La máscara del carnaval de Coyolillo es su sello de identidad, así como los chiles rellenos y las tortas de plátano que se cocinan desde hace 150 años. Durante diez días, a finales de febrero, el pueblo se vuelca en la celebración del carnaval más antiguo del estado de Veracruz, en México. Una fiesta familiar poco conocida, pero que año tras año crece y se refuerza como tradición carnavalesca.

En Coyolillo te reciben con un cartel donde se lee “Comunidad de historia y cultura raza afromestizaje”. Se trata de un asentamiento de no más de cuatro mil personas que se formó por esclavos africanos, hombres y mujeres principalmente de Guinea, Somalia, Mali, Costa de Marfil, y el Congo, que fueron trabajadores de las haciendas del siglo XVII; primero lo fueron como esclavos y luego como asalariados, pero siempre forzados a trabajar según la necesidad de los dueños bajo el sistema de caciques y pistoleros.

Aquellas condiciones laborales se sumaban a un rechazo social; sobre todo por los europeos que incluso les prohibieron vivir junto a los indígenas. No fue hasta principios del siglo XX que ocurrieron los primeros matrimonios entre descendientes de esclavos y forasteros, con los que comenzó a darse una mezcla que hoy en día se ve reflejada en una cultura singular; sus viviendas, por ejemplo, pasaron de chozas de ramada a casas de tabique con acabados africanos.

En Coyolillo hueles la historia y la raíz del origen de su población. No hay restaurantes, no hay hoteles, ni oficinas de turismo. Lo que hay es una comunidad que abre las puertas de sus casas para recibir e invitar a todo aquel que pasa de visita.

Carnaval en Coyolillo, tradición artesanal

Sin mascara, no hay carnaval en Coyolillo| Fotografías: Rodrigo Ramos

Mientras otros pueblos se preocupan porque su juventud emigra y esto da paso a la pérdida de tradiciones locales, en Coyolillo todos los años se ve fortalecido el trabajo artesanal de las máscaras del carnaval. Máscaras multicolores que representan las virtudes y los defectos de la humanidad. “En origen era para guiar a los jóvenes en referencia al mal y al bien y así bailaban los esclavos negros y llevan un cascabel para alejar los malos espíritus, todo esto es heredado de los esclavos negros, lo único que ya no se utiliza son los instrumentos como el marimbol, el fotuto y las maracas”, cuenta Luis Ignacio Santillán, uno de los organizadores del Carnaval de Coyolillo.

La elaboración de las máscaras es un trabajo en madera y pintura, que los artesanos del pueblo comienzan a realizar tres meses antes de la gran fiesta. Además de portarlas durante los días del carnaval, se ponen en venta para los visitantes. Máscaras de toro o del diablo, principalmente, que ocultan la identidad de quienes las portan; así las travesuras fluyen sin preocupación y sin remordimientos, donde se baila al ritmo de música norteña, del mariachi o la marimba.

El Carnaval de Coyolillo es alegría, es de máscaras; pero sobre todo, es una historia de libertad: aquellos esclavos solo descansaban del duro trabajo en los plantíos el martes del carnaval. Los días previos a la cuaresma, se disfrazaban, bailaban, gritaban, dejaban la esclavitud atrás por unas horas. Eran libres.   

 

Compártelo:

Sobre el autor

Fotoperiodista mexicano. Lic. Comunicación en la Universidad Iberoamericana de la Ciudad de México, egresado de la Escuela Activa de Fotografía y con un Máster en la Escuela de Fotografía BlankPaper en Madrid. Fue seleccionado en la IV Bienal de Fotoperiodismo del año 2000. Vive y trabaja en México

1 comentario

  1. Algo que me sorprende de las tradiciones del carnaval es que en muchos países, aunque estén a kilómetros de distancia y no tengan nada en común, les une esta gran tradición. Eso sí el colorido de estas máscaras gana a las que he visto aquí en Alemania

    Un saludo,

    Flavia

Leave A Reply