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El tren de Flåm y los fiordos noruegos

Un accidente de la naturaleza, eso es un fiordo. Un valle de gran profundidad en forma de “u” producido por el deshielo de un glaciar y ocupado por las aguas del mar. Noruega es rica en accidentes naturales; sus efectos se ven en laderas, barrancos y praderas, paisajes entre mar y montaña. ¡Mil fiordos por todo el país! En uno de ellos, Aurlandsfjord, en el interior de Noruega y en aguas del mar del Norte, está la pequeña aldea de Flåm, el corazón de los fiordos noruegos; pero eso no es un accidente.

En Flåm apenas viven cuatrocientas personas; pero en Noruega los pueblos pequeños son grandes en otras dimensiones. El fiordo de Flåm es un brazo del fiordo más grande de Noruega y el segundo más grande del mundo: el Sognefjord. Uno de los cruceros por los fiordos más populares, el Norway in a nutshell, incluye navegar por él y subir a las montañas para admirar los paisajes lo más alto posible desde el tren de Flåm.

“Los paisajes, aparentemente, son esas imágenes que deseamos perpetuar. Pintamos cuadros, imágenes que deseamos perpetuar. Pintamos cuadros, fotografiamos, describimos en poema o filmamos. No sabemos de dónde procede la fuerza de esas imágenes, sí de nuestra mirada o de algo que aparece entre el caos perceptivo que el mundo nos ofrece, o, más probablemente, de una combinación de ambas cosas.” El paisaje habitado, Carlos Muñoz Gutiérrez

El tren de Flåm, uno de los viajes en tren más bellos del mundo

Los paisajes de la ruta del tren de Flam, Noruega. |Fotografías: Arlene Bayliss

Llegar a Flåm ya es un viaje. A primera hora del día salí de Bergen, viajé en tren con dirección a Voss, conversé con un hombre de unos cincuenta o sesenta años que trabajaba en la industria petrolera, y me contó del gran cambio que supuso este sector para el país; habló de un antes y un después. Llegué a Voss y tomé un bus con destino a Gudvangen y me subí a un bote que desembarcó en Flåm; y ahí estaba estacionado, luciéndose.  

Parece antiguo, lo es, pero es moderno, tiene que serlo si se es el tren más empinado de Europa. Te lleva desde el nivel del mar en el fiordo de Sognefjorden de Flåm, hasta la cima de la montaña, donde se encuentra la estación de montaña de Myrdal en Hardangervidda, a 866 metros sobre el nivel del mar. Su recorrido de 20 kilómetros es una maravilla de la ingeniería noruega. En 1871, las primeras ideas se convirtieron en los primeros planos; cincuenta años después se inició su construcción. Veinte túneles, dieciocho de ellos se excavaron manualmente a razón de un metro lineal por mes de trabajo, circula desde 1940. El tren de Flåm en 2010 fue elegido como uno de los diez viajes en tren más bonitos de Europa por la revista National Geographic Traveler; un año después, The Society of International Railway Travelers lo designó como uno de los 25 viajes en tren más atractivos del mundo, y desde entonces, todos quieren ver estos paisajes noruegos.

Los paisajes de la ruta del tren de Flam, Noruega. |Fotografías: Arlene Bayliss

El trazado del ferrocarril obedecía los capri­chos de la sierra, yendo unas veces adherido a las faldas de la montaña, otras suspendido sobre los preci­picios, evitando los ángulos bruscos por medio de cur­vas atrevidas, penetrando en gargantas estrechas, que parecían sin salida. Julio Verne

Los tractores del campo se ven pequeños a un lado de las granjas y entre las montañas. El tren de Flåm también deja ver la Noruega más rural: todo el trayecto pasa por Stalheim, que fue un punto base para los carteros de otra época después de que se abriera el servicio entre Oslo y Bergen. Aurland, a orillas del fiordo, es un pueblo con una cascada de la que se produce electricidad para Oslo, también son famosos sus zapatos tradicionales. Undredal, pequeño y pintoresco, de unos cien habitantes, tienen la fama de producir el mejor queso de cabra de la región. En Stigen cultivan la tierra de forma ecológica como lo marcan  las antiguas tradiciones noruegas. En Dyrdal es posible ver a los renos pasear. Más de la mitad de Noruega la ocupan montañas y glaciares, y toda su población está extendida por el territorio, entre los brazos de los fiordos. 

Viajé sola pero bajé del tren sonriendo con todos, como todos, emocionados. Sentía que el paisaje, la belleza, nos había conectado. Todos sonreían conmigo. Había llegado a la estación de las montañas blancas, Myrdal, para tomar otro tren de regreso a Bergen, aún con el corazón acelerado. Los fiordos, como accidentes naturales, y el tren de Flåm como ingenio noruego, juntos, son una explosión emocional; puede sonar exagerado; pero Noruega está conformada por una naturaleza accidental sublime.

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¡Ahorita Vengo! Eso dijo en su casa y no ha vuelto. De Tijuana en Barcelona, comunicóloga con un máster en periodismo de viajes.
2 Comentarios sobre esta publicación.
  • Jaime G. Montes
    25 mayo 2017 at 7:04 pm
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    Cuando empecé a leer tu relato y me pongo a pensar si nuestros ojos tendrán la capacidad de admirar estos paisajes en su real esplendor, o ¿será que nos rebasan las imágenes? ¿Será que estos espejos de vida son solo alucinaciones? Cuando terminé de leer tu relato quedaron ancladas de forma accidental en mi mente dos cosas: la nostalgia del viaje en tren y lo sublime del paisaje.

  • Recorrido del Chepe, el tren de los recuerdos | Viaje con Escalas
    24 julio 2017 at 7:48 pm
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    […] Chepe es ícono del turismo en México. No es un tren rápido como los de Europa o Japón, tampoco lo es como los de transporte público que existen en Estados Unidos; más bien, […]

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