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En Jamay se inventó el tiempo

Mi madre alguna vez me dijo que en el pueblo de Jamay se había inventado la humanidad. Y yo le creí. No tenía por qué dudarlo ya que el pueblo-cuna donde mi padre y madre nacieron tenía características de todos los tiempos. En la Plaza todavía existe un reloj de sombra y al fondo las ruinas de una iglesia que nadie la recuerda operando. Ahora sé que las principales referencias históricas de este pueblo datan desde 1,500, cuando hubo incursiones religiosas ordenadas por los conquistadores españoles.

Curiosamente, en una reciente conmemoración, existió la referencia “Jamay 914-2014”, como si el pueblo festejaba 1,100 años de existencia. De la fachada del Palacio Municipal faltaba el número 1 que había caído y con tanto festejo pocos advirtieron el error provocado por el golpe de aire.

Los miles de años de existencia de este pueblo forzosamente ofrecen tranquilidad.  Muchos de sus residentes se convirtieron en migrantes hacia Estados Unidos en busca del “sueño americano”. En las fachadas de las casas se observa el fruto de las remesas de dólares que desde “el norte” enviaron aquellos que lograron éxito. Muchos ya con la ciudadanía norteamericana han regresado a disfrutar sus pensiones bien ganadas allá. Además, los residentes están orgullosos del bajo índice de delitos. Es de los pocos lugares en que puedes dejar las ventanas abiertas en los autos sin riesgo de robo, recomendación que no quise seguir.

Si en la ciudad vecina de Chapala existe el mayor número de residentes norteamericanos que viven en México, Jamay podría convertirse el lado tranquilo de la Laguna.

…excepto durante el mes de Junio.

Junio es mes de “Corpus” ideado originalmente para la conmemoración religiosa que ahora es convertida en un enorme y prolongado desfile de festividades donde la bebida predilecta de Jalisco, el tequila corre a cántaros. En junio los pocos hoteles, hostales y casas para huéspedes se saturan. Los asiduos visitantes podrían tener suerte si logran hospedaje en el vecino pueblo de Ocotlán, ubicado a quince minutos en auto, pues de acuerdo a censos anteriores, los visitantes pueden llegar a los 200 mil por día. El turista que evita el exceso encontrará a Jamay el resto del año más tranquilo.

La gastronomía  basada en mariscos y pesca de la laguna es excelente y la decena de restaurantes ubicados a la orilla son de primer orden con precios accesibles. El pescado Carpa y el Bagre y su hueva cocidos en barbacoa es la especialidad que se encuentra en todas las cartas.

La cercanía a la Laguna de Chapala, -la más grande de México– brinda un apacible clima que en promedio anual es de 25 grados centígrados. El agradable viento que ingresa al pueblo desde la laguna es único en el país. Ni húmedo ni seco, solo perfecto. Jamay se encuentra a una hora y media de distancia en auto de Guadalajara, Jalisco y son dos las carreteras que conducen hacia el sureste, casi opuesto a la ciudad de Chapala.

La Semana Mayor es otra de las conmemoraciones importante del pueblo. No es distinta a la de miles de otros pueblos mexicanos de influencia española-católica. Jamay fue un importante bastión para los cristeros en la Guerra religiosa de principio del siglo pasado. Los atractivos son precisamente de tema religioso: Está el legendario monumento a Pío IX. Ruinas del templo de María Magdalena, Parroquia de Nuestra Señora del Rosario. El reloj de sol, malecón. Capilla de la Virgen de Guadalupe, monumento y mirador Juan Pablo II y ciclovía Ocotlán-Jamay.

Existe también un lado oscuro de Jamay

A 15 kilómetros del pueblo existe una vieja casona sostenida con barrotes que conserva el color rosa mexicano pintado en la primera década del siglo pasado. La llaman “La Bella Cristina” y son los restos de una hermosa hacienda construida por un pariente del ex dictador Porfirio Díaz. El hacendado llamado Manuel Cuesta Gallardo fue asesinado a manos de Francisco Villa para demostrarles a los campesinos de la región su política anti elitista.

El lugar fue abandonado por la viuda en la década de los veintes y el nombre de La Bella Cristina fue puesto por Porfirio Díaz en honor a su ahijada, hija de Manuel Cuesta. La mansión construida sobre un islote tuvo 365 ventanas que simbolizaron los días del año. Al lugar solo llegaban a través de lancha pues siempre estuvo anegada. Hoy mantienen viva una disputa legal para poseerla mientras poco a poco, ladrillo a ladrillo se desmorona.

Jamay es un lugar apacible con residentes agradables que sin importar cuantas veces pases a un lado de ellos tendrás que saludar o despedir. Un lugar milenario, donde, según mi madre, inventaron el tiempo, transformado hoy por migrantes retirados que construyen sus merecidos sitios de descanso.

Por: Virginia Capaceta Tostado, fotoperiodista, México.

 

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Un comentario
  • Mtro. Arq. Eduardo Cuesta
    23 enero 2015 at 12:39 am
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    Hola.
    Dejo el siguiente comentario a manera de aclaración:
    Manuel Cuesta Gallardo no fue pariente de Porfirio Díaz.
    Cristina no fue hija de Manuel Cuesta Gallardo, no tuvo hijos. fue hija de su hermano Joaquín Cuesta Gallardo casada con Antonia Moreno. Su hija se llamaba Cristina Cuesta Moreno. De ahí el nombre de “La Bella Cristina”.
    Además no tiene ni tuvo las 365 ventanas o puertas. Las veracidad de mis comentarios no es tomada de los sitios donde se mencionan algunas cosas sin sustento y veracidad, es por investigación científica de la Hacienda de Maltaraña, conocida también por el ambito local como “LA Bella Cristina”

    SALUDOS

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