América

De ruta por el corazón del muralismo mexicano

Estaba en el Castillo de Chapultepec en la Ciudad de México, frente a un mural que plasmaba a los hombres y las mujeres protagonistas del México posterior a la Revolución Mexicana de 1910.  Diferencia de clases sociales, el hombre indígena, el hombre burgués, los mexicanos y los extranjeros. Estaba frente a un discurso visual de 400 metros titulado “Del Porfiriato a la Revolución” (1957- 1966) de David Alfaro Siqueiros, que de pronto me recordó un viaje a Chiapas.

En la cima de la acrópolis de la ciudad maya de Bonampak hay tres habitaciones, en cada una podemos ver pinturas hechas sobre la pared, murales que no parecen tener tres siglos de vida y que nos ayudan a interpretar la historia de la Cultura Maya; por esto es conocida Bonampak como la ciudad de los muros pintados. Me pareció entender el poder de la pintura para la historia, pero lo es más, la que se hace para todos. Aquellas culturas, como esta, hicieron un registro de hechos y costumbres que nos dejan un rico legado cultural y que representa una gran ventana.

“La forma más alta, más lógica, más pura y fuerte de la pintura, es la mural. Es también la forma más desinteresada, ya que no puede ser escondida para beneficio de unos cuantos privilegiados. Es para el pueblo. Es para todos”. José Clemente Orozco

“Del Porfiriato a la Revolución” (1957- 1966) de David Alfaro Siqueiros en Castillo de Chapultepec de la Ciudad de México |Fotografía: Arlene Bayliss

“Del Porfiriato a la Revolución” (1957- 1966) de David Alfaro Siqueiros en Castillo de Chapultepec de la Ciudad de México |Fotografía: Arlene Bayliss

En la escalera principal de Palacio Nacional un mural de Diego Rivera, que se inició con esta pieza en 1929, nos provee de una concepción de la historia de México que viaja por la cultura tolteca, la llegada del hombre blanco y los conflictos generados entre distintos pueblos, el dios Quetzalcóatl en forma de serpiente emplumada; un águila, la conquista espiritual de los franciscanos evangelizando, las luchas ganadas que habían hecho a un México independiente; campesinos y obreros contra la propiedad privada, la burguesía mexicana y extranjera; la riqueza de la tierra con el cultivo del algodón, el cacao y por supuesto, el maíz.

“El hombre en la encrucijada” (1941) de José Clemente Orozco, es una representación sangrienta del proceso que vivió el país en su transición a la modernidad e industrialización. Un capítulo que podemos leer en el edificio público de la Suprema Corte de Justicia de la Nación en cuatro tableros. De forma crítica el muralista satiriza y expone la práctica de la justicia, la repartición de las riquezas y los movimientos sociales de la época.

En el Museo del Palacio de Bellas Artes, David Alfaro Siqueiros pintó “México por la democracia y la independencia” inaugurado el 20 de noviembre de 1944. Un año después el artista hizo crecer el mural con “Víctimas de la guerra” y “Víctimas del fascismo”. Imaginen lectores, a una mujer emergiendo de un volcán, rompiendo las cadenas de sus puños como liberación de la opresión. Siqueiros declaró el día de la inauguración: “es un canto a Cuauhtémoc y una imagen de la lucha que tienen que sostener los pueblos débiles”.

Fueron precisamente Siqueiros, Rivera y Orozco, “Los tres grandes”, los artistas más representativos de aquel programa lanzado por José Vasconcelos, el primer titular de la Secretaría de Educación Pública del país que abrió los espacios públicos como cuadro a hechos sociales convertidos en monumentos. Fueron hospitales, iglesias, teatros, edificios públicos los lienzos que, como aquellos mayas, nos cuentan una historia que combina la pintura con la arquitectura.

“Vamos a sacar la producción pictórica y escultórica de los museos -cementerios- y de las manos privadas para hacer de ellas un elemento de máximo servicio público y un bien colectivo, útil para la cultura de las grandes masas populares”. David Alfaro Siqueiros.

"México y la historia de la Medicina en México, , por Antonio González OrozcoHospital de Jesús de Nazareno.

“La historia de la Medicina en México” por Antonio González Orozco en el Hospital de Jesús, Centro Histórico de la Ciudad de México. |Fotografía: Arlene Bayliss

Existen al menos 95 obras de 38 pintores en 22 recintos en el país. Pero de todas las zonas donde se encuentran murales, incluso fuera de México, existe una que representa el corazón del muralismo mexicano, el Centro Histórico de la Ciudad de México, la Bonampak contemporánea.

Ruta por el corazón del muralismo mexicano

  • Palacio de Bellas Artes: ¿Qué mejor lugar para empezar una ruta de murales que el recinto cultural más importante del país? Sus paredes están decoradas con once murales realizados por los más grandes: José Clemente Orozco, Diego Rivera, Rufino Tamayo, Jorge González Camarena, Roberto Montenegro y Manuel Rodríguez Lozano. Todos ellos y sus murales juntos. 
  • La Casa de los Azulejos: Sólo es necesario cruzar la calle del Palacio Bellas Artes hacia la Torre Latinoamericana, y justo enfrente está lo que fue la residencia de los Condes del Valle de Orizaba, hoy es un famoso restaurante donde se esconden dos joyas del muralismo. En el patio principal “Pavorreales” (1918) del artista húngaro Pacologue y  “Omnisciencia” (1925) de José Clemente Orozco en la pared de las escaleras de la casa. 
  • Secretaría de Educación Pública: En el edificio de la calle de Argentina, Diego Rivera pintó, entre 1923 y 1928 en los muros, escaleras y patios de las tres plantas del recinto. Nos cuenta varias historias sobre las tradiciones del pueblo mexicano, sus fiestas populares y las celebraciones religiosas. En el segundo patio se conservan dos frescos del artista Jean Charlot y dos más de Amado de la Cueva. Pero es en la tercera planta donde se encuentran los murales más espectaculares del edificio. A lo largo de 26 murales se ilustran las estrofas de tres corridos: “La Balada de Zapata”, “La Revolución Agraria de 1910” y “Así será la Revolución Proletaria”. Los murales constituyen una alegoría de la Revolución Mexicana y una crítica mordaz a los opositores y detractores de Rivera.
  • Antiguo edificio de Aduanas:  Con casi cinco siglos de historia, este palacio fue decorado en 1946 con “Patricios y Patricidas” de David Alfaro Siqueiros; una obra inacabada debido a la muerte del artista, quien donó su casa en Ciudad de México desde 1969 a las Salas de Arte Público y al Museo de Composición de Pintura Mural.
  • Antiguo Colegio de San Ildefonso: Se trata de la que fue la Escuela Nacional Preparatoria, uno de los ejemplos barrocos más sobresalientes de la arquitectura civil de la Ciudad de México, donde Diego Rivera, Jean Charlot, Fernando Leal, David Alfaro Siqueiros, Ramón Alva, Fermín Revueltas y José Clemente Orozco hicieron suyo este edificio. Hoy además, es uno de los recintos culturales más importantes del país.
  • Antigua Casa de Moneda: En el número 13 de la calle de Moneda se encuentra el Museo Nacional de las Culturas y en sus escaleras, “Revolución” (1938) de Rufino Tamayo, llamado el cuarto grande del muralismo mexicano. Una pintura que expone la lucha armada y el fin del porfirismo.
  • Casa de los Condes de Miravalle: Una casa con historia propia que ha sobrevivido al tiempo y que hoy es un hotel en la calle Isabel La Católica número 30. Aquí, entre 1944 y 1945,  Manuel Rodríguez Lozano dio vida a “El Holocausto”; tiempos en los que se vivía la Segunda Guerra Mundial.
  • Palacio Nacional: La sede del poder ejecutivo, que fue la segunda residencia de Hernán Cortés, resguarda cinco murales que entre 1929 y 1951 realizó el gran Diego Rivera. Y es que, el muralismo además de ser una técnica para espacios abiertos, fue una herramienta didáctica para transmitir mensajes a la población.
  • Hospital de Jesús: Ubicado en la Avenida 20 de noviembre número 82, Se trata del primer hospital de América inaugurado por Hernán Cortés en 1524: Es uno de los edificios más antiguos de la ciudad que aún funciona como hospital. En él se encuentran 70 metros que cuentan la historia de la medicina, desde la época prehispánica hasta la llegada de los españoles, obra de Antonio González Orozco. También se encuentran dos murales del artista boliviano Roberto Berdecio, “Dioses prehispánicos de la agricultura” y “El hombre y el maíz”, ambos de 1964. (Recuerda que es un hospital, mi recomendación es que como entres, salgas con discreción.
  • Templo de Jesús de Nazareno: Seguramente uno de los murales más escondidos y menos conocidos de la ciudad, pero de una riqueza histórica invaluable. En el coro y parte de la nave de la iglesia podemos ver “Apocalipsis”  de José Clemente Orozco. El artista trabajó aquí desde 1942 hasta 1944 sin terminar la pintura mural, sin que esto represente menos valor para la pieza. (Busca asiento en las primeras bancas de la iglesia y observa la placa roja que se ubica de lado izquierdo).

Durante más de treinta años el muralismo mexicano se plasmó en diferentes ciudades de México, de América Latina y de Estados Unidos. Hoy reconocida como la corriente artística del país más importante del siglo XX, sigue dándonos información e imaginación. Aquel contar y documentar de las culturas prehispánicas es la inspiración de lo que fue una revolución cultural. Como aquellos mayas de Bonampak, los artistas de este movimiento nos dejaron su versión en las paredes, en los techos, en el teatro, en oficinas, en el mercado, en la ciudad.

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Estudió comunicación en Tijuana y se especializó en periodismo de viajes en Barcelona, es editora y creadora de contenidos viajeros.

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