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En el Charco del Viento

Un camino entre plataneras de una sola dirección. Despacio. A veces viene un coche de frente y hay que buscar un apartadero o echar marcha atrás. Al final hay una pequeña zona de aparcamiento, donde comienzan las escalinatas para alcanzar el nivel del mar. Con cholas o con los pies descalzos se entra en contacto con el terreno volcánico que el oleaje ha moldeado a su antojo. Los cangrejos se colocan justo por encima de donde rebota el agua y en el aire saltan efímeras gotas saladas.

A la hora de darse un baño en el mar, Canarias no sólo cuenta con playas de arena negra, sino también con charcos. El origen volcánico y la orografía del archipiélago canario han dado lugar a rincones costeros donde las rocas parecen haberse puesto de acuerdo para formar piscinas naturales. El agua entra por el espacio abierto, por cualquier hueco o salta por encima y cae como una catarata. En las costas más abruptas, donde no hay playas, los charcos son los espacios que los lugareños tienen para refrescarse, tomar el sol, bucear o pescar. Es también un lugar de encuentro para la gente del pueblo y la forma de alejarse de las playas concurridas.

Abunda en la zona norte de Tenerife, donde el mar es más agreste y hay fuertes corrientes. La subida y bajada de la marea ha creado charcos singulares y variados. Los hay cerrados, como un jacuzzi; más amplios y abiertos al mar; sólo de roca o con zonas de arena; tranquilos o con mucho oleaje; con adaptaciones humanas (como escaleras metálicas, muros de contención, barandillas, duchas…) o en su estado más puro, fruto de los caprichos geológicos y de la erosión.

Un ejemplo es el Charco del Viento, situado en el municipio de La Guancha. Se trata de un ejemplar alargado y de grandes dimensiones que está abierto al mar por varios entrantes. Presenta dos zonas de baño separadas por una pequeña “playa” de piedras, que cuando sube la marea se encoge o se diluye bajo el agua. Hay que aprovechar cuando está baja la pleamar para tumbarse o cruzar al otro lado y ascender por las rocas. Además de bañarse, el Charco del Viento es un buen lugar para bucear y contemplar la flora y fauna marina. Y no es raro encontrarse con pescadores que dejan pasar el tiempo mirando el horizonte en espera de que un tirón en la caña les devuelva a la realidad. ¿Nos damos un baño?

 

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Nació en Logroño pero vive en Tenerife desde los ocho años. Es graduada en Periodismo con un Máster en Periodismo de Viajes. A esta española curiosa e inquieta le gusta viajar con su cámara de fotos y libreta en mano, ya sea al otro lado del mundo o a la vuelta de la esquina.

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