Las Islas Canarias son todas de origen volcánico, pero si hay una que lleva esta condición a su máxima expresión, ésa es Lanzarote. Cuando llegas a la isla de los volcanes, salvo en los núcleos turísticos, el viento parece querer reverberar en el paisaje palabras como silencio, calma, soledad o destierro.

En un recorrido por Lanzarote podemos hacernos una idea de cómo ha sido la vida de sus habitantes, cómo han aprovechado los medios existentes para construir sus casas, cultivar y hacer verdaderas obras de arte. En una tierra donde apenas llueve y buena parte de su territorio está cubierto por coladas de lava, campos de cenizas, tubos volcánicos o conos, ha hecho falta mucho trabajo e ingenio para dotarla de vida y suscitar el interés de los viajeros.

Un nombre propio se escucha constantemente en la isla: César Manrique. Este pintor, escultor, arquitecto y artista lanzaroteño (1919 – 1992) es conocido como el arquitecto de la naturaleza, porque supo compaginar su obra con la defensa de los valores medioambientales y paisajísticos de su isla y de Canarias. En Lanzarote se encuentra la mayor parte de su obra, que logra la armonía entre el arte y la naturaleza volcánica. Manrique es un referente internacional, que ha demostrado que es posible el turismo sostenible, así como la creación y construcción de espacios y monumentos mimetizados con el entorno.

En un viaje a Lanzarote es indispensable contemplar alguno de sus paisajes volcánicos más singulares y visitar sus Centros de Arte, Cultura y Turismo, la mayoría con la impronta de César Manrique. Éstas son algunas propuestas:

  • Parque Nacional de Timanfaya. Es el único Parque Nacional de España eminentemente geológico y está ligado a las erupciones volcánicas ocurridas entre 1730 y 1736, y en menor medida las de 1824. La visita incluye una ruta en guagua para contemplar el paisaje que resultó de las principales erupciones: mares de lavas, hornitos, conos, piroclastos y edificios volcánicos como el Macizo de Timanfaya, Montaña Rajada o la Caldera del Corazoncillo. También se puede realizar un paseo a lomos de un dromedario y asistir a los efectos del calor que todavía se mantiene en el subsuelo, a través de la quema de aulagas, los géiseres o la cocina de alimentos del restaurante El Diablo empleando el calor de la tierra.
  • La Geria. Las erupciones volcánicas del siglo XVIII arrasaron los campos de cereal del suroeste de Lanzarote, cubriéndolos de lavas y cenizas. Una vez finalizado este período, los habitantes volvieron a sus tierras y pronto corrió la voz de que las cenizas volcánicas (el lapilli, conocido en Canarias como picón o rofe) producían grandes y buenas cosechas debido a su capacidad para mantener la humedad. Esto supuso una reconversión agrícola y desde entonces este territorio se dedica sobre todo a la plantación de viñedos. Lo más singular es el estilo utilizado: hoyos donde la vid queda prácticamente enterrada en las cenizas, y muros circulares de piedra seca para protegerlas del viento.
  • Cueva de los Verdes. Es uno de los tramos visitables, junto a los Jameos del Agua, del tubo volcánico que originó la erupción del Volcán de la Corona hace unos 5.000 años. Un tubo volcánico se produce cuando la parte superficial de una colada de lava se enfría y solidifica al estar en contacto con el aire, mientras que el magma sigue fluyendo en el interior. Esta cueva fue utilizada por la población para protegerse de los ataques piráticos y recibe su nombre del apellido de la familia propietaria de estas tierras. La visita se realiza con un guía y se recorre un 1km, atravesando diferentes salas y galerías superpuestas. Se contemplan canales de lava, goterones de lava, depósitos salinos… siendo lo más impresionante los reflejos producidos por las luces, las filtraciones de agua y las propias formas de la cueva.
  • Jameos del Agua. Es la parte del tubo volcánico (que ocasionó el Volcán de la Corona) más cercana al mar, y una de las obras más célebres de César Manrique. Un jameo es una abertura que se produce por el derrumbamiento de una parte del techo del tubo volcánico. En el recorrido destaca el lago natural donde viven los singulares cangrejos ciegos y albinos; el Jameo Grande, que forma un exótico jardín con una piscina blanca; y el auditorio, construido en el interior de una gruta volcánica.
  • Mirador del Río. Es uno de los miradores más espectaculares de Lanzarote. César Manrique también está detrás de este espacio, que conjuga naturaleza y arte en lo alto del Risco de Famara. Está encajado en el acantilado y abierto al exterior mediante dos ventanales y dos terrazas al aire libre. Su nombre hace alusión a las vistas que ofrece, porque desde aquí tenemos una panorámica del estrecho del Río, que separa Lanzarote de la isla de La Graciosa. La visión se completa con las Salinas del Río y, si el tiempo acompaña, el resto de islotes que componen el Parque Natural del Archipiélago Chinijo.
  • Taro de Tahíche. La que fuera casa y taller de César Manrique, en la localidad de Tahíche, es desde 1992 la sede de su Fundación. Alberga un museo con obras de arte contemporáneo, que pertenecían a su colección privada, y piezas representativas del artista lanzaroteño. La visita al Taro es un viaje a la mente de Manrique, a conocer su forma de vida, la manera de entender el arte y la originalidad con la que plasmaba sus ideas. Además de los bocetos, obras o detalles decorativos, la propia construcción de la casa fue concebida por César Manrique, aprovechando una colada de lava. Destacan las salas ubicadas en burbujas volcánicas, el pequeño jameo con piscina y el gran mural de la entrada.
Compártelo:

Sobre el autor

Nació en Logroño pero vive en Tenerife desde los ocho años. Es graduada en Periodismo con un Máster en Periodismo de Viajes. A esta española curiosa e inquieta le gusta viajar con su cámara de fotos y libreta en mano, ya sea al otro lado del mundo o a la vuelta de la esquina.

Leave A Reply