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Heterodoxos del viaje. Cuando la mirada es lo que cuenta

  • Advertencia: Los viajeros que aparecen citados aquí son unos herejes.

Viajeros que viajan y luego lo cuentan hay muchos. Hay tantos que ya ninguno puede ser el primero. Lo siento,  pero Google Earth mató al último de los pioneros. Si cuando llegas a un lugar por primera vez, más que verlo, lo reconoces, eso significa que lees demasiados blogs de viajes ¿Qué nos queda, entonces? La mirada, lo único que es personal e intransferible. Lo único que puede hacer de París o Venecia una experiencia propia y no una mera repetición de postales idénticas.

La única decisión importante cuando viajas es qué y cómo mirar. A veces, esa mirada es tan diferente que se aleja de lo establecido. Suelen ser miradas insólitas, extrañas, desafiantes, e, incluso, reprobables. Pero dejemos lo corriente para la vida cotidiana, y busquemos lo extraordinario en los viajes. Yo cuando viajo, miro, y miro como puedo, a veces miro a lo Williams Burroughs, otras como Andrés Neuman, o lo intento a lo Martín Caparrós, pero la mayoría de las veces quiero mirar como Julio Cortázar. Tengo más referentes que lentes un oculista. Al final hago lo que puedo. Soy miope desde joven. También soy disléxico por lo que me pierdo con facilidad.

La mirada es preguntarse dónde estamos, y en eso consiste viajar.

Hay miradas que desmitifican el lugar al que se llega. Si somos honestos, eso nos sucederá más de una vez. En ocasiones, llegar significa desmontar expectativas. Y, entonces, toca poner mirada a lo Williams Burroughs, el gran transgresor, y desmitificar sin compasión, como lo hace él en las “Cartas del yagé” que escribe a Allen Ginsberg durante su viaje en busca del colocón perfecto de ayahuasca. El poeta recorre gran parte de Sudamérica y lo que ve no le gusta la mayoría de las veces, “Bogotá es alta, fría, y húmeda. Como en ninguna otra ciudad que haya visto en América del Sur, se siente en Bogotá el peso muerto de España, sombrío y opresivo.” ¡Está bien! Como compañero de viaje no es una maravilla, pero, como mínimo, en sinceridad no le gana nadie.

Hay miradas para lo pequeño. Son miradas macro que se entretienen en los detalles. La suma de los detalles es el conjunto. Un experto en este tipo de miradas es Julio Cortázar. El animador de cronopios fue un gran viajero, y entre sus “Papeles inesperados” hay multitud de textos que podrían ser canónicos del periodismo de viajes. Para el caso, mejor uno de los libros de viajes más extraños que se pueden leer, “Los cosmonautas de la cosmopista”. El libro escrito a cuatro manos, las de Julio Cortázar y su esposa, Carol Dunlop, es el resultado de una expedición “alocada y surrealista” durante “treinta y tres maravillosos días” circulando sin salir por la autopista París-Marsella. Un viaje que podría parecer una pesadilla mortal de aburrimiento, pero que la mirada salva, “cuanto más avanzamos, mayor parece la libertad de que gozamos”, dijeron los afortunados.

Hay miradas que no miran, o que parecen que no miran, pero miran más que otras ¿Es un galimatías, verdad? Pero no es mi culpa. La culpa la tiene Andrés Neuman que escribió  “Cómo viajar sin ver”, un compendio de aforismos y literatura breve que teoriza sobre viajar a partir del viaje que hizo por Latinoamérica durante la gira de presentación de su obra ganadora del Premio Alfaguara, “El viajero del siglo”. Un viaje que define como “hipérbole del turismo contemporáneo” y en el que acepta el desafío de una serie de meses en aeropuertos, hoteles y otros lugares de paso, con la idea de “tomar notas literalmente al vuelo”. “Admitiría que viajar se compone sobre todo de no ver”, dice. La suma de fragmentos que le dan esa mirada al vuelo comprende una visión brillante y lúdica de Latinoamérica.

Hay miradas para lo relevante, como la de Martín Caparrós. Serán los años que lleva haciendo crónicas de todo tipo, que tiene una de las miradas más afiladas para ver lo que se tiene que ver y para entender dónde demonios está en cada momento. Hace poco ha publicado “La crónica”, algo así como todo lo que ha aprendido sobre mirar en poco más de seiscientas páginas. La verdad, como ando de viaje, aún no he tenido la oportunidad. Tal vez en la próxima librería que encuentre en Buenos Aires sea una buena ocasión para añadir peso a mi mochila y dioptrías en mi mirada. Pero para cerrar como es debido, es decir, con cita, me quedo con esto que dijo hace unos años:

“Mirar y ver se han confundido, ya pocos saben cuál es cuál. Pero entre ver y mirar hay una diferencia radical.”

Hay todas estas miradas. Y luego están las miradas que hacen lo que pueden, como la mía.

¿Y ustedes con qué mirada se quedan?

Texto y fotografía: Por: José Alejandro Adamuz, escritor y periodista.

 

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Licenciado en Filología y periodista vocacional que se divierte juntando letras para ver cómo reaccionan entre sí las palabras. Es redactor en el blog Ahora Toca Viajar y en otros medios.

2 Comentarios sobre esta publicación.
  • Bea
    2 junio 2016 at 2:33 pm
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    Cuando a un escritor se le puede reconocer un texto sin antes saber su autoría… eso es que el escritor es bueno. ¡Felicidades Alejandro! Por lo que cuentas y por cómo lo cuentas. Love it.

    • Jose Alejandro Ahora Toca Viajar
      8 junio 2016 at 12:41 am
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      Lo de “escritor” son palabras mayores, jajaja… Pero me alegra mucho lo que dices 🙂

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