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Jon Sistiaga: “Odio lo de reportero de guerra, a mí no me gustan las guerras”

¿Y a quién le gustan las guerras? Dudo mucho que a personas como Jon Sistiaga. Porque un periodista así, sincero, cabal y para qué negarlo, con un buen par, habría de renegar siempre de cualquier tipo de conflicto, reyerta e incluso insulto. Desconozco cómo gusta que se le dirijan, aunque un Señor Sistiaga le haría justicia. Don Jon tal vez no, a pesar de que él es un profesional que encajaría perfectamente en cualquier “corrupción en Miami”. De lo suyo: mostrando, destapando, señalando con el dedo, que no es poco.

Al terminar la conferencia que nos impartió estuve unos minutos hablando con él, y la impresión que me quedó es que prefiere sí o sí que le llamen Jon, de modo que…

Su trabajo no es viajar, pero su oficio lo requiere como una constante. Su inexperiencia –léase valentía- le hizo empezar desde abajo, ofreciéndose, y la experiencia adquirida a base de esto ha terminado premiándole, ovacionándole como hacemos muchos.

Jon Sistiaga trabajaba en nacional en Tele5 cuando aquella tragedia de hutus, tutsis y europeos impasibles nos sacudió a todos. Era 1994. El jefe de informativos de la cadena decidió enviar a alguien: al “elegido” le venía muy mal, mientras que al segundo de a bordo le había salido un bautizo. “Imposible, muy peligroso…”. Jon, con apenas 27 años, levantó la mano en mitad de la redacción y se ofreció dispuesto a plantarse en el corazón de África mañana mismo.

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“Pero ¿tú hablas inglés, Sistiaga? –Por supuesto”.  Falso: Jon apenas lo chapurreaba por aquellas fechas. Tras la experiencia ruandesa vino lo que vino: un curso acelerado de lengua inglesa porque su prestigio y valor hicieron que se lo rifasen y que fuese Jon uno de los reporteros mejor reconocidos en todos los conflictos. La gloria alcanzada y el mundo del periodismo a sus pies.

El impacto. El impacto, dice Jon, es fundamental, ya que hace que la gente se interese por la historia que le vas a contar. El impacto –en su justa medida, por supuesto-, un buen enfoque y la denuncia social es la combinación que ha provocado que los reportajes de Jon tengan el éxito que tienen. Que toda una Canal+ se fijase en él y lo cazase hace unos años.

“¿Cómo te lo montas, Jon?”, le preguntarían los que simplemente le admiran y le exigiríamos todos aquellos a los que algún día nos gustaría hacer lo que él hace. Él asegura que la primera tarea es documentarse sobre el lugar en el que vas a trabajar, básico para saber antes de nada si la historia valdrá la pena, si tendrá interés y si contará con recorrido en el tiempo; es decir, si se seguirá hablando de ello. Con todo esto bien claro, digamos, empieza el reportaje (sea de denuncia, sea antropológico, sea de viajes).

Y es que considera que el viaje es otro de esos elementos vitales en sus narraciones. Es lo que viene haciendo desde hace tres años. De esta manera la atención nunca decae. “No te quedas dormido en el sofá”, dice él. Porque, insiste, la sintaxis narrativa debe enganchar desde el minuto uno al espectador.

Jon adopta siempre una mirada periférica sobre el terreno que pisa. No se centra únicamente en ciertos detalles, sino todo lo contrario: trata de absorber la mayor información posible. Información que luego resulta depurada, tamizada y presentada en el global del producto.

La música es para Jon un factor muy importante porque acompaña a la narración y contiene un peso emocional muy importante –lo del impacto que comentaba antes-. La aparición del equipo (sonido, cámara, iluminación, etcétera) es un recurso original y a la vez sirve para reconocer la labor de su gente.

Jon no descuida ni el más pequeño de los detalles. Siempre trata de situar al espectador cuando llega a un lugar: dónde está y por qué. Es vital, afirma, puesto que es un manera de ponerle en situación, de mantenerle expectante por saber qué vendrá después.

Pero Jon, ¿y tú no tienes miedo? Curiosa respuesta la suya. Considera el miedo también como un concepto narrativo. Mostrar los sentimientos del periodista enseña mucho más, según él, que otras ideas más establecidas y “oficiales” de lo que se entiende por periodismo. “¡Pues claro que tengo miedo, nos ha jodío! De hecho si no hubiese tenido miedo en según qué situaciones tal vez ahora no estaría aquí dando esta charla”, terminó por reconocer entre risas. Miedo como el que pasó, en 1999, en la frontera de Kosovo con Macedonia, cuando fue secuestrado por las tropas serbias durante cinco días, cautiverio que le hizo aflorar de un día para otro las canas que pinta actualmente.

Se ha aferrado desde siempre a dos cuestiones que, quién sabe, a lo mejor son parte del secreto de su éxito. La suerte y la ambición. La suerte es aleatoria, qué duda cabe, pero la ambición no. La ambición no hace falta ni siquiera ir a buscarla porque se halla dentro de cada uno de nosotros.

“Hay que tener ganas de hacer cosas y tener confianza en el talento de uno mismo”. Señor Sistiaga, si usted me permite llamarle así, muchas gracias. Por su conferencia, por su compromiso y por su talento.

La trayectoria de Jon Sistiaga empezó a tomar peso mediático tras la Guerra de Irak (2003) en la que perdió a su compañero y cámara José Couso a manos de los soldados norteamericanos. Tele5 y Cuatro fueron sus plataformas principales, y desde 2011 sigue desarrollándose en Canal+, donde dirige y presenta W!tness desde 2014.

Ha realizado trabajos en Argentina, Colombia, México, Irlanda del Norte, Kosovo, Ruanda, Guinea Ecuatorial, Próximo Oriente, Afganistán, Tailandia o Corea del Norte, y ha recibido los premios Reporteros Sin Fronteras (1999), Ortega y Gasset (2003) y el Ondas a la Mejor Cobertura Informativa en 2012.

Es licenciado en Periodismo y doctor en Relaciones Internacionales por la Universidad del País Vasco.

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Licenciado en Historia y Máster en Periodismo de viajes, escribe, traduce y le da al guión. Observa y escribe; vive y cuenta, manteniendo entre ceja y ceja el dedicarse a la escritura sin cuestionarse la modalidad. Viajar es lo que le mueve: hacerlo en moto a ser posible.

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