Arte y Cultura

En el Museo Guggenheim de Bilbao

A principios de los noventa, nadie hubiera imaginado que la zona industrial por excelencia de Bilbao sería veinte años más tarde uno de los focos turísticos más importantes de la capital vizcaína. En la zona de Abandoibarra, al norte de la ría del Nervión, se encontraban los astilleros, así como fábricas y empresas vinculadas al sector industrial, hasta que la crisis de este sector fue menguando la actividad y en los años noventa se comenzara una importante rehabilitación, convirtiendo este espacio en uno de los enclaves más modernos y vanguardistas de Bilbo. Aquí se erigen, entre otros, los edificios Isozaki Atea, el puente Zubizuri (conocido como puente de Calatrava), la torre Iberdrola o la Plaza Euskadi. Pero sin duda, el Museo Guggenheim se ha alzado como principal símbolo de la transformación y promotor del turismo en la ciudad.

Proyectado por el arquitecto canadiense Frank Gehry, el Guggenheim fue construido entre 1993 y 1997 en la margen izquierda de la ría. Consiste en un museo de arte contemporáneo, con una colección permanente, en la que destaca La materia del tiempo de Richard Serra, y exposiciones temporales. De todos modos, la joya del Guggenheim es su fachada y su entorno, que sin acceder al interior ya muestran una gran obra de arte. La estructura está constituida por formas curvilíneas y retorcidas rematadas por planchas de titanio, que hacen juego con la estampa de nubes y lluvia de Bilbao. El conjunto, sin una sola superficie plana, es caótico y singular. Para algunos se asemeja a la forma de un barco, para otros la de un pez sin cabeza ni cola. Sólo hace falta dar rienda suelta a la imaginación. En lo que todos están de acuerdo es que, visto desde arriba, posee la forma de una flor. Figura que nos recuerda una cita del poeta bilbaíno Gabriel Aresti: “Bilboko zimaurtegian Iore bat aurkitu nuen” (“He encontrado una flor en el basurero de Bilbao”), que aunque murió mucho antes de la construcción del Guggenheim y de la transformación de la ciudad, parece como una premonición.

En el exterior del museo también se encuentran varias obras de la colección propia, que están fuertemente ligadas a la imagen que todo el mundo tiene del Guggenheim. En la entrada principal da la bienvenida a los visitantes el famoso perro de acero recubierto de flores Puppy, creado en 1992 por el artista estadounidense Jeff Koons. En la fachada norte, se suceden otras tres esculturas: Mamá, la enorme araña de bronce, mármol y acero inoxidable; los coloridos Tulipanes de Jeff Koons y la escultura El gran árbol y el ojo de Anish Kapoor, compuesta por setenta y tres esferas reflectantes.

Contemplemos durante un minuto el Museo Guggenheim de Bilbao, desde la entrada principal, la fachada norte o desde el puente Príncipes de España (más conocido como Puente de La Salve), para tener una visión global de uno de los mejores edificios deconstructivas y, desde el año 2007, uno de los 12 tesoros de España.

Fotografía de portada: Boceto de Frank Gehry para el Museo Guggenheim de Bilbao

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Nació en Logroño pero vive en Tenerife desde los ocho años. Es graduada en Periodismo con un Máster en Periodismo de Viajes. A esta española curiosa e inquieta le gusta viajar con su cámara de fotos y libreta en mano, ya sea al otro lado del mundo o a la vuelta de la esquina.
Un comentario
  • El apellido de los museos | Viaje con Escalas
    18 Noviembre 2014 at 8:45 pm
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    […] Fundación de su tío. El museo fue inaugurado en 1980. Diecisiete años después, se inauguró el Museo Guggenheim Bilbao, diseñado por el arquitecto canadiense Frank O. Gehry; se espera que para 2017 esté listo el […]

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