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Las casas museo de Gaudí en Barcelona

El modernismo catalán más importante del arquitecto que todos querían

Lo recuerdo porque aquel día era el cumpleaños de mi hermana y ese año estuvo de visita en Barcelona. Quedamos a las ocho de la tarde para celebrarlo. Salí corriendo del trabajo sobre la siete, hacía calor y aún no tenía regalo. Caminé por Gran Via de les Corts Catalanes, cuando a la altura de la calle Bailén vi a un grupo de personas hablando entre sí y discutiendo. Varios taxis llegaban al tumulto, se paraban y se iban. Me acerqué y una mujer me dijo: “lo atropelló el tranvía”. Entonces vi al hombre en el suelo. “No saben quién es”, susurró alguien. “Parece un mendigo, parece muy mayor…”. Tres o cuatro días después leí en el periódico que aquel hombre atropellado era Antoni Gaudí, había muerto a los 73 años.

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Barcelona vivió una efervescencia artística entre 1885 y 1905 a modo de transición de siglo musicalizada de movimientos y cambios culturales. Así como se habla de un antes y un después de las olimpiadas de 1992, existió un antes y un después de la primera Exposición Universal de Barcelona en 1888, cuando la ciudad condal se abrió como flor en primavera y sus pétalos fueron la arquitectura.

Como impulso al renacer urbanístico de la ciudad, nació un concurso anual de edificios artísticos que en total, durante varios años, premió a más de sesenta inmuebles y locales que hoy son representativos de lo mejor de la arquitectura catalana. El primer edificio galardonado por el certamen anual fue la Casa Calvet, de Antoni Gaudí, y esa fue la primera casa de muchas que acabaría realizando el arquitecto para las familias burguesas, en las que encontró a sus principales mecenas.

Casa Calvet fue un encargo de Manel Vicens i Montaner, hombre de negocios y corredor de comercio y bolsa que formó parte del movimiento cultural de la Renaixença. Había heredado la vivienda por parte de su madre y deseaba hacer algo con ella, así que se acercó a Gaudí. Fue el primer gran cliente del arquitecto, aunque tuvo uno aún más importante: Eusebi Güell.

Colonia Guell Barcelona

La cripta de la Colonia Güell fue construida entre 1898 y 1914 por encargo de Eusebi Güell a Antoni Gaudí, como edificio religioso para sus trabajadores de la Colonia Güell. |Fotografías: Arlene Bayliss

En la Exposición Universal de París de 1878, Gaudí trabajó la vitrina del comerciante de guantes Esteve Comella y cuando Eusebi Güell la vio se quedó maravillado. Regresó a Barcelona y buscó al arquitecto. El resultado: Finca Güell, Palacio Güell, Bodegas Güell, Cripta de la Colonia Güell y Park Güell. Eusebi Güell entendía el sentido de la arquitectura de Gaudí y le brindó el apoyo más fuerte que el arquitecto recibiría en su carrera, incluso fueron vecinos porque ambos vivieron en el Park Güell; eran amigos.

Pero no todo fueron buenos clientes. Antoni Gaudí también tuvo clientes morosos, con los que incluso peleó legalmente para que le pagaran su trabajo. Tal fue el caso de Casa Milá – La Pedrera, de Pere Milà i Camps y su esposa Roser Segimon i Artells. Pere Milà. Como su padre, Pere fue empresario y un promotor de la plaza de toros La Monumental de Barcelona. Su esposa, viuda de Josep Guardiola i Grau, heredó una gran fortuna producto del enriquecimiento en América con plantaciones de café. El proyecto para los Milá-Segimón era controvertido, a la gente del barrio no le gustaba, el ayuntamiento paró más de una vez las obras, y Gaudí tuvo que ir a juicio para cobrar sus honorarios, algo que llevó al señor Milà a hipotecar la casa. Sin embargo, hoy en día La Pedrera es un reflejo de la plenitud artística del famoso arquitecto, y es uno de los mejores exponentes del modernismo catalán, que también lo llevó a otros clientes.

gaudi en barcelona

La Casa Batlló en el número 43 del Paseo de Gracia de Barcelona, una de las obras más conocidas de Antoni Gaudí |Fotografías: Arlene Bayliss

El Passeig de Gràcia era la avenida de moda de aquellos ayeres, la más prestigiosa y preferida de la burguesía barcelonesa para dejarse ver en el lienzo de “la manzana de la discordia”: las cinco casas modernistas diseñadas por los arquitectos más destacados de la época: Domènech i Montaner, Puig i Cadafalch y Antoni Gaudí. Ahí está Casa Batlló, un parteaguas para el barrio, la ciudad y el modernismo catalán. A principios del siglo XX el edificio fue adquirido por el empresario industrial, Josep Batlló i Casanovas, que no dudo en buscar a Gaudí para encargarle la reforma de su casa, había quedado impresionado por sus trabajos anteriores y ahora era su casa, la que hasta la fecha, sigue impresionando.

Otro ejemplo de la relación de Gaudí con los grandes empresarios de la época, impulsores de una nueva identidad arquitectónica y cultural para Cataluña, fue la familia Figueras. Gaudí ya era un arquitecto consagrado cuando su amigo Jaume Figueras le pidió ayuda para diseñar su nueva casa de verano, la Torre Bellesguard o Casa Figueras. Guadí no lo dudó. Sobre todo porque se trataba de un antiguo castillo erigido por el rey de Aragón Martín I el Humano, que lo había adoptado como residencia en 1410, y Martín I fue el último catalán de la corona de Aragón. Para principios de 1900, la familia Figueras y Gaudí, encontraron en esta historia la inspiración necesaria para ponerse manos en una obra que ofrece una bella vista – Bellesguard- de la ciudad.

Cada casa tiene su propia historia. En ellas hay un apellido representado y una relación particular entre las familias adineradas de la época y la genialidad del arquitecto. Muchos de ellos se quedaron atónitos con la noticia de la muerte de Gaudí en junio de 1926, su arquitecto más universal que terminó pasando los últimos días de su viva como un desconocido, tardaron dos días en reconocerlo.

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Consternados, no podíamos creer en todo en el barrio, en toda la ciudad, lo que había ocurrido. A cada amigo y conocido le conté aquel último encuentro con Gaudí. Junto a mi hermana fuimos unas de las cinco mil personas que acudimos a su funeral en la Sagrada Familia. Ya no había susurros. Todos querían hablar de él. Escuché decenas de historias de cuando el joven Gaudí llegó de Reús a Barcelona solo con un pequeño equipaje. Conocí a una maestra de su infancia, a vecinos que lo admiraban, a empresarios, pero sobre todo, a un compañero que estudió con él en la Escuela de Arquitectura que me aseguró que la ciudad jamás olvidaría a Antonio Gaudí, jamás. Lo dijo de forma tan contundente que quisiera vivir cien años y descubrir si así será.

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Estudió comunicación en Tijuana y se especializó en periodismo de viajes en Barcelona, es editora y creadora de contenidos viajeros.

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