Colaboraciones

Sonidos de Canadá

Tenía poco de haberme instalado en Toronto, por aquellos entonces escuchaba, casi como una manda, a Mew, Alfredo Zitarrosa, Adicta, Los Mirlos, Mando Diao y Tokyo Sex Destruction.

Recién me acomodaba en mi trabajo por aquella calle inconmensurablemente larga, la Yonge St. Llegaba al trabajo donde otros cabrones estaban ya prendiendo el primero del día escuchando algo de música buena, una ventaja de trabajar en una discográfica es la diversidad y el fácil acceso a nuevas músicas. Poníamos los discos en “random” y cada uno elegía sus discos favoritos que aleatoriamente sonaban en la pequeña oficina. Donde ocasionalmente algunos sonreían al escuchar sus rolas o se dejaban ir con el groove de alguna rola que algún compañero había puesto, las bandas, managers, proveedores entraban y a veces nos preguntaban que sonaba. Hablábamos a través de los discos. Cuando daba la hora de cerrar, nos perfilábamos rumbo al Sneeky Dees en la mítica College St. a escuchar alguna bandita local….alguna hora bien conocidas, que incluso han tocado en festivales del denominado Mainstream. Acompañados de pitchers, unos pinches nachos que francamente no recuerdo a que sabían, y la esquina pa´ ir a echar humo, la noche podía seguir en casa de algún compañero donde ponía en vinilo de los Stone Roses mientras cotorreábamos pendejada y media. Sonidos de Canadá.

Nunca faltaba el que entraba a la oficina con boletos, creo que del 2005 al 2007 he visto más grupos de los que jamás imaginé, ni si quiera me voy a tomar la molestia de enumerarlos ya que me parece francamente aburrido. Pero recuerdo el camino a los diferentes lugares, teatros pequeños, bares, incluso estadios, salir del jale ir por una rebanada de pizza ahí cerca de la oficina chingarme una cerveza, de ahí a algún bar a esperar el concierto cerveza en mano y ver que deparaba la noche. Gente interesante si conocí, Frases acuñadas como el “aburrimiento canadiense” y que Toronto es la versión light de New York yo creo que Toronto es una gran ciudad que para mí fue fundamental en éste tripeo que lleva 8 años y me ha llevado por algunas partes.

El ambiente en el cual me desenvolví en esa etapa fue cien por ciento musical, desarrollando lazos de amistad a través de la música, de la retroalimentación, de los sonidos minimalistas, del garage, de la cumbia amazónica. Las fiestas en casa eran eclécticas muchas veces me tocó estar al frente de la musicalización donde hice mis pininos como dillei, más por descarte y envalentonado por el Crown Royal, la Canadian o la Molson que por otra cosa, pero muchas veces se lograba establecer un clima a ritmo del bajo pesado, del giro repetitivo y el hipnótico órgano. Muchos de los asistentes ajenos al ritmo y en por trance y repetición más que otra cosa se entregaban al ritmo. A esa cumbia tan lejana y a su vez tan cercana, que por un momento los hacía olvidar de los -18 y casi podían sentir el tucán o el sa-sa-sa-sabor, el bajo pesado mientras se daban otro pipazo y yo metido como un manipulador sónico en la compu o en la mesa observaba y me dejaba llevar para ocasionalmente levanatar la mirada, mover las patas a ritmo y darle un sorbo a mi trago en turno.

Por lo general al volver en mi casa, cuando no me quedaba ahí en la casa en turno, ponía mi “discman” con algún disco a esperar el Blue Line donde todos los pasajeros venían de algún lugar donde habían tratado de olvidarse del ridículo frío y todos por lo general callados escuchando en sus reproductores algunas música, parejas fajando sin que nada más importe y yo como un observador, en el viaje también, a veces acompañados a veces no, rumbo a la parte norte de la ciudad ese hermoso “basement” que fue mi hogar durante un buen tiempo.

Foto y texto: Mario Beltrán

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