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Porque sigue siendo necesario: 8 de marzo

Una crónica de la huelga general feminista del 8M en España

“Que el empoderamiento nada tiene que ver con las velocidades, ni con el humo de los motores y de las máquinas, nuestras piernas, nuestro sudor, nuestra respiración fuerte y rápida puede llevarnos a donde queremos sin dañar el planeta que nos sostiene”, decía emocionada la mujer del megáfono que hacía una pausa para gritar y escuchar los aplausos. Y siguió:. “Las mujeres de todo el mundo estamos convocadas a la huelga feminista para defender nuestros derechos. Somos muchas, vivimos en los pueblos y en las ciudades. Trabajamos en el ámbito laboral y en el de los cuidados. Somos payas, gitanas, mujeres con diversidad. Nuestras edades son todas. Somos las que no están, somos las presas, somos las que se quedaron en las fronteras, somos todas”. 

Eran las diez de la mañana en Madrid, y yo en Barcelona siguiendo las noticias. El pistolazo de salida de las empoderadas en bicicleta fue una de las primeras acciones de un jueves que se volvió histórico: La huelga general feminista del 8 de marzo en España. Las felicitaciones, los regalos, las flores y los chocolates se transformaron en pancartas: “libres, juntas y diversas”, “mujer, no me gustas cuando callas”, “somos el grito de las que no están”, “de camino a casa quiero ser libre, no valiente”, “vivas nos queremos”. “Si nosotras paramos, paramos el mundo”. 

 

Las periodistas que tomaron los titulares

Las periodistas paramos, Barcelona 8M

Las periodistas paramos y la lectura de su manifiesto en Barcelona. |Fotografía: Arlene Bayliss

“¿Harás el paro?”, “¿irás a la lectura del manifiesto?”, eran las preguntas que más se repetían los días previos. Las trabajadoras del periodismo y la comunicación se habían organizado y habían lanzado un manifiesto firmado por más de 8.000 mujeres periodistas. Fueron ellas las que días antes al 8M comenzaron a tomar los titulares y teñirlos de morado. Y fueron ellas las que también me motivaron a firmar y salir a la calle y a animar a mis colegas y amigas. 

Distintas ciudades leyeron simultáneamente el manifiesto al mediodía y aunque iba en calidad de manifestante, no pude evitar llegar hasta el frente para tomar la fotografía del momento y escuchar: “Todas sufrimos el mismo machismo que las mujeres del resto de sectores –precariedad, inseguridad laboral, brecha salarial, techo de cristal, acoso sexual o ninguneos– pero con las particularidades asociadas a nuestra profesión. Somos conscientes de la relevancia social de nuestro trabajo y, por eso, mostramos también nuestra preocupación por la visión parcial de la realidad que tantas veces ofrecen los medios y en la que falta la presencia y aportaciones de las mujeres. El feminismo también es necesario para mejorar el periodismo. 

 

Las mujeres paramos, un 8M histórico

Huelga Feminista Zaragoza, España

Huelga feminista en Zaragoza. |Fotografía: Javier Belver, agencia EFE

 

A estas alturas de la mañana, ya se habían sumado las científicas, las enfermeras, las maestras, las mujeres sanitarias, las deportistas, las académicas, las mujeres del libro, las abogadas y mujeres diversas a la gran manifestación de las 19 horas. Los medios de comunicación llamaban a la jornada la primera huelga general feminista realizada en España para exigir igualdad real

“¡Nos vemos en el bar estudiantil a las seis!”. Una hora antes o quizás dos, escribí con el plumón más grueso que encontré: “Feminismo es igualdad” en un pedazo de cartón reciclado para irme al punto de encuentro. Mientras lo escribía  pensé en las mujeres de mi vida, y en cómo desde niña había una línea educativa para las “señoritas”, el deber ser de las niñas, el deber ser de las mujeres. Pero sobre todo, pensé en la mujer de México, en mis tías, en mis primas, en mis amigas, pensé en todas. América Latina y el Caribe es la región del mundo con mayor violencia hacia las mujeres, sobre todo en Centroamérica y en México.   

Salí sola de casa con mi pancarta, con una emoción que se fue acrecentando en el camino. Apenas en la esquina de casa me encontré a un grupo de chicas adolescentes con pancartas. Sin pensarlo, les animé: “¡Muy bien, chicas!”, y me respondieron con gritos mientras también alzaban sus pancartas. Llegué al metro y me encontré con un pasillo saturado de mujeres. Mujeres con bastón, con sus nietas, con sus hijas, grupos de chicas como las que me encontré cerca de casa. ¡Mujeres por todos lados! Terminé con una docena de amigas que compartimos juntas pancarta y gritamos cada uno de los cantares que pudimos.   

“La revolución viene oliendo a jazmín”, “soy el león que se comió las mariposas”, “lo contrario al feminismo es la ignorancia”, “igualdad”, “calladita no estás más guapa”, “somos las nietas de las brujas que no pudiste matar”, “ninguna mujer tiene un orgasmo limpiando la cocina”, “paramos el mundo juntas”, “empodérate, hermana”, “la fruta es exótica, yo no”, “lo que no tuve para mi, que sea para vosotras”, “no más violencia contra las mujeres”, “si tocan a una, nos tocan a todas”, “yo no salí de tu costilla, tú saliste de mi coño”. Barcelona se abarrotó de mujeres con pancartas y estaba pasando lo mismo en otras tantas ciudades del país. 

Mary Beard dice en su libro Mujeres y poder: “No es fácil hacer encajar a las mujeres en una estructura que, de entrada, está codificada como masculina: lo que hay que hacer es cambiarla”. Un canto puede comenzar a cambiar las cosas: 

El canto de las mujeres de Bilbao dio la vuelta al mundo después de ser mencionadas por The New York Times.

Mujeres en Bilbao 8M

Concentración de mujeres en Bilbao. |Fotografía: Vicent West de Reuters.

¡A la huelga, compañeras!

¡No vayáis a trabajar!

Deja el cazo y la herramienta,

¡A la huelga diez!

¡A la huelga cien!

¡A la huelga madre ven tú también!

¡A la huelga cien!

¡A la huelga mil!

Yo por ellas, madre, y ellas por mí.

Contra el estado machista

nos vamos a levantar,

vamos todas las mujeres

a la huelga general.

 

La movilización del Día de la Mujer fue convocada en más de 170 países. España fue el único país europeo que convocó a una huelga de 24 horas y tiempos parciales. Una movilización inspirada en el “día libre de las mujeres” de Islandia de 1975, en el que el 90% de la población femenina de la isla dejó de trabajar para manifestarse por la igualdad. El país se paralizó. Literalmente. Las islandesas ocupaban entonces apenas el 5% de los escaños del Parlamento, cinco años después, Vigdis Finnbogadottir fue elegida presidenta del país. 

Se habla de casi 6 millones de mujeres que se sumaron a la huelga general y a los paros convocados por organizaciones feministas y sindicatos en una movilización sin precedentes. Madrid abarrotó sus calles, también Valencia, Palma de Mallorca, Sevilla, Málaga, Vigo, Santiago de Compostela, Santa Cruz de Tenerife, Zaragoza, Las Palmas, Pamplona, Toledo, entre otras.

 

¿Por qué era necesaria una huelga feminista? 

En el territorio español cada 40 minutos una mujer pone una denuncia por violencia de género. Se reporta una violación cada tres días. Las mujeres, hacen el 70% de las labores domésticas y dedican 2,5 horas más al día a este tipo de actividad, según el instituto de análisis Fedea. Las mujeres cobran entre un 21% y un 23% menos por un trabajo de igual valor. Les cuesta más romper ese techo de cristal que no les deja acceder a las posiciones de responsabilidad. Y eso sólo en España; en otras ciudades del mundo, si algo demostró el  2017 y el hashtag #Metoo es que hay un serio problema de acoso sexual. Solo en la Ciudad de México, el 96% de las mujeres ha experimentado algún tipo de violencia sexual en espacios públicos, y el 58% ha sido manoseada. 

Las trabajadoras de la fábrica textil que en 1857 se manifestaron en Nueva York, sentaron un primer precedente. Pasaron 50 años y se creó la primera Confederación Internacional de Mujeres Socialistas en Stuttgart, en Alemania, y dio pie a la Internacional Socialista de Mujeres que buscaba el voto femenino. En 1909, en Estados Unidos se celebró el primer Día Internacional de la Mujer. Y desde entonces las manifestaciones en el mundo no han parado de exigir igualdad y respeto a las derechos de las mujeres, sobre todo porque sigue siendo necesario sentar más precedentes. 

De regreso a casa, poco a poco, me fui quedando sola en el metro. No estaba tranquila, estaba inquieta, quería hablar, quería ir a otra manifestación, quería una pancarta más grande. Salí del metro y pensé en las chicas, y en lo mucho que me hubiera gustado encontrarlas para escuchar sus sensaciones. Y entonces recordé la importancia de encontrarnos. Virginia Woolf decía que “las mujeres han vivido todos estos siglos como esposas, con el poder mágico y delicioso de reflejar la figura del hombre, el doble de su tamaño natural.” Y recordé una de las pancartas: “La revolución será feminista o no será”. “No hay revolución sin liberación de la mujer”. 

 

  • Fotografía de portada: Cordon Press
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¡Ahorita Vengo! Eso dijo en su casa y no ha vuelto. De Tijuana en Barcelona, licenciada en Comunicación con un Máster en Periodismo de Viajes.

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