Quién podría imaginar que una flor tiene poderes. Los tulipanes los tienen, te llaman, aparecen como aquellos que te quieren trasladar a su restaurante del brazo y no te sueltan hasta llevarte a su terreno. La diferencia es que aquí, no hay nada a cambio, los tulipanes sólo buscan la contemplación, los descarados. Vas caminando y te llaman por tu nombre. Su lenguaje se mete a tus ojos, a tus oídos, a tu nariz y te seducen, te atrapan. Fui presa fácil, lo reconozco. Dejé de lado la ciudad y sólo tenía ojos para los maceteros, no te puedes descuidar porque sin darte cuenta no querrás más que seguir encontrándotelos, me refiero a los tulipanes de Holanda ¡Cuidado!

Algo había escuchado de la fama de esos, los tulipanes, pero tuve que ir a Ámsterdam para comprender que “Un tulipán no trata de impresionar a nadie. No se esfuerza en ser diferente de una rosa. No tiene que hacerlo. Es diferente. Y hay sitio en el jardín para cada una de las flores” decía Marianne Williamson. Y el jardín de estos tulipanes es nada más y nada menos que las tierras de Países Bajos.

No soy la única que ha caído en las garras de la dulzura y el encanto de un tulipán, estos tienen un largo historial. Sus colores, la intensidad de esos colores, y el derroche de elegancia y fragilidad de sus pétalos con su tallo largo y delgado, sin espinas de por medio, dan como resultado millones de víctimas al año. Personas que viajan a Países Bajos para visitar sus ciudades y que quedan atrapados por los tulipanes que florecen en primavera y que aún se dejan ver en verano; viajantes de todo el mundo que llegan a este país europeo pensando que los tulipanes son una flor más. ¡Qué ingenuos!

Apenas miden 30 o 60 centímetros y son el símbolo de este país y también de Turquía e Irán, de donde es originario el tulipán. Se habla de más de 150 especies pero quién sabe cuántas más habrá y aún lo desconocemos, porque sus raíces se expanden y está claro que su asentamiento en estas tierras les ha dado mucho poder.  Los tulipanes tienen a ciudades y campos de rehenes, incluso son dueños de parques sólo para ellos, es de ellos, ¿nosotros qué somos? Unos simples espectadores hipnotizados por esas diminutas pero potentes chispas de ternura y belleza que provocan el mismo efecto que los rayos del sol sobre una barra de chocolate.

La invasión de los tulipanes de Holanda

El poder de los tulipanes que tiene hipnotiza a todo el que llega a los campos de Holanda. |Fotografía: Glenda Galarza

El poder de los tulipanes que tiene hipnotizo a todo el que llega a los campos de Holanda. |Fotografía: Glenda Galarza

Imaginen lo que pasa en nuestro interior, con el corazón, los ojos, con los sentimientos que desconocemos que existen y que se estimulan cuando vemos a millones y millones de tulipanes juntos. Hectáreas, campos de tulipanes que desarticulan fácilmente a cualquiera para dejar salir a chorros, escurriendo, la miel más profunda de tu ser sin que puedas hacer nada por controlarlo; debes dejar de mirarlos para recuperar la cordura, alejarte. Y lo peor, no hay vacuna, sólo puedes derretirte y sentir como te brota la emoción y la exaltación por los poros. Hay quienes gritan como si vieran a un bebé de meses vestido con un traje de osito de peluche, otros se quedan sin palabras, muchos se inclinan hacia ellos con los brazos abiertos como si pudieran abrazar e incluso, como si intentaran darle una mordida a una de las piernas o al gordito de los brazos de ese bebé de meses. ¡Una vergüenza!

En los Jardines Keukenhof o el Jardín de Europa, como le conocen algunos, se halla a unas seis horas en coche de Ámsterdam, una de las zonas con más víctimas. Más de 32 hectáreas de granjas y campos abiertos de millones y millones de tulipanes. La mayor parte de los campos de cultivo se encuentra en el Noordoostpolder, en Flevolanda y en la región llamada Kop van Noord-Holland, que acoge la zona continua de cultivo de bulbos más extensa de Holanda.  Año con año llegan millones de visitantes desde mediados de marzo hasta finales de mayo, cuando todas las zonas afectadas se convierten en mosaicos de color naturales sin vergüenza alguna.

Temporada de tulipanes en Holanda

La invasión de los tulipanes a Holanda |Fotografía: Glenda Galarza

Los campos de los malhechores de los tulipales de Holanda |Fotografía: Glenda Galarza

Según cuenta el Museo del Tulipán en Ámsterdam, la primera floración de estos malhechores fue en 1594 en el Hortus Botanicus de la Universidad de Leiden. Se señala como víctima y responsable al botánico Carolus Clusius, quien introdujo a la región las pequeñas bombillas al jardín de la universidad de Viena y lo demás son historias con muchas versiones. Este hombre por cierto, encontró en esta y otras flores malhechoras,  el pretexto para viajar por Europa y escribir, y publicar; una de sus travesías fue recorrer la Península Ibérica durante dieciséis meses como botánico.

Lo que pasó después fue una epidemia. Empezaron a brotar incluso imitaciones y experimentos de tulipanes, aparecieron ladrones de bulbos, empezaron a vender en el mercado, después pasaron a tiendas y de pronto, estuvo a la par del mercado de diamantes; una infección letal y caótica.  Pinturas de tulipanes, festivales de tulipanes, fiestas y eventos sociales decorados con tulipanes, tulipanes para la novia, tulipanes para la suegra y de pronto, llega la tulipomanía, uno de los primeros fenómenos de especulación de los que se tiene noticia que provocaron una gran burbuja económica y una crisis financiera. Una flor provocó una locura, todos querían un bulbo de tulipán.

Holanda está casada para siempre con los tulipanes, incluso le acompaña el apodo de ‘floristería del mundo’.  Ahora hay tulipanes y festivales hasta en ciudades como en Nueva York y en Holland Michigan, ciudades estadounidenses con fuertes raíces de tulipanes. Cada año se dan al menos tres mil millones de bulbos de tulipán en Holanda, está claro que no tenemos salvación porque además son un puño de millones los que salen a otros países, a Estados Unidos, a Japón y al norte Europa; que tengamos información corroborada.

Es duro, pero es verdad. Mi encuentro con ellos me dejó desorientada en cuanto llegué por la estación de tren de Ámsterdam. ¡No me lo esperaba! Era abril, la peor fecha. Caminé y salí acelerada como siempre que llego a un lugar nuevo, y no pasó mucho tiempo cuando empecé a sentir ese mareo. El poder del tulipán. Comencé a caminar más lento, a desviarme, no lograba andar en línea recta. Me di cuenta qué estaba pasando, los tulipanes me estaban hablando y sin darme cuenta ya estaba vuelta loca por ellos, sin más. Es terrible el efecto desmesurado, lo decía al inicio, lo advertía, pues aunque parecen inofensivos e irresistibles, cuentan con enormes poderes, repito: ¡Cuidado con los tulipanes de Holanda, pueden sacar todo el almíbar que llevas dentro!

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Sobre el autor

Estudió comunicación en Tijuana y se especializó en periodismo de viajes en Barcelona, es editora y creadora de contenidos viajeros.

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