Aquellos exploradores (rusos) viajaron a Ensenada y constataron con sus propios ojos la pacífica belleza del valle de Guadalupe.” También dice, “en muy pocos lugares del mundo coinciden, así armoniosamente, la temperatura extrema, y la riqueza de los minerales que la vid necesita. El valle de Guadalupe es lo más parecido que existe en América al Mediterráneo”. Ricardo Raphael en su libro “El Otro México”.

No estaban equivocados. Baja California tiene forma de montañas, es cálida pero siempre fresca. La brisa es del Océano Pacífico, y el sol es intenso, pero no lo suficiente para calentar sus frías aguas. Es aquí, donde se dan condiciones ideales para la vid y es hoy, la principal región productora de vino mexicano. Una región concentrada por valles que se encuentran entre Tijuana, Tecate y Ensenada.

El más grande es el valle de Guadalupe que concentra a 60 casas vinícolas, generando en total más de 45 millones de litros de vino que se exporta a más de 30 países alrededor del mundo, casi el 90% del vino mexicano. ¿Qué pensarían aquellos exploradores de la transformación de aquella tierra que divisaron?

La casa más antigua es Bodegas Santo Tomás, con 126 años de producción vinícola aunque, “la familia Toscano, asegura que fue en la Casa Vieja donde hace 200 años se cultivó la primera uva del valle”; cuenta el mismo libro. Sin embargo, es Domecq y L.A. Cetto, los principales productores del mercado, con el 65% de ese 90%. Otras casas son Monte Xanic, Casa de Piedra, Chateua Camau, Barón Balch´e y Bibayoff, esta última, con un pequeño museo que permite hacer el viaje en el tiempo de la llegada y contribución de las familias rusas a la región.

Lo que podría ser chatarra es decoración. Viñedos Cuatro Cuatros, en el Valle de Guadalupe.

Lo que podría ser chatarra es decoración. Viñedos Cuatro Cuatros, en el Valle de Guadalupe.

La llegada del vino a México

Oficialmente, la historia del vino en este país nació con la llegada de los españoles, cuando el explorador Hernán Cortés ordenó a cada encomendero, el que seguía las órdenes del Rey, que todo aquel con más de cien indígenas a su servicio, debía plantar mil viñas españolas y cimarronas para satisfacer la creciente demanda de vino en la Nueva España. Así, los primeros cultivos en el país se dieron en los alrededores de la Ciudad de México, Querétaro, Guanajuato y San Luis Potosí.

Sin embargo, por más de 300 años, la producción del vino en México estuvo bloqueada, fue hasta 1700 cuando el misionero jesuita Juan de Ugarte hiciera traer una vid europea a la misión de Loreto, en Baja California, para producir el primer vino de las Californias. Solamente debieron pasar unas cuantas décadas para que la vitivinicultura floreciera en estas tierras. Ya para principios del siglo xx, se había extendido en la región.

La vista de la casa - hacienda de Adobe Guadalupe, Valle de Guadalupe.

La vista de la casa – hacienda de Adobe Guadalupe, Valle de Guadalupe.

La Ruta del Vino

Con un cultivo creciente y una demanda que se extendía, el valle de Guadalupe, el cultivo, la producción y la venta de vino han experimentado un crecimiento excepcional. Esta región, hoy en día se presenta al mundo como la Ruta del Vino, con una invitación a recorrer el valle de casa en casa y con esto, degustar sus distintas propuestas.

Un punto cultural que propone un acercamiento a la historia vitivinicultura del país y que bien podría ser el punto uno de esta ruta, es el Museo de la Vid y el Vino. Además de disfrutar de una bella vista de viñedos, es posible aprender más sobre el proceso del cultivo de la uva que, por supuesto, culmina con el júbilo de la cosecha. Así también conocer el calendario de festividades que conllevan vivir entre la vid.

Aquellos humildes viñedos y rancherías de antaño hoy se han transformado en puntos de atracción no sólo para quienes aman los buenos vinos y la gastronomía, sino para quienes desean disfrutar de caminatas por viñedos, paseos a caballo, caminatas, practicar golf e incluso realizar un vuelo en un globo aerostático

A lo largo de la Ruta del Vino, las casas vinícolas ofrecen gran variedad de estilos para disfrutar la experiencia del vino. Cuatro Cuatros, por ejemplo, es un desarrollo habitacional de 700 hectáreas de tierra, con vistas al mar, olivos, vides, además de canchas de tenis, albercas y un club hípico. Por si fuera poco, en este lugar se puede disfrutar de un vino blanco único, de uvas Sauvignon Blanc, procedente de una plantación ubicada frente al mar, en la Bahía de Salsipuedes.

Viñedos Las Nubes, que nacieron apenas hace seis años, cuenta con vinos de variedades que van de la Garnacha y Cariñena, hasta el Merlot, Tempranillo y Cabernet. Su terraza, en lo alto de una montaña, ofrece una vista espectacular de los viñedos. Viñedo Torres Alegre y Familia, por su parte, liderada por Víctor Torres, doctor en Enología de la Université Bordeaux de Francia, y único juez mexicano en participar en concursos internacionales como el Vinalies, el de Bruselas y el de Luviana, trabaja la uva “para dar a los vinos, un nivel cada vez más elevado, un vino boutique, entendiendo  al vino como un alimento”.

En el Valle de Guadalupe no hay vino sin gastronomía y ésta también se ha beneficiado de la producción de vino. En Finca Altozano, por ejemplo, el vino no se disfruta solo, se degusta en un gran comedor que protagoniza un  asador campestre, donde una buena copa de vino tinto se puede acompañar con un borrego a la leña. Un concepto de asador que abrió una puerta a un estilo cada vez más arraigando, sobre todo si pensamos en codorniz, pollo y cortes de carne. Pero son varios productores que también se han sumado al concepto de gastronomía campestre y mediterránea.

Una de las habitaciones y las vistas desde la montaña en Encuentro Guadalupe en el valle del mismo nombre.

Una de las habitaciones y las vistas desde la montaña en Encuentro Guadalupe en el valle del mismo nombre.

El bautizado antiresort, Encuentro Guadalupe, que también ofrece el estilo de gastronomía campestre, ha sido reconocido por su propuesta arquitectónica. Un hospedaje ecológico con una filosofía de respeto a los ingredientes de la región y a la tradición. Es posible pasar la noche en unas modernas cabañas adentradas al  entorno natural de los viñedos y cenar un rico corte de carne y verduras preparadas en su jugo, en un asador de leña.

También podemos mencionar a Adobe Guadalupe, donde el arquitecto iraní Nassir Haghighat, se inspiró en elementos del desierto iraní y aprovechando el entorno, creó una acogedora hacienda entre los viñedos de la familia. Vinos con mezclas eclécticas, bautizados con nombres de arcángeles que junto a la casa-hacienda en donde viven los propietarios, crean una propuesta basada en el compartir. Las seis únicas habitaciones comparten la cocina, la sala, el cuarto de estar y los viñedos junto con los propietarios.

Esta región es cálida. Su tiempo y el trato de su gente, te permiten acercarte a una de estas casas, tocar la puerta y degustar, como una muestra del otro México que se ubica en el norte y que vive sus días de forma mediterránea y en un entorno natural privilegiado. Los exploradores ya describían en sus cartas la maravillosa tierra que era aquella desconocida Baja California. Ya lo dice el mismo libro: “En esta región hay pretextos suficientes para volverse próspero pero el vino y su entorno es lo más grande de todos. El valle de Guadalupe debe visitarse durante el atardecer;  después de que el sol haya calcinado la tierra pero antes de que desaparezca. El vino y este astro, juntos, producen felicidad. Un ánimo entrañable y peculiar de felicidad”.

Compártelo:

Sobre el autor

Estudió comunicación en Tijuana y se especializó en periodismo de viajes en Barcelona, es editora y creadora de contenidos viajeros.

Leave A Reply