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Un viaje por librerías de Latinoamérica

Salí de Río de Janeiro sin entrar en la Livraria Leonardo da Vinci. Dos fueron los motivos: uno, mi paso por la ciudad fue más un truco de magia que un viaje, y, dos, no tenía a mano Librerías, de Jorge Carrión, donde la menciona como “la más poetizada del mundo”.  Jorge Carrión es un coleccionista de librerías. Al igual que él, yo también las colecciono. Las estuve coleccionando durante seiscientos días en Latinoamérica.

¿Cuántas fueron? Librerías de viejo, librerías en carromatos, librerías en una estantería, librerías de postal, librerías que no lo eran y librerías que eran algo más, mucho más, librerías como una esperanza… Algunas de las mejores librerías de Latinoamérica. Y también las peores. Viajar y coleccionar librerías nos acerca a todos los mundos posibles. Y eso es lo único que nos queda, la búsqueda.

Costa Rica o el inicio de la búsqueda

En San José todos querían una foto para el face, los ticos son vacilones y están enganchados a las redes sociales. La ciudad es un desbarajuste constante. Lo del urbanismo no va con las ciudades de América Central. En lo que respecta al tema, saltaron de la rigidez de los tiempos de la colonia a la vorágine improvisada cada día. Los turistas evitan la capital, pero yo la usé como base para conocer Costa Rica. El caos me atrae y giro alrededor de su órbita.

De Librería Dolouz me habló Roberto Guzmán, un idealista peligroso que se adueña de la ciudad a golpe de pedales. Roberto dirige Chepecletas, un colectivo que tiene el objetivo de recuperar los espacios públicos mediante paseos guiados en bicicleta. En San José todo parece estar donde está porque sí, porque en algún lugar debía de estar. Colvi, Claro, Movistar, llamé a Andrea Mickus, no recuerdo con cuál de las tres compañías de telefonía que se ofertan a grito en las calles del centro. Me citó en su librería ¿La dirección? Anoté como un acertijo, Barrio Amón, San José, doscientos metros al norte del Automercado, Plaza de la cultura, veinticinco al este a la par del bar la marinita.

Han estado pasando muchas cosas interesantes en el país, muchas editoriales nuevas…”, me soltó Andrea al poco de entrar en su librería. Más que una librería, parece la sala de estar de una amiga que lee, y que, además, tiene buen ojo. Para hablar del pequeño fondo de la librería, buscó una referencia literaria en La buena novela de Laurence Cossé. Al despedirnos, avisó: “San José está interesante, hay mucha gente joven haciendo cosas en el mismo momento”.

Las librerías de la Calle Donceles, en el Centro Histórico de la Ciudad de México. |Fotografía: José Alejandro Adamuz

México, la ciudad de los perros románticos

“A veces sueño que estoy en una ciudad que es México pero que al mismo tiempo no es México. Quiero decir: es una ciudad desconocida, pero yo la conozco de otros sueños, ¿no te estaré aburriendo, verdad?” Roberto Bolaño convirtió México en la ciudad de los perros románticos. García Madero, Ulises Lima, Arturo Belano, todos, detectives salvajes, buscaban algo en la ciudad. La ciudad es el lugar del aprendizaje, emocional e intelectual, pero que no se acaba de alcanzar, nunca.

Entre marzo y octubre del 2013 se expuso en el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona la exposición “Archivo Bolaño, 1977-2003”. Había pasado diez años desde la muerte del autor. Recuerdo la letra apretada en sus cuadernos. Roberto Bolaño caminó pegado al abismo. Compré el catálogo de la exposición, donde leí aquello de “déjenlo todo, nuevamente. Láncense a los caminos” que formó parte del primer manifiesto infrarrealista firmado en México DF, en 1976. Esa frase se me clavó como una revelación y me llevó dos años después a México, donde seguí los pasos de Roberto Bolaño. Para mí, México fue el dolor y la esperanza. Sufrí una ureteroscopia, y para cuando me retiraron el catéter provisional llegó mi primera oportunidad de convertirme en escritor.

Las librerías de la Calle Donceles huelen a viejo, a papel y humedad. Los libros se acumulan, desbordan, forman pasillos como si fueran calles por las que deambular. La Calle Donceles, de Poniente a Oriente, está en pleno Centro Histórico de México y es una de las más antiguas de la ciudad. Por allí anduvo Roberto Bolaño, “con 21 años y el alma aterida de frío”, loco de romanticismo y buscándose la vida entre tantos libros.

El Triángulo del Norte y las librerías que no lo son

En toda búsqueda acecha la muerte. El Triángulo del Norte es una de las zonas más mortíferas del mundo. Mis días en el Salvador, en Honduras y Guatemala, tuvieron poco de librerías y mucho de polvo en el camino. Los autobuses eran antiguos autobuses escolares norteamericanos reciclados, entraba el polvo por todos sus agujeros.

Cuando llegué a San Salvador preparaban la ceremonia de beatificación de Monseñor Romero. San Salvador parece un zoco, los gritos aturdían, estuve en un autobús una hora hasta que consiguió moverse en medio del atranque. Moverse en el desconcierto, así fue andar por el centro de San Salvador. Las librerías que vi sólo eran papelerías. La gran mayoría de negocios anunciados como librerías en Centroamérica son papelerías. En Guatemala ciudad sí encontré la librería Sophos, pero fue después de entrar en La Limonada para escribir un reportaje. La Limonada es un barrio apocalíptico en el centro de Guatemala ciudad controlado por las pandillas. Lo visto allí me entristeció demasiado como para hojear ningún libro.

La guerra fue dura, y merecemos una recompensa, dimos la vida por los millonarios de acá, y ellos, los del Frente Farabundo, por comandantes que hoy se están llenando los bolsillos. Muchos de nuestros compañeros han preferido quitarse la vida a seguir así”. Carlos Megías era uno de los excombatientes de la Guerra de El Salvador que habían acampado en la Plaza del Divino Salvador del Mundo, en San Salvador, justo donde se planeaba hacer la ceremonia dedicada a Monseñor Romero. Los echaron a patadas. La ceremonia de beatificación fue espléndida. Si no hay librerías no hay esperanza. No volví a saber más de él.

Una geografía literaria

Viajaba hacia la Patagonia, como el pintor Joaquín Torres García, sin más norte que el sur. A Sudamérica se llega en avión desde Panamá, como si el istmo de Panamá en lugar de unir separara. Panamá y Colombia comparten una de las fronteras más impenetrables del mundo. El resto de fronteras latinoamericanas son espacios de transición, pero el tapón del Darién es un punto y aparte antes de pasar de página.

En Sudamérica, las lecturas y las ensoñaciones se confunden. Las ciudades comienzan a ser otra cosa y poco a poco es como ir acercándose a Europa. Buenos Aires, que mira a París, es la última de Latinoamérica. Sudamérica es una literatura que desvela y que revela, una geografía de libros y librerías, una enumeración.

Roberto Arlt, César Vallejo, Juan Rulfo, Julio Cortázar, realismo mágico,  Jorge Luis Borges, Ernesto Sábato, la pampa, Bioy Casares, Vicente Huidobro, el creacionismo, Gerardo Diego, los otros, Gabriela Mistral, Nicanor Parra, Juan Carlos Onetti, los gauchos, Rómulo Gallegos, Mario Benedetti, Horacio Quiroga, las vanguardias, los caciques.

David contra Goliat

Fue en Medellín, durante la 9º Fiesta del Libro y la Cultura, que escuché a David Roa, el dueño de La Madriguera del Conejo, en Bogotá, reflexionar sobre los tiempos de Amazon y el futuro de las librerías. Cuando alguien se pregunta acerca del futuro suele hacerlo en un tono de catástrofe. No fue en el caso de David Roa, que sí explicó cómo él pertenece a una generación, también yo, que vivió con el terror a lo digital, con la paranoia de que el libro digital cambiaría la lectura y la compra de libros.

No dejaba de ser curioso hablar de terror digital en un lugar, Medellín, tan habituado a hablar de otros terrores, mucho más sangrantes. El Medellín al que iba era el de Pablo Escobar, el de las comunas, la Virgen de los Sicarios de Fernando Vallejo, el de la Operación Orión con todos los civiles muertos y escondidos y los falsos positivos. Pero el Medellín al que llegué había dejado, o lo está haciendo, todo eso atrás.

Si en la ciudad de la eterna primavera (lo que son los tópicos, tan difíciles de salvar) disfruté la Fiesta del Libro y de la Cultura y paseé por la Comuna 13 con los chicos hip hop, en Bogotá disfruté de la librería de David Roa y de la maravillosa Casa Libreria Wilborada. En Colombia descubrí que David, en realidad, puede vencer a Goliat, que no solo es un mito.

Librería el Virrey, en la capital de Perú, Lima. |Fotografía: José Alejandro Adamuz

Librería el Virrey, en la capital de Perú, Lima. |Fotografía: José Alejandro Adamuz

Los poetas viejos de Lima

Lima no tiene cielo. Los edificios, los árboles, las antenas, los alambres de las ventanas, las chimeneas, los garabatos de los pájaros, se recortan sobre un fondo de vidrio entelado. Todavía hoy, a pesar de que el tiempo lo devora todo y de que la ciudad, como todas en Latinoamérica, no tiene memoria, se sienten los pasos de tres poetas, sonando como versos libres. Primero fue  Williams Borroughts que llegó a Perú buscando la ayahuasca, y luego le siguió el poeta de los aullidos, Allen Ginsberg, que entre viaje y viaje de éter conoció a  Martín Adán, un viejo poeta limeño al que veía pasar desde la ventana de su habitación y que poco tenía que ver con los dos beatniks, a no ser por sus versos, tan radicales y desgarrados como los de los gringos de la generación beat.

Los tres hicieron que me olvidara de Mario Vargas Llosa (lo siento), que por aquellos días andaba saliendo en las portadas de la prensa del corazón. En el Centro Histórico de Lima, después de un par de tragos de pisco sour servidos por Don Eloy Cuadros con perfecto vestuario, en el Hotel Maury, me fui derecho (es un decir) hasta la Librería del Virrey. Quería probar suerte con la Contemplación del abismo, pero el volumen de relatos de Richard Parra no se encuentra en Lima, porque, Richard Parra se autoeditó y ya no quedan ejemplares. Cuentan que cuando vino en el 2014 a España a presentar Necrofucker publicado por Editorial Demipage, tuvo que enviar a más de uno que se quedó corto con la lectura, algunos de aquellos relatos en archivos de pdf por correo electrónico.

Una librería no es sinónimo de que vayas a encontrar lo que buscas. Hojeé Casa de cartón de Martín Adán y fue un tiro. Aunque tal vez fuera el pisco el que andaba pegándome fuerte. También encontré un ejemplar de Aullido y otros poemas de Allen Ginsberg editado por Visor. En la portada había dibujada una pistola.

El Ateneo Grand Splendid, antes Teatro Grand Splendid. Buenos Aires, Argentina. |Fotografía: José Alejandro Adamuz

El Ateneo Grand Splendid, antes Teatro Grand Splendid. Buenos Aires, Argentina. |Fotografía: José Alejandro Adamuz

La última ciudad europea

Buenos Aires es la última ciudad de Europa antes del fin del mundo. “Buenos Aires es tierra de ladrones y compadritos, un lugar similar al infierno, donde lo único que valía la pena eran las mujeres y a veces, pero muy raras veces, los escritores”. De México DF a Buenos Aires con Roberto Bolaño. Pero no es cierto. En Buenos Aires también vale la pena las cafeterías y las librerías.

En la ciudad se encuentra el Ateneo Grand Splendid, que es una librería espectacular en un teatro rehabilitado. Es la librería espectáculo, más hermosa que Amazon. Menos famosas y con mejores fondos está Eterna Cadencia, La Barca Libros, Librería Norte o, por solo decir algunas y no extenderme, Libros del Pasaje y Libros Ref. Tantos libros… De Buenos Aires me fui al fin del mundo. Ushuaia me esperaba desde siempre. Y del fin del mundo, al norte, ya sí al norte, a Brasil. Pero cuando llegué, no me encontré los cielos azules que buscaba. Hay tantos libros que una vida no es suficiente, por eso la búsqueda, toda búsqueda, aunque sea lo único que nos queda, está abocada al fracaso.

Dice Héctor Yánover, en Memorias de un librero que “un librero es alguien que cuando descansa, lee; cuando lee, lee catálogos de libros; cuando pasea, se divierte frente a las vidrieras de las otras librerías; cuando va a otra ciudad, otro país, visita a libreros y editores.” Cuando salí de Río de Janeiro sin entrar en Livraria Leonardo da Vinci, había viajado como un librero más de 600 días por Latinoamérica. Y eso es como viajar por todos los mundos posibles.

 

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Licenciado en Filología y periodista vocacional que se divierte juntando letras para ver cómo reaccionan entre sí las palabras. Es redactor en el blog Ahora Toca Viajar y en otros medios.

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