendría paciencia  para mi porque no tenía muy claro mi destino; seguramente para ella, el mejor cliente es aquel que llega y compra  su boleto de autobús sin titubear y se va,  pero esa no era yo.

Las salidas para Taxco no son aquí, te tienes que ir a la Taxqueña– respondió. Es decir, estaba en la central de autobuses equivocada, esa estación está en el sur de la ciudad. No había tiempo de tomar el pesero, el metro, el taxi o el metrobus para llegar al otro punto. Eso me tomaría al menos un par de horas entre buscar el transporte y cruzar la ciudad famosa por la congestión vehicular. Además aquel día era un viernes; sólo buscaba escaparme el fin de semana.

¿Cómo solucionar esto? Volteé a ver la pizarra y el único destino cercano que identificaba era Ciudad Hidalgo, pero la salida estaba marcada para dos horas más tarde, así que hice la pregunta del millón a la chica del mostrador, un poco predispuesta a una respuesta poco favorable.

¿A dónde puedo ir que no esté a más de tres horas de camino, me pueda regresar mañana y esté próximo a salir?

  • Le pensó unos segundos y dice: Tlalpujahua.
  • ¿Tla qué?
  • Tlalpujahua, me repitió .

No tenía ni la remota idea de dónde quedaba tal, tlal… Tlalpujahua, ni a qué estado pertenecía; pensé que estaba en el Estado de México, pero también, en más de una ocasión me ha pasado mismo, puesto que soy originaria de un estado en donde las distancias son más largas comparadas con el centro del país, así que en el punto donde me encontraba, en media hora era posible estar fuera del área metropolitana de la Ciudad de México, es decir, pisar otra realidad, justo lo que estaba buscando.

$190 Pesos el boleto, poco más de $10 dólares y menos de 10€ y  mochilas listas. ¡Vámonos! No tenía nada que pensar. Quería irme a algún lugar nuevo, a cualquier parte que fuera desconocido porque estaba segura que al no buscar nada, sólo me centraría en dejar pasar el tiempo en otro contexto y que terminaría por descubrir algo interesante.

Sentada en el autobús y con la tecnología en mano, descubrí que Tlalpujahua se encontraba en Michoacán. ¿Michoacán? Rápidamente me transporté a mis clases de geografía para poder intentar identificar la ruta, ¿hacia el suroeste o noroeste? No estaba completamente segura del camino que tomaría el autobús, pero tampoco me importaba.

Leer, comer, dormir, ver televisión del autobús, perderme en el paisaje que me deja ver la ventanilla, tres horas pasan rápido. Durante el camino, sentía que de un momento a otro llegaríamos, la presencia de pequeñas poblaciones se asomaba, unas después de otras. Miré una tienda que decía Tlalpujahua, no pasaron diez minutos cuando nos recibía un gran letrero: Bienvenidos a San Francisco de los Reyes.  Me levanté inmediatamente y le comenté al chofer que mi destino era Tlalpujahua, pasó por mi cabeza que ya había perdido mi punto a visitar, perdí tiempo, ya sentía que perdería un día.

  • No, pues está atrás, ¿por qué no te bajaste?
  • ¿Cómo me voy a bajar si no sé dónde es? ¿Qué no llegaría a una central?
  • No hay central, es en la Plaza, ya se le pasó. Bájese.

Nos pasamos por no más de 15 minutos de distancia de Tlalpujahua, así que taxi por $25 pesos y directo al hotel, recomendado por cierto, por el mismo taxista. Así llegué al Hotel San Jorge,  propiedad de Don Jorge, en el que, por $280 pesos, se puede obtener una habitación doble con televisión y cable, agua caliente, cobijas y más cobijas. Una casona estilo antiguo en un ambiente mexicano, con paredes azul con amarillo, color rosa en las esquinas y las tonalidades verdes en los marcos; una atmósfera kitsch de la mexicanidad de la región.

Don Jorge fue una especie de guía, y buen amigo en este viaje; fue el encargado de la orientación, de las sugerencias y de uno que otro consejo turístico sobre este Pueblo Mágico de origen prehispánico, caracterizado por sus montañas y bosques de conífera.

En Tlalpujahua, en octubre, año con año se realiza el Festival Internacional de Cine Fantástico y de Terror, uno de los festivales más sólidos y de mayor crecimiento en México y se consolida como uno de los principales productos culturales y turísticos del estado de Michoacán y acaba de celebrar su 6ta edición.

Además, es un pueblo minero por excelencia, famoso por su fabricación de esferas navideñas; y como dato extra, los Yankees de Nueva York jugaron contra el equipo de Tlalpujahua “Los Mineros de 2 Estrellas” en las dos primeras décadas de 1900, ¿adivinen quién ganó? Nuestros mineros. Una historia interesante que radica que en el descubrimiento de la mina por parte del ingeniero francés Francisco J. Fournier, que convirtió a la mina de Tlalpujahua en la primera mina moderna del país, contando con un total de 5,000 trabajadores. Se llegaron a sacar dos mil toneladas diarias de rocas para separar el oro del cuarzo.

A partir de 1915, los valores bajaron y para mantener las ganancias se exprimió al trabajador cuyo salario era de $0.75 a $3.00 pesos, menos de 25 centavos de dólar y menos de 20 céntimos de euro y con eso, adquirían sus productos básicos en la tienda de raya con intereses del 48% mensual. La vida de los mineros está plasmada en el Museo Tecnológico Minero del Siglo XIX. Vale la pena visitarlo, marcó también una época para este país.

Caminar por este pueblo, es mágico, oler el adobe de las casas, conocer la parroquia de la Virgen del Carmen, semi enterrada por los asentamientos e inundaciones, te permite conocer la arquitectura colonial;  la comida típica que va desde el pan de pulque del Real de Arriba, el pan de pucha de Tlacotepec, los nopales en escabeche, la cabeza de res y la barbacoa cocida en tradicionales hornos de piedra, el mole de guajolote, las corundas, los uchepos de cuchara, la fruta en conserva, hasta la sopa mazahua y la sopa de hongos. Todo altamente recomendable, hay que probar y todo lo encontré en el mercado y sus alrededores que sin duda, mi platillo favorito fue la famosa barbacoa con la salsa borracha en su punto.

Lo mejor estaba por venir, ese fue un sábado completo, pero el domingo, Don Jorge me proporcionó un día inolvidable, sin exagerar una de las mejores experiencias que hasta hoy he disfrutado y la cual repetiría cada año. El mejor de los contactos con la naturaleza y su maravillosa sensación de hacerte sentir vivo.

Tlalpujahua se encuentra a unos treinta minutos de los santuarios de las Mariposas Monarca. Don Jorge se ofreció a llevarme y para ese entonces, no solo era el dueño del hotel, hotel en donde nació junto con sus 13 hermanos y en donde hoy vive con su esposa y una de sus hijas, Don Jorge se convirtió en protagonista de este viaje.

MariposasMoncarca

Fueron 29 kilómetros recorridos en el taxi de Don Jorge con dirección al Santuario Sierra Chincua, las condiciones ambientales como la flora y temperatura son ideales para la Mariposa Monarca, llegan aquí de acuerdo a su orientación definida como un fenómeno magnético, es decir, viajan a sitios con alguna particularidad magnética.

La migración se logra por un complejo sistema de orientación y navegación que incluye el sol, el campo magnético de la tierra y las formas físicas del suelo, increíblemente atraviesan cerca de 4 mil 500 kilómetros huyendo de los fuertes fríos existentes en Canadá y Estados Unidos, huyen del invierno y llegan a tierras mexicanas buscando refugio en los bosques de la Reserva de Biosfera.

Llegar a ellas no es fácil, ya en el Santuario, se tiene que realizar una caminata de dos horas, una si recorres la ruta en caballo. El recorrido es la búsqueda del punto más alto de la montaña, vistas panorámicas que sencillamente te hacen desaparecer del mapa, árboles que son tan grandes que no alcanzas a distinguir dónde termina su altura, caminas sobre tierra, piedras, vegetación variada y poco a poco, cuando crees que no tiene fin, empiezas a descender lo que subiste.

Bajar no es tan difícil, mucho menos cuando empiezas a ver a lo lejos, no cientos ni miles, sino millones de mariposas que buscan el sol y evaden la sombra.

Una vez cerca, simplemente la sonrisa parece estar sellada en el rostro. La sensación de ver a tantas mariposas volar y tan cerca de ti, es el sinónimo de poder estar debajo del mar sin problemas de respiración; te adentras a su hábitat, como si fueras una más, una monarca.

Me cansé de tomar fotos, pero nunca de verlas. Al principio caminaba y las buscaba para ver si al acercarme volaban, retándolas. Aprendí a sentarme y admirarlas: sus colores, sus formas, sus tamaños, su velocidad, su pasividad, se muestran tan frágiles, pero son unas campeonas viajeras. Las Mariposas Monarca se dejan querer, te dejan admirarlas, cambian tu percepción de la naturaleza, te desprendes de cualquier pensamiento y te envuelven en su vuelo. Vuelas junto con ellas, se vive, las vives. El regreso ya fue a caballo, inevitablemente amas al caballo por ser el facilitador de los caminos, del cansancio y de la tranquilidad con la que puedes admirar bosques, sierras, paisajes.

Cuando regresé a casa, recordé a la joven de la Central Camionera; con ganas de regresar y decirle: Gracias por la recomendación.

 

Categorías
Relatos

Estudió comunicación en Tijuana y se especializó en periodismo de viajes en Barcelona, es editora y creadora de contenidos viajeros.

Deja un comentario

*

*