Viajar abre el apetito, y eso lo saben las madres del mundo entero ¿Ya me comes bien? Es lo primero que preguntan cuando estás de viaje; también si hace frío o calor y que cómo te lo pasas. Lo primero es siempre averiguar qué tal comes. Y claro, a ti como que te da rollo enseñar el recipiente de fideos instantáneos que cenaste la pasada noche como cada noche, o la fruta del almuerzo o la barrita de muesli que ya ni te acuerdas de ella del desayuno.

Pues bien, para que eso no suceda, aquí te dejamos cinco platos latinoamericanos para empacharse dignos de una selfie, para que tu madre vea que te cuidas bien. Más que bien, para que vea que has aprendido a alimentarte y que tienes calorías para aguatar un mes.

¿Te atreves? Estos son platos que ni Homer Simpson se habría atrevido nunca a imaginar.

1.- Comida en el fin del mundo. Chile, ración media de 800 calorías. Para probar el curanto al hoyo tendrás que ir casi hasta el fin del mundo, a la isla Grande de Chiloé. Esta isla que nace de entre leyendas y brumas se encuentra en Chile y forma parte de un archipiélago por el que antaño navegaron piratas y en el que se encuentran unas singulares iglesias que se asemejan a barcos de madera y que son Patrimonio de la Humanidad.

El curanto al hoyo más que un plato, parece una montaña. Es grande, y todo mezclado, mariscos de la isla, almejas, choritos, cholgas, carne de cerdo y de pollo y papas, que en la isla las hay de todos los colores y formas, hasta 286 variedades de papas nativas, que para poco más de 130.000 habitantes en todo el archipiélago son muchas papas.

Pero lo más sorprendente de éste plato es su preparación. Se cocina dentro de un hoyo escavado en la tierra, se colocan los alimentos en diferentes capas junto a piedras calientes, se cubre con las hojas del pangue y se deja cocinar entre una hora y dos.

2.- Bandeja paisa para el arriero. Colombia, ración media de 1.822 calorías. Éste es un plato perfecto para mochileros hambrientos, pero sobre todo, para carnívoros. Lo puedes probar en gran parte de Colombia, mejor en el departamento de Antioquia, en el Eje Cafetero o en el Valle del Cauca. El plato tiene tal cantidad y variedad de alimentos que se sirve en una bandeja para que pueda caber todo y se denomina bandeja paisa porque así es como se conoce a los habitantes de las zonas donde se come.

¿Y qué es todo? Vamos a ver… Primero carne, mucha carne, mechada y sudada, después chicharrón (grasa) de cerdo, arroz, también mucho, un huevo frito pero hay quien pide dos, tajadas de plátano, chorizo antioqueño con limón, un buen cucharón de frijoles, tomate, aguacate y arepa para acompañar. Y para beber, lo tradicional es bien dulce, mazamorra o panela.

Es tan calórico que dicen que era el plato que comían los arrieros, personas que antiguamente debían trabajar transportando mercancías de peso. Así que después de una de estas bandejas vas a poder cargar tu mochila sin problemas.

José Alejandro Adamuz

Desayunos latinoamericanos |Fotografía: José Alejandro Adamuz

3.- Desayuno de pura vida. Costa Rica, ración media de 200 calorías. El Gallo Pinto es uno de los mejores ejemplos de que la gastronomía refleja el sentir de un país. Este plato se come, con más o menos variaciones, en toda América Central; pero los ticos lo consideran el plato típico por excelencia de Costa Rica.

El Gallo Pinto, o de común, simplemente “Pinto”, se encuentra en diferentes lugares de Costa Rica, y en cada zona tiene su propia variedad específica. Lo más divertido es recorrer el país a través de éste plato que se come, principalmente, para el desayuno. Como para no empezar el día gritando eso tan tópico de “¡Pura vida!” En el Valle Central, el Gallo Pinto está más condimentado, mientras que en la zona de Guanacaste es más tostados, o, en la costa caribeña, es cocinado con leche de coco y chile habanero.

Sea como sea, y para comprender mejor de lo que estamos hablando (o comiendo), el Gallo Pinto está hecho a base de puro arroz y frijoles, huevo y plátano frito y puede llevar queso o quesillo e, incluso, para no sentirte mal, algunas verduras para equilibrar la dieta.

4.- Un plato revolucionario. México, 100 gramos tienen 571 calorías. Que la Revolución Mexicana es el hito político y social más importante del S. XX en México eso lo sabe todo el mundo. Lo que no es tan conocido es que los historiadores cuando hablan de uno de los lugares donde prendió la mecha de la Revolución, lo hacen con la boca hecha agua sólo de pensar en uno de los platillos del lugar. Sí, nos referimos a Puebla.

Los hermanos Serdán fueron protagonistas del primer acto revolucionario del alzamiento contra el dictador Porfirio Díaz. Hecho heroico que llena de orgullo a los pueblanos; pero no más que el orgullo con el que hablan del mole.

El mole poblano es el resultado de la mezcla entre los saberes culinarios de los indígenas y de las monjas de los conventos. Se trata de una salsa a base de cacao, chiles, almendras, ajonjolí, canela, perejil, cebolla y ajo para acompañar carnes, tradicionalmente, pavo… Aunque hay tantas formas de preparar el mole como cocineros. Eso sí, todas bien sabrosas, aunque no muy ligeras, además no pueden faltar unas ricas tortillas. ¡Dos cucharadas de esta salsa tienen más grasa que una “cheeseburger” de McDonald’s!

5.- Tres colores con mucho sabor. Venezuela, una ración media aporta 600 calorías. El pabellón criollo es el plato nacional por excelencia de Venezuela, y como tal está lleno de colores, sabores y alegría. Más que un plato es una metáfora porque, explican los gastronómos, representa a las tres culturas mayoritarias del país: la indígena, la africana y la europea.

¿Pero quién es quién en éste plato? Veamos… En el pabellón criollo tradicional encontramos arroz, carne desmechada, caraotas negras (una especie de frijol), huevo frito y tajadas de maduro. Pues bien, si te llevas a la boca un poco de carne (morena) te estás comiendo parte de la cultura indígena de Venezuela; si son caraotas (negro) entonces, comes la parte africana del país, y si lo acompañas con algo de arroz (blanco) engulles lo europeo que tiene Venezuela. Cada mordisco, un trozo de país.

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Sobre el autor

Licenciado en Filología y periodista vocacional que se divierte juntando letras para ver cómo reaccionan entre sí las palabras. Es redactor en el blog Ahora Toca Viajar y en otros medios.

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