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Rafting en Barinas, Venezuela

Casco, chaleco salvavidas, balsa y remos arriba. Preparada con todo el equipo para hacer rafting por primera vez con una buena dosis de miedo, adrenalina y emoción que solo te dan las experiencias extremas y desconocidas.

El “rafting” o descenso de ríos es considerado un deporte extremo con un origen que no está esclarecido totalmente, ocupó su lugar en el mapa desde su inclusión como disciplina deportiva en los accidentados Juegos Olímpicos de Munich en el año 1972. Se practica en ríos de aguas blancas con una dificultad que se mide en seis niveles. Esta clasificación varía según la turbulencia de las aguas, la cantidad de piedras, los remolinos de agua o “rápidos”, las olas y las depresiones o huecos que se producen en el cauce del río que se desciende en el sentido de la corriente. Los niveles más emocionantes, aptos para navegar con un guía y un poco de orientación previa, son los que van del nivel III al V, el nivel VI se considera apto sólo para suicidas.

El lugar escogido para mi iniciación a los deportes extremos fue el Estado Barinas, ubicado en los llanos venezolanos en el centroccidente del país, allí se encuentran los ríos Acequias (nivel III) y Sinigüís (nivel IV). Son ríos de aguas bravas desde su origen en las alturas de la Sierra Nevada del vecino Estado Mérida. El mismo lugar donde se encuentran los picos de la Cordillera de los Andes, cadena montañosa que se extiende desde Venezuela hasta el extremo sur de Chile. El río Sinigüís, nace en la Laguna del Santo Cristo, la laguna glaciar más grande del Estado Mérida a 3.600 msnm. El río Acequias viene a ser un tributario del Sinigüís y por tanto, su caudal es menos recio y tiene menor longitud.

El río Acequias de nivel III se navega el primer día, por ser de un nivel más bajo sirve como preparación o entrenamiento para el rafting al día siguiente en el río Sinigüis de nivel IV. Resultó que la noche anterior a mi llegada al campamento había llovido de forma constante, aunque el día regalaba un cielo despejado, el río que debía ser de aguas blancas, era de aguas marrones, revueltas, enfurecidas por la crecida de la lluvia. Como consecuencia, había remolinos, rápidos, olas, piedras y huecos más agresivos de lo esperado.

RAFTING RIO ACEQUIAS

Con el equipo listo, conocí al guía de la actividad, era un muchacho delgado, sonriente, oriundo de la región, uno de esos que desde muy jóvenes se dedican a jugar en las aguas del río nadando, en kayak y haciendo rafting y aunque escasamente superaba la mayoría de edad, se conoce la zona mejor que su propia casa. Eramos ocho personas en la balsa, dos generaciones, cuatro entre los 20 y los 30 años que nos sentíamos muy aventureros por estar allí, hasta que conocimos a las dos parejas mayores de 55 años que también hacían rafting por primera vez. Ellos eran los verdaderos aventureros, admirables para mi, por no perder esas ganas de superar nuevos retos antes que sus propios hijos.

Entre risas, buen humor y el grito de guerra: remos arriba comenzó la experiencia aguas abajo. Tomé posición en la balsa, segunda del lado derecho, solo un amigo por delante de mi, otros dos detrás de mi, cuatro más del lado izquierdo y el guía en el extremo posterior de la balsa, con su remo-timón y su astucia para ver lo que se avecina y dirigir la travesía al ritmo de la canción remos arriba, remos abajo, todos afuera y todos adentro según como el río marcara la pauta.

El recorrido comienza remando con suavidad, algunas piedras y olas como calentamiento. Más adelante, descendimos de la balsa en una superficie poco profunda del río, con aguas cristalinas y mansas, para recibir instrucciones de seguridad en caso de caernos. Como en las aerolíneas antes del despegue de un vuelo, mientras prestaba atención, por dentro estaba deseando no tener nunca que hacer uso de esas instrucciones. En fila, uno tras otro, tocó mi turno, me dejé llevar por el río en posición horizontal, los pies siempre sobre el nivel del agua para flotar con el chaleco salvavidas y atenta a la cuerda que lanzan los guías para aferrar tu vida a ella antes que te revuelquen las aguas y te arrastre la corriente ante una hipotética caída. El simulacro fue muy sencillo, volví a la balsa, más preparada que nunca para la acción y la adrenalina que no tardaron en llegar.

RAFTING RIO SINIGÜIS

Siempre muy atenta a las instrucciones del guía, me creía una atleta, remando mal pero con ganas, bajando por las aguas revueltas del río, superando rocas y remolinos, empapada de pies a cabeza, de vez en cuando tragando agua y no por sed, sino porque entre gritos y risas se va colando, sentía una emoción y una fuerza que solo transmite el contacto con la naturaleza multiplicado por el riesgo y la aventura. De repente, una enorme piedra estaba al frente de nosotros, cómo la esquivamos pensé, teníamos que remar hacia la derecha pero había otra balsa y ahora qué, transcurrieron segundos mientras el río nos hizo chocar con la otra balsa, encallar contra la piedra, se inclinó nuestra balsa hundiéndose del lado izquierdo, yo del lado derecho elevada me vi cayendo sobre uno de mis compañeros, a quién le clavé un pie por la espalda mientras caía al agua y en segundos estaba yo también en medio del remolino bajo el agua, trataba de salir y me golpeaba la balsa en la cabeza, segundos de pánico, no podía abrir los ojos bajo el agua por no perder las lentillas (más que nada porque soy miope de nacimiento, es decir, sin ellas no veo ni a un metro de distancia), recordaba las instrucciones, esperaba el momento para poder sacar los pies a la superficie, dejarme llevar por la corriente hasta que me rescataran, sin saber cuándo porque caímos siete de la balsa.

Se me hizo una eternidad hasta que al fin iba en posición horizontal, mirando a mi alrededor, preguntándome hacia dónde me llevaba el río, dónde estaban mis amigos que habían caído, cómo harían para rescatarnos a todos, dónde estaba la cuerda que me habían explicado antes. Arrastrada río abajo por la corriente, aunque sabía que nos ayudarían, estaba asustada porque no sabía si el río me llevaría a zonas de mayor riesgo. En ese momento, vi que se acercaba una balsa diferente de dónde me había caído, uno de mis amigos ya estaba ahí, no hubo ninguna cuerda de salvación, me halaban por los brazos para subirme, mi reacción en lugar de subirme desesperadamente, fue decirles que había muchas personas en esa balsa y nos podíamos voltear por el peso, mejor esperaría que llegara mi balsa vacía al rescate o al menos una con menos gente. Absurdo y traicionero miedo. Por supuesto, no me hicieron caso y me elevaron por los brazos hasta que estuve a salvo.

Superada la inolvidable experiencia que se convirtió en la anécdota del viaje, todavía faltaba hacer rafting al día siguiente en un río de mayor nivel de dificultad. Pasé la noche desvelada recordando el incidente con la certeza que se repetiría. Como había ido hasta allí para hacer rafting los dos días y mis amigos no me dejarían en paz si por cobarde no lo hacía, busqué una solución. En la caída, las únicas personas que permanecieron en la balsa fueron el guía y una de las señoras de cincuenta y tantos que iba al lado derecho del guía, por lo tanto, ese fue el lugar que escogí para navegar el río Sinigüís. Es mucho más emocionante vivir la experiencia del rafting en la parte delantera de la balsa, las caídas se sienten con más fuerza, las olas te bañan por completo, los saltos que se avecinan son avistados sin obstáculos y también, hay muchas más probabilidades de vivir la experiencia  de caer de la balsa y ser arrastrado por el río si te gustan las dosis desmesuradas de adrenalina.

Si eres de los que quieres practicar rafting pero te da un poco de miedo, te recomiendo ubicarte en la parte trasera y si quieres disfrutar la experiencia a todo lo que da, con caídas incluidas, tu lugar está al frente de la acción. No se que recomiendan los expertos ni los guías, yo que estuve en los dos lugares percibí la diferencia. Lo importante es lanzarse a la aventura con la actitud y los remos arriba.

Fotografías: Campamento Guamanchi
 
 
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Viajera independiente, venezolana de nacimiento y española de herencia. Ha fusionado su experiencia profesional en Marketing con el Periodismo de Viajes. Emprende cada viaje atraída por la diversidad cultural, la naturaleza, la gastronomía, la fotografía y la reflexión.

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