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El Metro de la Ciudad de México: Un viaje de cinco pesos

En el Metro de la Ciudad de México viajan 5,5 millones de personas cada día. Aunque en 2011 se rompió el récord para llegar a 7,6 millones. Le apodan el “gusano naranja”. La población entera de países como Paraguay, Noruega, Singapur o, incluso la ciudad de Hong Kong, podrían viajar a diario en él. Cinco punto cinco millones de viajes diarios por cinco pesos: es un precio realmente bajo para todo lo que se puede ver.

El Metro es el fluido sanguíneo que alimenta y representa las entrañas de éste monstruo poblacional de muchas cabezas, realidades contradictorias y de cierto grado surrealista que es la Ciudad de México.

El viaje de cinco pesos por el metro de la Ciudad de México

El metro de la Ciudad de México, con doce mueve a más de 5,5 millones de pasajeros al día, se mueve en los niveles de Nueva York, Moscú y Tokio. |Fotografías: Rodrigo Ramos

Viajar en el Metro de la Ciudad de México es experimentar una vida alternativa. Es estar preparado para vivir otra historia personal. Una debajo de la tierra, donde no hay paisajes realmente gratos, donde es un gran logro evitar ser empujado, toqueteado o desvalijado.

Los olores perfumados de la mañana son arranciados en la noche por el sudor producto del trajín cotidiano de los viajeros. El pasajero respira ese aire bochornoso y dioxidocarbonizado que termina por impregnarse en las vestimentas. Durante el trayecto uno puede comprar cualquier cantidad de cosas a los vagoneros, los vendedores ambulantes. Una de tantas puede ser el nuevo Código Penal del que los vagoneros aseguran, una persona inexperta después de adquirirlo, será capaz de redactar una demanda. Se puede conseguir la tabla periódica de los elementos; o un cuaderno de conversiones aritméticas o el nuevo reglamento de tránsito respetado por pocos en la superficie. En el Metro se pueden comprar también manitas rascadoras, barras de amaranto, cortauñas, audífonos, paletas o la Biblia misma. De esa infinita lista de cosas no puede faltar, versan los vagoneros, “la muy indispensable y milagrosa pomada de aceite de víbora y veneno de abeja, para los calambres, torceduras, dolores reumáticos o luxaciones”.

El escándalo de los vagoneros en el Metro

La venta ambulante en México representa el 40% de su economía. |Fotografías: Rodrigo Ramos

El Metro es el escenario urbano y salvaje por excelencia: el escándalo de vagoneros, que, con bocinas ancladas a sus espaldas y a altísimo volumen, dejan sonar el intro de las canciones del disco pirata en venta; personas que fingen ser sordomudas reparten papeles que nadie lee, recorren el vagón esperando una moneda a cambio y  se les puede reconocer cuatro o cinco estaciones adelante contándose sus cuitas no precisamente en lenguaje signado; personas que se tiran sobre los vidrios o que se cuelgan en los pasamanos haciendo acrobacias; sobreviven magos que no desaparecen nada, payasos que hacen llorar, cantantes desafinados, desquiciados que te hacen vomitar, ex convictos que advierten: “Yo no vengo a robarles su dinero, vengo a pedírselo”.

En cambio, los enamorados se olvidan de la muchedumbre para entregarse al ansia de los arrumacos y de no querer avanzar a la velocidad de lo que desean los fatigados por las obligaciones. Bien dicen que el tiempo es relativo. Por un cuarto de dólar, cualquier persona puede hacer un viaje en cuyo trayecto podrá presenciar o ser protagonista de inimaginables historias, como cuando ocurre un nacimiento en una estación, andén o tren, ¿sabes?, el neonato podrá viajar de por vida gratuitamente.

El metro, para nacer; pero también para morir: ignoro si por tan desafortunados casos haya desaparecido el eslogan de hace muchos años que aseguraba: “El Metro es… la solución de nuestro tiempo”. Todavía se escuchan historias de quienes dejan la vida entre los durmientes y barras electrificadas, para buscar en definitiva, la luz al final del túnel.

Según el censo de la Gerencia de Seguridad Institucional del Sistema de Transporte Colectivo (STC-Metro), en la Ciudad de México hay 2.868 vagoneros liderados por 15 organizaciones distintas de la Ciudad de México. |Fotografías: Rodrigo Ramos

El Metro es una realidad urbana insospechada para quienes circulan encima, secuestrados por el tráfico, entre semáforos y otros desquiciados conductores que pisan el acelerador para llegar a su destino, mientras que 2,6 millones de personas después de su viaje diario, apuran el paso a las diferentes salidas del Metro que los llevarán a un paradero de autobuses para iniciar otra aventura no menos azarosa: la de trasladarse, antes de dar por muerto el día, hacia las zonas conurbadas de la Ciudad de México.

A mí me gusta viajar en él. Llegar a la taquilla y comprar dos boletos, siempre, con algún diseño distintivo que conmemora una fecha importante, un personaje o una institución. Uno de ellos es para mi colección. Fue mi nave de la imaginación. En sus asientos o de pie seguro rompí constantemente mi record de libros leídos por año sin pretenderlo, pues pasaba cuatro horas diarias viajando por sus líneas en mi época de estudiante. Hoy en día viajo poco en él, pero todavía me causa mucha curiosidad que todos los miércoles a las ocho de la noche me topo con una persona que, mientras lee un libro grueso sentada en el pasillo del Túnel de la Ciencia, detiene el tiempo en su propia nave de la imaginación.

 

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Escritor y poeta mexicano, pero sobre todo, viajero.
2 Comentarios sobre esta publicación.
  • Nina
    2 Abril 2017 at 5:11 am
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    Me encantó la parte de “magos que no desaparecen nada y payasos que hacen llorar”. Saludos

    • Jaime González
      3 Abril 2017 at 5:45 pm
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      Saludos Nina, el Metro de la Ciudad de México es una especie de contradicción que afirma la condición de muchas personas.

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