En el fichero de su proyecto “La Obra de los Pasajes”, Walter Benjamin recogió lo dicho por un autor desconocido, citado a su vez como en un juego de matrioskas, por Montesquieu: “La humanidad también ha inventado en su extravío crepuscular, es decir, en el siglo XIX, el símbolo del recuerdo; ha inventado lo que hubiera parecido imposible; ha inventado un espejo dotado de memoria. Ha inventado la fotografía”. Otro filósofo, Roland Barthes, en el emocionado recuerdo a su madre muerta de “La cámara lúcida: nota sobre la fotografía”, cuenta cómo al buscar entre las fotografías familiares, la de su madre en un invernadero constituye un reencuentro con “tal como ella era en sí misma”. La fotografía siempre ha estado ligada a la memoria. Ahora bien, ¿puede ser Instagram ese espejo dotado de memoria del que hablaba Walter Benjamin?, ¿puede ser el testimonio de nuestros viajes, como fue el testimonio de la madre de Roland Barthes? El fotógrafo Lucas Vallecillos, nos cuenta cuál es su uso de Instagram en la fotografía de viajes.

Tiempo de meditación. Pradesh, India. |Fotografía: Lucas Vallecillos

Lejos queda el tiempo donde todo lo anotaba en una libreta de bolsillo, donde confeccionaba un diario personal destinado al trabajo, con sus dibujos entrañables, descripciones minuciosas de un emplazamiento o anotaciones de las sensaciones que me transmitía una experiencia. Luego aquel material me servía para escribir los reportajes y documentar las imágenes.

Con la irrupción de la fotografía digital, donde desaparece el coste de adquirir y revelar carretes, mi diario de papel desapareció. De fotografiar sólo instantes que pensaba podían funcionar como una fotografía potente, empecé a realizar también capturas que carecían de interés como imagen para publicar, pero que me aportaban una gran información. Casi sin darme cuenta mis libretas volvían vacías de los viajes y los discos duros más llenos.

El diario de viajes fotográfico de Lucas Vallecillos.

Cuando quiero anotar cómo es la lacería de una ornamentación, el número de columnas de un salón o el nombre de un callejón que me resulta interesante, ahora simplemente hago una foto. Es todo más sencillo y rápido.

Con la llegada de Instagram, aquel primer diario digital adquirió casi la perfección. Durante el viaje suelo colgar en mi perfil una imagen diaria, de un personaje, paisaje, situación o espacio, que mejor exprese lo vivido durante ese día o que evoque algo que me ha impactado sobremanera, configurando así una suerte de colección de imágenes que son mi particular bitácora de las experiencias acumuladas lo largo del viaje. Es mi rutina de trabajo: con los años y de forma inesperada, Instagram se ha convertido en una herramienta imprescindible para escribir un reportaje.

Ya no concibo relatar lo vivido en un destino sin visualizar primero el resumen de reminiscencias que guarda mi galería de imágenes en Instagram, donde cada fotografía evoca mi imaginario sobre lo vivido una determinada jornada de viaje. Nunca he creído aquello de que una imagen vale más que mil palabras, pero sí creo que evoca mil recuerdos al que la capturó.

Por: Lucas Vallecillos, fotógrafo de viajes.

 

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