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¿Cómo se vive con un volcán

El Etna de Catania, el volcán más grande y activo de Europa

Hay un libro abierto siempre para todos los ojos: la Naturaleza.

Jean Jacques Rousseau.

Los fenómenos naturales han condicionado la vida del ser humano y en Catania, conocen muy bien lo que es sentir la fuerza de la Naturaleza con sus dádivas y arrebatos. Es el volcán Etna, un artista, un anarquista, el que ha transformado pueblos y hombres a su antojo con erupciones diversas, constantes e impredecibles. Tanto es así, que la ciudad de Catania no existía, solo había mar y con los ríos de lava, producto de las erupciones volcánicas, se ha formado esa tierra que hoy habitan los cataneses, cordiales, generosos y resignados a la temporalidad marcada por el volcán. Catania es tierra volcánica.

En la Naturaleza, los volcanes son lugares donde la energía de transformación se manifiesta de forma mucho más evidente que en otros sitios y, en especial, alrededor del Etna se ven características que realzan la particularidad de su climatología, sus erupciones, sus frutos, sus especies endémicas, sus contrastes. No es sólo un gigante que se muestra a quien le ve, hay algo en sus caminos que se percibe.

Pude comprobar en el Etna que, aún siendo el volcán más grande y más activo de Europa, no atemoriza a más de un millón de habitantes que viven en las veinte comunidades que rodean el gigante y viven a merced del también conocido como “Mongibelo”.

El poder de transformación del Etna conmocionó a todos los habitantes de estos pueblos con la erupción del año 1669, extraordinaria y catastrófica por la cantidad de lava y la intensidad de las explosiones. Un enorme río de lava de más de 15 kilómetros destruyó una docena de pueblos, atravesó la ciudad de Catania, llegó al mar y lo invadió por más de dos kilómetros rediseñando la línea de costa. El río Amenano, hoy en día oculto bajo las calles de la ciudad de Catania, canalizado en la fuente en la Piazza Duomo y con una modesta salida al mar, es uno de los efectos de los ríos de lava. Todas las comunidades me generaron esa sensación de temporalidad y el negro penetrante de la lava domina sus calles, sus casas, su costa.

El volcán Etna de Catania, caja de misterios 

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Para entender el Etna y sus misterios, tuve que cambiar el concepto humano que tenemos sobre la dimensión del tiempo. Nuestro tiempo corre en segundos y el tiempo en geología transcurre en millones de años. La historia del planeta empezó hace 4,6 billones de años. Comparando con una película, los seres humanos vivimos en un fotograma de la evolución. Solo así pude entender la magnitud de los cambios y la relevancia del proceso evolutivo que comienza después de cada erupción.

El Etna es un volcán complejo, caminarlo y conocerlo fue una experiencia extremadamente interesante, por su posición geográfica y por el contexto tectónico en el que se encuentra. Comprende las etapas más significativas de la evolución de la cuenca del Mediterráneo, su estudio está ligado a la sismicidad y a la vulcanología. Su historia es conocida desde tiempos inmemoriales, griegos y romanos han narrado la actividad volcánica del Etna.

Pude observar la cima del volcán desde las diversas laderas, una experiencia que  me reveló su peculiaridad con una morfología que varía según desde donde se observe. Todos los días hay humo saliendo de los cráteres en la cima. Lejos del estereotipo de la figura cónica de los volcanes, el Etna tiene cinco cráteres en la cumbre y 250 a 300 cráteres en toda su superficie. No existe un número exacto, porque hay cráteres recientes que se pueden observar a simple vista, pero la erosión y los colapsos han modificado la morfología natural de los cráteres más antiguos, haciendo que sólo sean visibles desde satélites. Muchos de estos pequeños cráteres se asimilan a delgados tubos en su interior y, una vez que hay una erupción, se cierran, quedan inactivos para adornar el terreno como inofensivos montículos de tierra. En la ciudad de Catania, inclusive, hay cráteres antiguos que dan forma a las calles más empinadas como la Vía San Giuliano.

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El Etna, exuberancia y escasez

Un cinturón de pueblos circunda el Etna con un millón de habitantes aproximadamente. Las comunidades de Adrano, Belpasso, Biancavilla, Bronte, Castiglione di Sicilia, Giarre, Linguaglossa, Maletto, Máscali, Milo, Nicolosi, Pedara, Piedimonte Etneo, Ragalna, Randazzo, Sant Alfio, Santa María di Licodia, Trecastagni, Viagrande y Zafferana Etnea son los apacibles vecinos que sacan provecho de las fértiles tierras volcánicas.

Todos estos espacios alrededor del volcán fueron para mi pruebas irrefutables de su influencia, la fauna y la flora con diversas especies endémicas, los cultivos, el clima, los viñedos, la arquitectura, el carácter del ser humano. Es una presencia marcada por la fertilidad y la renovación.

Además, están los grandes protagonistas, el inconfundible pistacho de Bronte, reconocido mundialmente, pude degustarlo al natural, en helados para refrescar al calor agobiante del verano y los viñedos productores de vinos con denominación de origen. Éstos son los cultivos más tradicionales de la zona que han decorado durante años el paisaje de las laderas, colinas y antiguos conos volcánicos con el consentimiento y complicidad del volcán Etna.

La vegetación endémica del volcán destaca con especies únicas como la Retama del Etna que ha crecido como un árbol y no como un arbusto, que es su forma original. La retama común al colonizar los ríos de lava tuvo dos oportunidades, desaparecer o evolucionar, así se transformó de arbusto común a árbol endémico con sus diminutas flores amarillas.

Para observar la riqueza de contrastes del Etna, desde el punto de vista vulcanológico, el lado sur me pareció el más interesante por la variedad de ríos de lava de épocas diferentes, desde los que dejó la catastrófica erupción de 1669 hasta los más recientes de los años 2001 y 2002. Esta ladera es el lugar donde pude apreciar el mayor contraste entre dos colores principales que identifican el paisaje etneo: el verde y el negro.

La opulencia de la Naturaleza en el Etna pude observarla en los distintos itinerarios que recorren la cima y las laderas del volcán, realicé excursiones turísticas para visitar los cráteres caminando a los puntos de más fácil acceso, en vehículo particular para apreciar las huellas del volcán por toda la vía que le circunda y en el transporte tradicional que es la Ferrovía Circumetnea. Este tren que bordea los pueblos ubicados en las laderas del Etna fue mi medio de transporte predilecto  porque pude compartir camino con los auténticos cataneses, lo usan frecuentemente estudiantes, agricultores, trabajadores, artesanos y, por supuesto, los conductores de estos trenes, quienes abrieron las puertas de su mundo para compartir sus vivencias con la calidez que los caracteriza, casi todos han desempeñado este oficio durante muchos años, incluso lo han compartido por varias generaciones. Cada estación de tren, cada vagón, cada personaje es una historia para recordar.

También, hice una visita a la sede del “Parco dell Etna”, ubicado en Nicolosi, donde se han sembrado diversas especies para su conservación y exposición en el Sendero del Germoplasma. Este espacio de conservación, fue inaugurado a finales del 2009, es una exhibición de toda la vegetación del volcán: viñedos, huertos de frutas, especies endémicas como la retama del Etna (Gynestra aetnensis), plantas forestales, plantas aromáticas.

El sendero fue creado para el estudio, conservación y realización de actividades de educación ambiental que involucran cada año a miles de niños de escuela primaria y secundaria, provenientes de los pueblos y ciudades vecinos del volcán, está acondicionado para visitantes discapacitados y me mostró la evidencia que lo que se dice teóricamente es una realidad, que todos son hijos y frutos de este territorio, que genera una conciencia colectiva y un sentido de pertenencia que se transmite a sus habitantes, quienes tienen una tendencia a sentir que el territorio es de todos, pero no para todos.

Un volcán como el Etna con su peligro, su magia, sus explosiones, es un área protegida y preservada para futuras generaciones. Me sorprendió saber que la montaña es más conocida por foráneos que propios. El patrón sedentario, la cercanía que lo hace rutina, la explotación económica y la desidia de sus pobladores son amenazas constantes al equilibrio ambiental. Sentí tristeza al ver terrenos baldíos convertidos en basureros, animales que reciben alimentos indebidos, turismo de masas que contamina, construcciones en lugares prohibidos, la huella inevitable del hombre sobre la Naturaleza.

El volcán generoso e imponente es amenazado por la mano implacable del hombre, el arma más efectiva para combatirla es la educación ambiental de habitantes y visitantes. Preservar hoy significa conservar este entorno natural para el futuro.

Como protagonista de este viaje por las comunidades que rodean el Etna, pude admirar la variedad de cultivos, deleitar mis sentidos con la degustación de productos enriquecidos por la fertilidad de los suelos volcánicos y aprovechar la oportunidad de conocer a agricultores, artesanos, talladores de piedra lávica, excursionistas, geólogos y todos esos personajes que me hacen recordar el Etna como una identidad, una huella, un artista, un rebelde, un volcán.

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Viajera independiente, venezolana de nacimiento y española de herencia. Ha fusionado su experiencia profesional en Marketing con el Periodismo de Viajes. Emprende cada viaje atraída por la diversidad cultural, la naturaleza, la gastronomía, la fotografía y la reflexión.

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