Relatos

Llegué yo pero no mi maleta

He pasado de un enojo lleno de frases completas con palabras altisonantes, al desconcierto, a la impaciencia, a la ansiedad, a la preocupación, a la tristeza, al coraje. De un enojo racional a un encabronamiento desesperado. Han sido 28 días sin tener razón de mi equipaje, después del día 21 oficialmente es una #maletaextraviada.

¿Por qué una maleta se pierde? ¿El etiquetado estaba mal? ¿Esto pasa todos los días? ¿Cómo puede perderse por semanas? ¿Todos tienen una historia de llegué yo pero mi maleta no?

Al menos se pierden 25 millones de maletas al año en el mundo, es decir, en al menos 200 países. De las veintiséis compañías que forman parte de la Asociación de Aerolíneas Europeas sitúan la media de maletas perdidas en trece por cada mil pasajeros, subiendo a catorce en periodo de verano. Es Europa, la región del mundo que registra un mayor porcentaje de equipajes extraviados, como mi maleta que viajó por Air Europa. Ellos representan el 44% del pastel del problema, le sigue Estados Unidos con un 22%,  América con un 10% y África del Norte y Oriente Medio con un 8%. (Cifras del 2010) El líder en perder equipajes es la Aerolínea Iberia.

¿Y qué pasa con las maletas? Si, están en un almacén gigante. En varias aerolíneas (y es Iberia la encargada desde 1942 en España) recaudan esas maletas para ofrecerlas en una subasta, se venden por lotes que  pueden llegar a valorarse en  hasta quince mil euros de pertenencias que tienen-tenían dueño; no se trata de una subasta insignificante, son eventos que recaudan millones de euros.  Existen cazadores de estos lotes.

En Scottboro, Alabama, existe el Unclaimed Baggege Center, un hipermercado del equipaje no reclamado en Estados Unidos. Más de un millón de artículos pasan por aquí desde 1970 y funciona tan bien, que esta tienda abarca actualmente una manzana de bloques que incluyen una cafetería por si deseas tomártelo con calma. Los viajeros son selectos y viajan con su mejor ropa, específica, atuendos completos, accesorios de viaje, es decir,  si pensamos la variedad de personas que existe, nos podemos acercar a la variedad de contenido.

@el_pais

Un enorme almacen de equipajes. |Fotografía @el_pais

Mientras más cifras encuentro, más creo que mis pertenencias no regresarán a mi, pues aunque más del 96% de los casos son resueltos entre las primeras cuarenta y ocho horas, en mi caso han pasado no horas, sino 28 días y después del día 21 es una maleta fantasma, nadie sabe dónde está.

Al principio me calmó la idea de esperar, de que tarde o temprano llegaría ¿cómo podría perderse? Mientras tanto, las historias de maletas olvidadas, perdidas y aparecidas se hicieron más comunes. Escuché historias en las que la maleta apareció al día siguiente, al mes, a los tres meses, e incluso después de ocho meses. No he escuchado una historia en donde la maleta no aparezca. Eso también me calma pero no deja de desesperarme.

El 10 de julio venía de un vuelo de doce horas y me faltaba tomar un avión, Cancún fue una escala, debía ir por la maleta y volver a documentar. Las bandas empezaron su marcha, girando, circulando. Pasaron unos minutos antes de que se asomara alguna maleta, pero después de que apareció la primera, no dejaron de llegar y saturar esas bandas en donde todos, después de un vuelo en el que se documentó, esperan sus pertenencias para llevárselas y seguir su camino.

Nunca falta la señora que va detrás de su maleta, o la niña que le grita a sus papas que allí está,  allí está el equipaje con todo y el listón rosa amarrado en un extremo, o las cajas envueltas con mecates. Deportistas, todos con sus camisetas del equipo. También  miré a una muchacha muy guapa, con tacón alto que estaba esperando no una, ni dos, ni tres, sino cuatro maletas. Sólo veía a la gente y pensaba: ¡Que ya salga mi maleta que tengo una hora de retraso y tengo que volver a documentar!

La banda de pronto se detuvo ¿Por qué se detuvo y yo sigo sin mi maleta? Esto no me está pasando, no puede ser. Me acerco a un mostrador sin personal al frente para buscar respuestas, volteo y estaba sola con las bandas y sin mi maleta de veinte kilos. ¿Qué pasó? Me imaginé llenando formatos, respondiendo preguntas, esperando a que saquen copias a mi pasaporte, es decir, visualicé el pasar del reloj mientras formaba parte de un procedimiento.

Miré a un hombre de chaleco amarillo a lo lejos, me acerqué para explicarle el caso y sin mucha explicación me da una hoja, me pidió mi nombre, dirección provisional y algún teléfono. No pasamos a ningún cubículo, no nos sentamos, el no apunto nada en la computadora y yo empecé a sentir la sangre que me circulaba por la vena de la frente y a la vez lo bombardeaba de preguntas ¿Qué pudo pasar? ¿Qué pasa en estos casos? ¿En cuánto tiempo llegaría? ¿Cada cuánto pasa esto? ¿Está perdida o viene en otro avión?

Me fui enojada, le reclamé su falta de información, sólo quería escuchar palabras que me dieran tranquilidad y que me fomentaran la paciencia, la necesaria para entender que en conexiones es bastante común que existan incidentes con los equipajes, sólo necesitaba eso, no una actitud robotizada de servicio. Se sabía de memoria dos líneas en las que el punto es que debía esperar y llamar después.  Camine buscando la salida sin decir gracias.

Ese no gracias al final de aquella conversación, la recordé a los cuatro días de escuchar sonar el teléfono sin que nadie respondiera. Después lo hice nuevamente a las dos semanas sin que pudiera contactar a la persona encargada en el horario específico.

Siendo Air Europa una empresa extranjera, su única oficina en México está en Cancún y si, aquél señor era mi contacto para darle seguimiento. El camino fue el 1-800 y la página web que lamenta los hechos ocurridos y ponía a disposición un buscador de mi maleta. Un servicio impersonal y carente de tacto dadas las circunstancias que surgen al verte en una ciudad que no es la tuya sin tus pertenencias.

Además, las llamadas para darle continuidad son de larga distancia. Así que de pronto una amiga en Barcelona y una amiga en la Ciudad de México se volvieron los medios para realizar llamadas al menos cada dos días, entre las tres, tratando de armar un rompecabezas que tuviera la lógica para llegar a la maleta, a conocer los procedimientos.

Se trata de una historia de llamadas, correos, envíos postales, más llamadas, más correos, saturación de tuits, quejas y búsqueda de respuestas ante la #maletaextraviada que no han hecho más que, desgastar y trastornar el tiempo, el dinero y la paciencia.

La lección es sencilla, como todo en la vida.

  • Datos en el tarjetero de la maleta
  • Listón en algún extremo ( es una característica)
  • Guardar los boletos de embarque y el comprobante del equipaje
  • No salir del aeropuerto sin tu maleta, sin antes haber levantado el reporte Property Irregularity Report (PRI)
  • Decir siempre gracias

 

 

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¡Ahorita Vengo! Eso dijo en su casa y no ha vuelto. De Tijuana en Barcelona, comunicóloga con un máster en periodismo de viajes.
2 Comentarios sobre esta publicación.
  • Chelo
    10 agosto 2013 at 8:34 pm
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    A mí me perdieron la maleta cuando viajé a Vigo. Hice escala desde Valencia en Barajas y mi maleta se extravió (¡y eso que me habían dicho que las maletas sólo se solían extraviar en los vuelos internacionales!)
    Aún así, tuve suerte y antes de las 48 horas ya la tenía conmigo. No sé si es coincidencia o no, pero sí, viajé con Iberia :/

    Saludos!

    Chelo
    Una estudiante por el mundo

    • Arlene
      12 agosto 2013 at 7:02 am
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      Saludos Chelo. Menos mal que recuperaste tu maleta, formas parte de ese 4% 😉

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