Mirada viajera

Peñíscola entre mar y castillo

Su playa es amplia. Cuando se acerca la hora de la caída del sol, te da la sensación de caminar y caminar y tener muy lejos el mar, el mar de Peniscola. Al mojar los pies sientes la arena más suave, fresca y  con aguas poco profundas. Caminar otro tramo es necesario para que el agua nos llegue a las rodillas. No hay olas, sus aguas son tranquilas y armoniosas. Puedes ver a una gran parte de Peñíscola desde su playa. Allí donde la vigila el castillo y la abraza la costa. Donde se encuentra uno de los últimos humedales del Mar Mediterránea. Un ecosistema privilegiado.

En la colina se encuentra su historia. Una muralla construida en diferentes periodos que la decoran y la resguardan. Ciudad de viviendas blancas, con puertas decoradas de macetas de colores, acostumbrada a la brisa y con mucha historia. En Peñíscola se asentaron, probablemente, los fenicios, después los griegos y más tarde llegarían por mar cartagineses, romanos, bizantinos y árabes. Todos han dejado su huella en esta tierra valenciana.

Hace más de ocho siglos se construyó el Castillo Templario de Peñíscola. Los escudos esculpidos en piedra en la cima de la puerta de acceso al castillo, hablan de frey Berenguer de Cardona, que era el Maestre de la Orden del Temple en Aragón y Cataluña y frey Arnaldo de Banyuls.  Un castillo que también recuerda un episodio religioso, pues fue casa del Papa Luna, Benedicto XIII, (1328 – 1423), considerado hoy en un día un antipapa por no dejar su cargo cuando se le fue propuesto y se llegaron a tener tres papas simultáneamente.

Peníscola es un puerto de turismo nacional principalmente, muchos españoles utilizan este rincón cerca de Valencia y Barcelona como un rincón familiar para el verano. Es común que los padres de algunos cuenten con su casa en el casco histórico, que salgan a pasear al Parque de Artillería, donde hay una zona de casamatas y polvorines rodeados de jardines. O vayan a pasear a sus invitados al Museo de la Mar, con exposiciones sobre la pesca y la navegación en la ciudad desde la antigüedad; visitar el Bufador, una gran brecha entre las rocas por la que respira el mar en los días de temporal y que su estornudo de moja de brisa; Muchos son los que pasean por la costa privilegiada, muy cerca de los últimos 14 kilómetros de costa virgen en el Mediterráneo desde Francia hasta Cabo de Gata, en Almería.

Desde enero de 2013, Peñíscola forma parte de la red los pueblos más bonitos de España y no es de sorprenderse con esa península rocosa que en su origen estuvo unida a la tierra y ahora solamente por un istmo de arena que no perdona el disfrutar de los veranos.

 

 

 

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Estudió comunicación en Tijuana y se especializó en periodismo de viajes en Barcelona, es editora y creadora de contenidos viajeros.

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