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Viajar en moto: consejos

Acompañado o en solitario, un periplo sobre dos ruedas es un viaje que te marca. La aventura está a la vuelta de la esquina y eso engancha; imaginad mucho, pues añadid un bastante más. Conviene saber sin embargo, ciertos detalles para ir sobre seguro, puesto que los preparativos forman parte del viaje, organizándote ya estás experimentando, fantaseando con la aventura.

En salidas de este tipo, en las que el medio condiciona el equipaje, existe una regla no escrita que hemos de seguir nos guste o no cuando tenemos pensado viajar en motocicleta: ordena sobre la cama todo lo que tienes pensado llevar contigo y después deja en casa una tercera parte. Me consta que a muchos, ya de vuelta en casa, se nos ha quedado cara de asombro (por no decir otra cosa) al comprobar que ciertos artículos, sobre todo ropa, ni los hemos tocado.

Escatimar en ropa interior y camisetas, ciertamente, sería el chocolate del loro porque apenas ocupan espacio; donde no hay que emocionarse es haciendo acopio de pantalones, por ejemplo. Ni siquiera la duración del viaje habría de importar en este sentido: os aseguro que encontraréis un lugar donde lavar ropa, por ejemplo, un camping.

Particularmente, viajar en moto en solitario es más atractivo que en grupo. La aventura es mayor y las emociones se multiplican. Cuando lo haces por tu cuenta pones en funcionamiento un sexto sentido que raras veces se activa al acompañarte alguien. Ese sexto sentido es tu voz interior –recuerda: te acompañas a ti mismo- que te habla y te cuenta, y te dice mira eso, vigila, para ahí… Cuidas de ti mismo y vuelves hecho otra persona, queriéndote un poco más.

Tras varias rutas en motocicleta por Europa, cada uno empieza a confeccionar un manual. De los errores se aprende, dicen, y errando se accede al conocimiento. Si la carga que portas en los cuartos traseros de montura se mueve, hazte con otra cincha y fíjala mejor a algún resorte del vehículo; los soportes de las estriberas del pasajero es la mejor opción.

Las cinchas. Este elemento no puede faltar en un viaje sobre ruedas, más aún si hablamos de sólo dos. A menos que lo hagas con lo puesto, que no acostumbra a ser el caso, la carga debe ir siempre bien fijada para no correr el riesgo (la aventura está bien, pero este tipo de sobresaltos sobran) de perderla en el primer bache que atravieses.

Junto a las cinchas, para asegurarse aún más, las bridas de plástico (existen de diferente medida y son realmente económicas) es otro gadget a considerar. Son de usar y tirar: en cada desplazamiento amarras lo que necesites y, al desmontar la carga, la cortas y al contenedor amarillo.

Chubasquero. Raro será que cruces el Sáhara y te traigas una pulmonía, pero si viajas por Europa más extraño si cabe sería que no te mojases. Protegerse ante los cambios meteorológicos es fundamental en moto: o viajas con cordura (Goretex) o hazte con un buen chubasquero; incluso con Goretex no está demás llevar también lo segundo. Los mejores, los que más aíslan, son los de una pieza (mono), pero los más cómodos de poner y quitar son los divididos en dos partes. En ambos casos, asegúrate de que la prenda en cuestión sea de calidad (no son del todo caros, y si se cuidan pueden durarnos prácticamente toda la vida y tienen más usos aparte de viajar en moto), no te hagas con cualquier cosa. Que sea lo bastante ajustado para que el viento que nos azota yendo en moto no lo dañe y termines vestido de jirones.

Aceites. No puede faltar la grasa para la cadena, que habremos de engrasar periódicamente en función de si nos ha llovido o no y si se ha echado sal a la carretera para derretir la nieve y el hielo. Aceite motor también, por supuesto; tampoco es necesario cargar con el envase de un litro, sino más bien con una pequeña cantidad (unos 100 ml) en un frasco hermético para salir del paso hasta llegar a la gasolinera si la mecánica nos pide lubricante.

Peajes. De esto en la zona mediterránea de España sabemos bastante, por desgracia. Conviene saber también, no obstante, que en ciertos países europeos las autopistas no se pagan por tramos recorridos, sino que utilizan otro sistema de “medición”. Lo que se conoce como viñetas (semanal, mensual y anual). Llama la atención, por otra parte, que cuanto más de paso es el país (con Rusia, básicamente), más costosa resulta la viñeta; a excepción de Suiza, que aunque has de pagar con francos resulta de las más económicas.

  • Austria. Por diez días de uso debes pagar 8 euros, 23,40 euros por dos meses y 77,80 euros por un año.
  • Bulgaria. 5 euros a la semana, 13 al mes y 34 al año.
  • Eslovaquia. Como en Austria, la tarifa mínima es por diez días (10 euros), 14 al mes y 50 al año.
  • Eslovenia. A la semana has de pagar 15 euros, 30 al mes y 95 al año.
  • Hungría. 10,30 euros por diez días, (sólo) 16,60 euros al mes y (atención) 148,90 euros al año.
  • República Checa. Similar a Hungría en la tarifa semanal y mensual: diez días a cambio de 12,40 euros y una semana por 17,60 euros. 59,90 euros al año.
  • Rumanía. Sólo 3 euros a la semana, 13,30 euros por tres meses y 28 euros al año.

Los precios pueden variar porque en algunos países no paga lo mismo una motocicleta que un camión o un autocar, por ejemplo; estas tarifas se fijan a turismos. Turismo, curioso nombre que se le da a un coche. Si se me permite la analogía, la motocicleta habría de quedar catalogada, tras las experiencias de tantos y las mías propias, como aventurismo.

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Licenciado en Historia y Máster en Periodismo de viajes, escribe, traduce y le da al guión. Observa y escribe; vive y cuenta, manteniendo entre ceja y ceja el dedicarse a la escritura sin cuestionarse la modalidad. Viajar es lo que le mueve: hacerlo en moto a ser posible.

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