Es un espacio místico, absorbente, conmovedor e imponente. El desierto marroquí despierta magia y te acerca a nuevos colores, a texturas de arena que no habías imaginado, a silencios; te invita a tumbarte a ver las estrellas por la noche deseando distinguir algo espectacular, imaginando sobre las sombras de las dunas. Estar en el desierto te lleva a escuchar como en ningún otro lugar, los susurros del viento, de la arena viajando.

El Sáhara baila al son del viento. Es él quien dibuja en minutos un paisaje y lo desdibuja para darte otro y otro. La textura de la arena poco a poco se vuelve más sedosa que se envuelve con las sombras. Las dunas dejan claro que esto es un romance entre el viento y la arena, una lucha de poderes y una pasión que los une y transforma teniendo como único testigo, al silencio.

Los dejamos con esta galería fotográfica de aquellas pinturas del desierto de Marruecos, la tierra de los fenicios, caragineses, judíos y árabes, de los romanos, bárbaros, andalusanos, moros y judíos.

El desierto se extiende desde el mar Rojo hasta el océano Atlántico. Cubre zonas de Argelia, Chad, Egipto, Libia, Mali, Mauritania, Níger, Sudán, Túnez y Marruecos. La mayor parte de los ríos y corrientes del Sáhara son estacionales, la única y principal excepción el río Nilo. Las dos zonas más importantes del Desierto del Sáhara marroquí son Zagora y Merzouga. Zagora es una zona más árida y en Merzouga están las dunas de Erg Chebbi, al sur.

 

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Sobre el autor

Periodista en viajes de Tijuana en Barcelona. Es editora y creadora de contenidos.

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