Tras mi paso por el sur de Etiopía tenía la sensación de que el viaje había llegado al fin. Pero un viaje es una sucesión de pequeños viajes -una despedida, un objetivo cumplido, una decepción-. El sur fue el motivo principal para decidir comprar un vuelo a Addis Abeba. Lo que no sabía era que el norte del país aún me reservaba una sorpresa. El viaje por Etiopía continuaba.

El norte de Etiopía posee el mayor legado histórico del país: las imponentes iglesias talladas en la roca de Lalibela o los genuinos castillos del siglo XVII de Gondar, ciudad que fue capital imperial.

Viaje hacia el oasis de Etiopía

Si viajas a Etiopía, Gondar es el punto de partida para visitar  las montañas Simien, uno de los paisajes montañosos más majestuosos que he podido presenciar nunca y el principal reclamo de cualquier senderista que visita Etiopía. Las montañas Simien -“norte” en amárico- lucen un verde intenso al comienzo de la estación seca, a principios de octubre. Este macizo posee decenas de picos que alcanzan y superan los 4.000 metros -el Ras Dashen, a 4.543 metros, es el pico más alto de Etiopía y el cuarto más alto de toda África-.

Necesité un día en Gondar para negociar con alguna agencia local, el guía, el cocinero y el mulero. Una vez tuve todo listo y el trekking contratado, me marché a descansar tras un día agotador. El despertador sonó temprano, demasiado. Aún había personas en la calle que no se habían ido a dormir. El 4×4 se encontraba preparado para llevarme hasta Denmark, pueblo donde se están las oficinas centrales del parque y donde, además de abonar los derechos de entrada, se te asigna un guía armado. No hay elección: está impuesto por el gobierno, y aunque durante la ruta no hubo peligro del que ser protegido, terminé alegrándome de su compañía. Resultó ser un hombre entrañable. Armado, pero encantador.

El oasis verde de Etiopía. |Fotografía: David Sánchez

El primer día transcurrió a más de 3.000 metros de altura hasta llegar al campamento de Sankaber. Durante el mes de septiembre, la temporada de lluvia da sus últimos coletazos y existe el riesgo de tener poca visibilidad. Y así fue, una espesa niebla impedía ver más allá de tres metros. Tanto, que en el primer tramo de la ruta no pude ver a los babuinos Gelada, los primates endémicos que están acostumbrados a las personas. Los babuinos pasaron a un segundo plano al desaparecer la niebla por completo. Un gran soplo de aire se la llevó: ante mis ojos tenía un oasis verde en mitad de Etiopía, con agresivos y desiguales picos afilados que apuntaban hacia el cielo como flechas.

La niebla volvía y marchaba siempre en el momento preciso, como si se hubiera propuesto jugar conmigo y sorprenderme. No permitía que me acostumbrara demasiado a aquel lugar verde y montañoso. Los momentos en que la niebla marchaba eran emocionantes. Me olvidaba del cansancio y del frío, que a medida que atardecía disminuía cada vez más.

En los siguientes días se cumplió el mismo patrón: mismos bancos de niebla, mismo dejar y no dejar ver. Los paisajes sí variaron, convirtiéndose cada vez en más escarpados. Los beduinos, los lobos y la cabra montés de Etiopía, se dejaban ver sin disimulo.

Niños de la tribu sureña Karo |Fotografía: David Sánchez

Fueron tres los campamentos donde necesité plantar la tienda y muchas horas caminando hasta llegar al último reto: ascender el segundo pico más alto de Etiopía, el Bwahit – a 4.200 metros de altitud -. Allí arriba estaba el punto desde el que contemplar el oasis verde de Etiopía. Con una inmensa alegría, un incesante dolor de piernas y con el deseo o necesidad de entrar en calor deshice el camino hasta Gondar, convencido de que Etiopía es un país tan impredecible que aunque no quieras, sorprende. Y me sorprendió.

¿Te interesa viajar a Etiopía? Te recomendamos: Ethioland

 

Por: David Sánchez, fotógrafo y bloguero de viajes. 
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Sobre el autor

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15 comentarios

  1. Precioso relato, me he imaginado ahí entre la niebla y el verde. ¡Menuda aventura subir a 4.200 metros! Yo nunca he subido tan alto… Las fotos maravillosas, me acercan a un país tan insólito para mí como es Etiopía.

    • Gracias Patri por comentar. En Bolivia llegué a casi los 5.000 metros. Es una pasada la sensación de estar a esa altura. Seguro que algún día deja de ser insólito 🙂

      Un abrazo

  2. Me he quedado con ganas de seguir leyendo…Gracias por el bonito relato y por descubrirnos un país poco conocido. Mi gran sueño viajero es pasar una larga temporada en África… ¡¡ Y felicidades por la colaboración!!

    • África es un continente apasionante y difícil. Pero es único y cuando consigues entenderlo, ya no querrás irte de allí.

      Un abrazo Maru

  3. Es un destino al que nunca he tenido en mente viajar, quizás por comodidad?… Quién sabe. Lo que es cierto es que si algún día no lo hago, me estaré perdiendo lo maravilloso que has mostrado en este post.

    Quizás algún día… gracias!

    • Si algo se desea con muchas fuerzas se termina consiguiendo. Seguro que algún día estarás allí 🙂

      Saludos y gracias por comentar

    • Gracias compi. La satisfacción es mayor cuando has sufrido para conseguirlo. En Simien hay que andar y pasar frío pero la recompensa merece la pena.

      Un abrazo

    • Bueno, más que un oasis es un auténtico paisaje verde rodeados por tremendos picos. Es un lugar perfecto para hacer una ruta de varios días.

      Saludos y gracias por comentar

  4. ¡Vaya treckking más chulo! No pensaba que en Etiopía hubiese algo así… Yo también tengo muchas ganas de descubrir África.

    En cuanto al hombre armado a mí me pasaba lo mismo en Centroamérica pero al final en estos lugares el arma es sensación de seguridad. Por desgracia en los últimos años se están empezando a ver policías con metralletas por Europa por loq ue nos vamos a tener que acostumbrar.

    Un abrazo

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