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El silencio de Toniná

La pirámide más alta de México está en Chiapas

Por estas tierras hombres y mujeres de cabellos negros y lacios establecieron un imperio. Eran de piel oscura, cuello corto y hombros anchos. Levantaron grandes pirámides como templos para sus dioses, el Sol, la Luna, Venus, la Tierra. Grandes sacerdotes formaron parte de la historia de la Cultura Maya que se asentaron en Toniná, en “La casa de piedra”  o “El lugar donde se levantan las esculturas de piedra en honor del tiempo”. Comparado con otras ciudades mayas de gran relevancia, Toniná no se queda atrás, de hecho es la pirámide más alta de México, superando por diez metros a la pirámide del Sol en Teotihuacán.

Me parecía increíble ser la única en aquel majestuoso espacio natural adentrado en la Selva Lacandona. Más grande de lo que imaginé, fascinada recorriendo las calzadas y las siete plataformas que integran la ciudad, con sus palacios, templos, zona habitacionales y administrativas. Es una única estructura para diversas funciones  dentro de lo que era su organización social, política, económica y religiosa que no se repite en ninguna otra zona arqueológica del mundo maya. ¿Toniná es un secreto?

Está a menos de 85  kilómetros de la ciudad de San Cristóbal de las Casas, en Chiapas y a poco más de 115 kilómetros de Palenque, otra de las grandes ciudades mayas. Pero esta cercanía a puntos estratégicos no le dan fama, por el contrario, llegar a la selva y descubrir Toniná es hacerlo en solitario. Es la energía maya tu acompañante, los grabados en piedras tu guía y la vegetación el sendero a seguir. ¿Todo esto es para mí sola? Pensé aquel día. ¿Por qué no hay nadie? ¡Qué maravilla!

Toniná posee en su acrópolis una de las edificaciones más grandes de México y parece que aún falta más por conocer. Hace un par de años se encontró un sarcófago de más de mil años de antigüedad, con un cráneo fracturado y huesos largos dispuestos en forma de cruz, un hallazgo  que ha sido comparado con el sarcófago de la “Reina Roja“, que se encuentra en Palenque. Las excavaciones arqueológicas se han limitado a la quinta parte del área, unas 94 hectáreas que representa Toniná asentado alrededor de una colina del valle de Ocosingo. No puedo ni imaginarme lo que esto a futuro significa en cuestión de descubrimientos. ¿Qué más sabremos de los mayas?

En sus ruinas destacan sus templos que a la vez hablan de sus dioses y de sus creencias que regían su forma de vida, como el Templo del Monstruo de la Tierra, el Templo del Espejo Humeante y los interesantes Templo de la Guerra Cósmica, el Palacio de las Grecas y la Guerra, el Mundial de las Cuatro Eras, la Tumba de los Treinta Metros y el Juego de Pelota. Aunque no queda mucho de ellos, la energía se siente, la respiras y al saber la función de sus espacios lo imaginas y lo recreas estando allí, en su tierra.

Por más de tres mil años los antiguos mayas eran los que dominaban Mesoamérica y Toniná forman parte de esta huella, y no sólo eso, lo fue también del paso de otras culturas indígenas que participaron en la definición de su espacio y de su historia, al menos así lo refleja su arquitectura que suma no sólo estilos mayas, sino expresiones estéticas de otras arquitecturas como la olmeca, teotihuacana y tolteca, lo que la hace una ciudad más interesante, más fuerte y sobresaliente.

Dentro de los elementos característicos y únicos, se encuentran los cubrimientos a dos vertientes en forma de triángulo isósceles y un dique con forma de caracol de guerra sobre un arroyo afluente del río Usumacinta en plana Selva Lacandona. Además se contabilizan más de treinta piezas escultóricas que registran su ideología, su fe y sus creencias.  Grandes señores mayas han sido encontraron aquí, rodeados de esculturas y personajes sin cabeza o con las manos atadas a la espalda.

Toniná es un vivo ejemplo de la iconografía maya basada en monstruos de la tierra, deidades acuáticas, aves celestes y dragones del inframundo; se suma la greca espiral escalonada y Chaac, el dios del agua, es decir, una ciudad sobreviviente durante el tiempo del derrumbe del viejo imperio maya, coexistiendo con las ciudades toltecas de Tula y Chichen Itzá y que para la llegada de los aztecas hacia el siglo XIV supuso el inicio de su decadencia.

Cuando la gran vida de Toniná llegó a su fin, se destruyó la ciudad, se decapitan y destrozan las esculturas, sus grandes espacios se convirtieron en cementerios y la tierra y la vegetación cubrieron las ruinas de la ciudad, que sólo tras una década de trabajos arqueológicos ha salido de nuevo a la luz, permitiendo así el conocimiento de su existencia.

El silencio es abrumador, sus espacios tan bien definidos y conservados, el olor a vegetación y aún en ruinas, la altura y lo que esto representa en paisajes una vez en la cima. Es maravillosa la sensación de pisar Toniná. Los mayas  siempre buscaron los lugares más adecuados para obtener sus recursos, crecer en sus riquezas y todo ello, lo encontraban en la naturaleza. Recuerdo que me senté en la cima de Toniná y pensé: ¿cómo entender a  esta cultura que aún sigue siendo estudiada? ¿Qué hubiera sido de ellos si no hubieran llegado los españoles? ¿Yo estaría hablando maya y no español? Y una pregunta que siempre me acompaña cuando he visitado ruinas mayas es ¿cómo construyeron todo esto? Soy tan pequeña en medio de estas historias antiguas, no sólo entre las enormes pirámides, sino en la suma de inviernos y veranos que han transcurrido aquí.

En México la Cultura Maya estuvo presente en Campeche, Chiapas, Quintana Roo, Tabasco y Yucatán, pero es la zona Mesoamericana que une a Guatemala que cuenta con al menos 30 grandes ciudades mayas, se suman cuatro en El Salvador, dos en Belice y una más en Honduras, es decir, una misma región que en su momento representó un territorio en donde al menos se hablaban 44 lenguas mayas diferentes. Toniná parece ser un secreto pero lo que no es, es su grandeza.

 

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¡Ahorita Vengo! Eso dijo en su casa y no ha vuelto. De Tijuana en Barcelona, comunicóloga con un máster en periodismo de viajes.

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