Planeaba mi viaje por Chihuahua, el Estado Grande de México, y no tenía idea de por dónde empezar, qué incluir y qué dejar fuera. Siendo tan grande en extensión territorial (247.460 km2), tantos los puntos de interés y tan poco el tiempo con el que contaba, lo primero que supe con certeza fue que incluiría Paquimé. Quería ver con mis propios ojos aquello que había visto en las  fotografías de otros y que parecía un laberinto gigante.

Sabía que Paquimé se encontraba en medio del gran desierto que comprende el norte de México. Sus vestigios arqueológicos dejan entrever que ahí, hace miles de años, hubo una cultura que además de ser un centro comercial y religioso de gran relevancia, construyó una ciudad para los hombres. La carretera que me había llevado hasta allí fue aburrida. Toda en línea recta y desértica, sin mucho que ver en el trayecto. La recompensa era llegar al destino y hacerse preguntas.

La zona arqueológica de Paquimé

Paquimé es la ciudad prehispánica más importante del norte de México. A pesar de su pequeñez y fragilidad, conocerla ayuda a entender que el territorio indígena antiguo era tan variado y disperso como los somos ahora los actuales mexicanos. Todos somos parte del mismo país, pero dentro de éste pareciera a veces que hay muchos México diferentes.

Llegué por la tarde, antes de que lo hiciera una tromba con nubes cargadas de agua que se veía venir a lo lejos. Tenía poco tiempo para recorrer el lugar e intentar responder a todas las preguntas que me rondaban la cabeza.

En la zona arqueológica de Paquimé no hay grandes pirámides como las que se encuentran en los yacimientos mayas o aztecas, pero su importancia está en que demuestra que ahí hubo asentamientos humanos que servían de conexión entre el sur y norte del territorio, que desarrollaron sus propias técnicas arquitectónicas y que también, en cierta forma, por su lejanía con el centro del país, fueron de los últimos pueblos nativos en tener contacto con los españoles en el proceso de colonización.

Todas las estructuras están ya sin techos. Sólo quedan paredes externas y algunas internas, debido a que están hechas de adobe (barro, agua y paja), el paso del tiempo, las lluvias y el viento, las han ido erosionando poco a poco, y con ello su historia.

Lo que queda de los edificios de Paquimé son paredes de alrededor de dos metros de altura, lo que demuestra la importancia de su existencia si tomamos en cuenta que según lo que se cree en el norte de México los nativos habían sido nómadas que se movían constantemente en búsqueda de alimentos de acuerdo a las estaciones. Pero ahí está Paquimé. ¿Si esto es lo que queda, cómo debió haberse visto en tiempos gloriosos y cómo es que construido en adobe, aún perdura de pie?

La Zona Arqueológica de Paquimé, Chihuahua. |Fotografía: Nina Pizá

El misterio de la ciudad de los hombres

La tentación de tocar las estructuras me consumía, pero los ojos de los vigilantes del lugar me lo impidieron. Quería compararme yo y mi pequeña estatura con esas gruesas y altas paredes. Me tuve que conformar con aprender que las condiciones del desierto, donde escasea el agua y la vegetación, les forzó a desarrollar técnicas de construcción distintas a otras civilizaciones mesoamericanas.

Sin embargo lograron una arquitectura con la que pudieron levantar edificios multifamiliares de hasta siete pisos de altura, a base de adobe, con muros de un metro de ancho y levantados sin necesidad de cimientos. En todo el complejo se dice que habría habido aproximadamente unos mil setecientos dormitorios.

En realidad, para poder entender la zona arqueológica tuve que preguntar y leer mucho, porque queda tan poco arquitectónicamente y aún persisten tantas dudas entre los mismos arqueólogos, que es imposible comprenderlo todo con la simple contemplación del sitio.

Diversos estudios arqueológicos sobre culturas indígenas americanas indican que los vestigios que regularmente persisten a lo largo de los años, son los de culto a las deidades, y en esta zona es lo contrario: lo que permanece son rastros de los conjuntos habitacionales y casi nada de las áreas sagradas. Por eso Paquimé fue una ciudad construida para los hombres y no para dioses.

Misterios y preguntas

Al finalizar el día, parada frente a los vestigios de Paquimé, me planteé mi propio linaje, ya que también soy oriunda del norte de México. Además de la mezcla de razas que hubo en América entre los nativos y los españoles que acudían a invadir, ¿será que mi sangre pudiera venir en parte de los hombres de esta ciudad? No lo sé, los mismos arqueólogos tienen todavía muchas interrogantes sobre esta cultura; por ejemplo, aún no se sabe qué idioma hablaban, dado que no se han encontrado rastros de escritura. Tampoco han definido exactamente por qué desapareció el pueblo paquimense.

Algunas teorías hablan del ataque de un grupo enemigo que provocó un gran incendio que hizo que los techos de madera de las viviendas cediesen, aplastando a gran parte de la población; mientras que los sobrevivientes pudieron haber sido aniquilado por el enemigo. Lo cierto es que se han encontrado en la zona 300 restos de cadáveres humanos. ¿Así de simple era la vida de antes, que de un plumazo una civilización pudo haber sido borrada de la faz de la tierra dejando atrás sólo su arquitectura y muchas preguntas sin responder? En esto sí se parecen a los mayas, a los aztecas y al resto de culturas mesoamericanas. 

Había valido la pena el viaje de tres horas por una carretera monótona desde la capital chihuahuense hasta Casas Grandes, donde está ubicado Paquimé. Dado que no está sobre la ruta del turístico tren Chepe que cruza Sinaloa y Chihuahua, incluir esta zona en el itinerario había sido como tirar una moneda al aire. Salió águila y gané la apuesta.

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Sobre el autor

Tijuanense, comunicóloga, periodista y viajera. Inquieta por descubrir el mundo para ver y conocer, cómo viven y piensan en el otro lado del planeta. La curiosidad y el miedo a la rutina, es la motivación que la impulsa a viajar y escribir.

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